Día Nacional del Piloto
En un mano a mano con Mirador Entre Ríos, Rafael Furlán rememoró su paso por la Fórmula 6, categoría del automovilismo provincial que fue furor a mediados de la década del 70.
José Prinsich
redaccion-er@miradorprovincial.com
De los 365 días que tiene el año, hay una fecha que tiene sobradas razones para ser considerada la más argenta de todas. La coincidencia de una serie de sucesos que tuvieron lugar el 24 de junio y que marcaron a fuego la historia del país demuestran que esta jornada no puede pasar inadvertida tan fácilmente. El nacimiento del automovilista Juan Manuel Fangio, de los futbolistas Juan Román Riquelme y Lionel Messi, del escritor Ernesto Sábato; el gol de Caniggia a Brasil en el Mundial Italia 90 y los fallecimientos de los cantantes Carlos Gardel y Rodrigo Bueno confirman, una vez más, esta teoría.
Para los amantes de los fierros, no es una fecha más. Desde el 2007, con motivo de conmemorar la llegada al mundo del Chueco, quíntuple campeón mundial de Fórmula 1, se celebra el Día Nacional del Piloto. La iniciativa estuvo en manos de las autoridades de la Comisión Deportiva Automovilística y sus pares de la Asociación Corredores Turismo Carretera (ACTC), quienes quisieron homenajear al hombre de Balcarce.
Pasión de multitudes
Si hubo en Entre Ríos una categoría que despertó pasiones fue la popular Fórmula 6, que fue furor en la década del ‘70 y cuyo auge se extendió hasta finales de los ‘80. La historia de esta divisional del automovilismo provincial se remonta a la década del ‘50 con los Ford T, la cual luego pasó a denominarse Fórmula Fuerza Limitada.
Rosario del Tala fue la ciudad elegida para el debut de la F6, que tuvo lugar el 1 de mayo de 1973. Jorge “Gringo” Ballay tuvo la dicha de ser el primero en cruzar la bandera a cuadros. La categoría creció a pasos agigantados y se ganó el cariño de los espectadores, de los pilotos y los equipos. Miles de personas llegaban a los circuitos de tierra para presenciar un espectáculo único.
Cada ciudad tenía sus peñas y sus referentes del volante, quienes con mucha personalidad dejaban todo en la pista. De la “34” del Chancho Mariano de Diamante a la “18” del Ruso Enrique de Ramírez y de la “16” de Tonutti de Crespo a la “9” de Titi Ramírez de Victoria o la “40” del Turco Cardú (Rosario del Tala) con sus seis ruedas. Tantas historias, nombres y estadísticas debajo de cada casco. La última carrera de la Fórmula 6 se desarrolló en 1989 (Viale