Entrevista a Laura Rossi
Ariel Gustavo Pennisi
Pasaron policiales previos, policiales negros como "Suturas" que fue finalista del Premio Clarín Novela en 2011 o "Bladías", también finalista del certamen en el 2012. Pasó "Llegaría el silencio" publicada por Río Ancho en mayo de 2014 y el trabajo editorial del 2017 de la Biblioteca Vigil con "Los bordes del cielo". Llegó una cuarta novela finalista del mencionado certamen "Sombras chinas" (2018). Vendrán en un futuro seguramente no muy lejano cinco novelas más de las cuales cuatro responden al género policial y una distopía, pero su reciente título "No me verás volver" es no solo el primer libro de relatos de Laura, sino su debut bajo el sello editorial Brumana, proyecto autogestivo que sostiene junto a Carolina Musa.
Laura Rossi se piensa como escritora en el contexto actual y pregunta: "¿Es posible seguir escribiendo como antes? ¿Cómo se escribe una distopía, por ejemplo, mientras se está viviendo una?" a su vez, afirma que "No me verás volver" nace como producto de una suerte de armar un mapa narrativo de los casos de femicidios en la provincia de Santa Fe que devino en ficción: "trabajar de manera más directa y más sistemática con lo real y ver cómo la ficción podía iluminar o dar cuenta de cosas que no estábamos viendo o que no éramos capaces de percibir desde un discurso que debe, necesariamente, anclar en lo que sucedió".
Laura en primera persona
– ¿Cuándo surge tu encuentro con la literatura?
– Surge en la infancia, como casi todo lo que nos marca a fuego. Desde que aprendí a leer, nunca lo dejé: siempre hubo algo en los libros que me interpelaba. Además, tuve el privilegio de nacer y de crecer en una casa en la que siempre hubo muchos libros y el de haber tenido un padre que era un lector voraz. Leer es algo que hago, que disfruto, que necesito hacer. Empecé a escribir más o menos en la misma época en la que aprendí a leer. Lo recuerdo porque escribía relatos que eran una suerte de plagio de los textos que leía en los manuales que usábamos en la escuela primaria. A los once, doce años, descubrí un libro de poesía que el autor le había dedicado a mi abuelo materno. Y tiene que haber habido algo ahí que me llevó a escribir poesía -o a intentarlo, al menos-. Tuve también la suerte de ir a una escuela secundaria en la que se organizaban concursos de poesía y de narrativa y creo que haber ganado algunos, en ese momento, me animó a seguir escribiendo. Cuando empecé la facultad, mi vínculo con la escritura se volvió más sinuoso y me costó muchos años desandar ese camino, recuperar, de algún modo, ese deseo inicial.
– ¿Encontrás autores que hayan dejado esa marca a fuego?
– Me parece que es muy difícil determinar qué libros o qué autores o autoras forman parte de ese mapa simbólico o de esa red de ancestros que influyen en lo que una escribe, sobre todo porque las resonancias que, con el tiempo, fui encontrando en mis textos no provenían de los autores que más leía o que más me gustaban. Es decir, hay algo que genera la lectura que va más allá de los procesos conscientes y que, al menos en mi caso, puedo recuperar mucho más tarde, cuando me vuelvo lectora de mi propio texto. En este sentido, tendría que nombrar libros como 1984, de Orwell, o Fahrenheit 451, de Bradbury, o las novelas de Ágatha Christie que leía en la adolescencia y extender la zona de "influencias" también a otros lenguajes, como el audiovisual, por ejemplo. También ubicaría en esa zona extendida a muchas autoras contemporáneas, sobre todo latinoamericanas, que estoy leyendo y releyendo y trabajando en los talleres.
– Y ese encuentro con la novela como género narrativo…
– Creo que el género es algo que elige "eso" que empezás a escribir. Esa es mi experiencia, al menos. Cuando tuve la idea de lo que fue mi primera novela -y que no era una idea, en realidad, era más bien un disparador-, no sabía si esa historia, ese mundo que empezaba a construirse en mi cabeza, iba a resolverse en un cuento o iba a necesitar más espacio, más tiempo. Yo estaba escribiendo poesía, además. Nunca antes había ni siquiera intentado escribir una novela. Pero esa idea, que empezó como una pregunta, requería otra forma y resultó ser una forma en la que me sentí cómoda. Admiro a la gente que escribe cuentos: son capaces de armar todo un mundo sabiendo que van a abandonarlo en diez páginas. Y vuelven a empezar con el siguiente. La novela, en este sentido, se convierte un espacio más estable: una vez que la idea se vuelve concreta, que tenés la o las historias que se van a desplegar en ella, sabés que, por un tiempo bastante largo, ese mundo está ahí, es una suerte de refugio al que podés volver.
– En "No me verás volver" hay un debut en lo que respecta a libro de relatos…
– Sí, el proyecto inicial tenía que ver con armar una suerte de mapa narrativo sobre el femicidio en la provincia de Santa Fe y, para ello, era necesario contar diferentes historias. En esa primera idea, además del tema sobre el que me parecía que tenía que seguir escribiendo, se cruzaron otras cuestiones: una, vinculada justamente a probar otro género y la otra, a trabajar de manera más directa y más sistemática con "lo real" y ver cómo la ficción podía "iluminar" o dar cuenta de cosas que no estábamos viendo o que no éramos capaces de percibir desde un discurso que debe, necesariamente, anclar en lo que sucedió. Ese proyecto ganó una Beca a la Creación del Fondo Nacional de las Artes. Y estuvo bueno que así fuera porque me "obligó" a mantener la idea inicial, en tanto tenía que respetar lo que había propuesto en primera instancia. Es posible que, de no haber ganado la beca, hubiera abandonado ese proyecto porque fue muy difícil sostenerlo a nivel personal. Hubiera claudicado en la investigación de la primera historia quizás. Elegí cinco casos, leí todo lo que se había escrito sobre ellos y, a partir de eso, empecé a pensar desde dónde y cómo la ficción podía dar cuenta de otra cosa, que es un poco lo se repite una y otra vez en las historias. Ese fue el trabajo más arduo: recordar siempre que yo estaba escribiendo ficción, no una crónica, por ejemplo; generar ese espacio de lo posible, aun conociendo todos los detalles de lo que había ocurrido en la realidad.
– Se te conoce como narradora por escribir policiales negros. Utilizás mucho el recurso de hacerlo desde los ojos del asesino, esto de ser en la ficción lo que se aborrece en la comedia de la vida ¿Es un ejercicio dinámico?
– La primera vez que asumí esa perspectiva fue en Baldías. Fui probando otros puntos de vista, pero, en el proceso, no me cerraba. En algún momento, apareció la perspectiva de uno de los asesinos y sentí que era por ahí, que lo que yo necesitaba pensar era cómo esos personajes seguían siendo operativos y funcionales en la sociedad en la que vivían, a pesar de lo que habían hecho. En los relatos de No me verás volver, si bien hay en algunos de ellos otras perspectivas, las más fuertes son las del femicida. Son los puntos de vista que, en definitiva, no logro entender; son el punto ciego, lo que duele. Y hasta el momento, no encontré otro modo de abordarlo ni creo que sea posible evadirlo. A nivel personal, es muy difícil de sostener porque apenas tomás un poco de distancia, es muy angustiante. Es difícil escribirlo y, después, revisitar. esas zonas una y otra vez con las reescrituras, con las correcciones. Pero, como decía, no se me ocurre otra manera de hacerlo.
– Además de escribir, coordinas clínicas y talleres literarios ¿Qué es un escritor/a para Laura Rossi.? ¿Cuál es la función social de la ficción narrativa, tanto en publicar como en compartir un taller literario?
– Una escritora o un escritor es alguien que escribe, es alguien que recupera historias o que tiene la habilidad de mostrarnos algo del mundo que no hubiéramos percibido de otro modo. Asignarle cualquier otra "función" a esa tarea, me parece, va en contra de la literatura misma. Y aunque escribir es, en primera instancia, una actividad solitaria, creo que se resignifica cuando los textos empiezan a circular, porque se publican o porque uno empieza a compartir espacios con otros que escriben o que quieren escribir. Me parece que tanto el hecho de publicar como el de dar o asistir a talleres también tiene que ser pensado de otra manera. En eso estoy.
– ¿Hay futuras publicaciones en el horizonte?
– Tengo cinco novelas sin publicar: cuatro podrían encuadrarse en el género negro (una de ellas, de hecho, está vinculada a Los bordes del cielo y la escribí gracias a otra beca del FNA; otras dos fueron, en distintos años, finalistas del Premio Clarín), la quinta es una distopía. Desde que empezó la pandemia, estoy trabajando en ellas porque se me hizo muy difícil empezar a escribir texto "nuevo", quizás porque tengo la sensación de que el mundo que conocimos se ha terminado y estamos en esta transición hacia lo que vendrá. Es una transición dolorosa, en la que mucha gente perdió y está perdiendo familia, amigos, sus trabajos; en la que la manera en la que estábamos viviendo ha revelado, con total contundencia, que no es sostenible. Entonces, no dejo de preguntarme qué vamos a escribir ahora, cómo. ¿Es posible seguir escribiendo como antes? ¿Cómo se escribe una distopía, por ejemplo, mientras se está viviendo una? Mi escritura también está en esa transición. No sé hoy hacia dónde me llevará. Mi refugio, desde el año pasado, es la editorial que fundamos con Carolina Musa, Brumana. Ese es el proyecto literario que, en este tiempo, ha ocupado el espacio que antes dedicaba sólo escribir. Es un mundo nuevo para mí, estoy aprendiendo a hacer cosas que jamás hubiera pensado que podía hacer y que me parecen fundamentales en esto de empezar a hacer, concretamente, las cosas de otra manera.
Bio
Laura Rossi nació en San Miguel, Buenos Aires, en 1980. Es rosarina por adopción desde el año 2009. Da clínicas de narrativa y coordina un taller de escritura en la Biblioteca Popular Alfonsina Storni, en la ciudad de Rosario. Fue cuatro veces finalista del premio Clarín Novela. Junto a Carolina Musa autogestionan el sello editorial Brumana.
Suturas (2011), Baldías (2012), Llegaría el silencio (2014), Los bordes del cielo (2017) y Sombras chinas (2018), son sus reconocidas novelas antes de "No me verás volver" su primer libro de relatos.




















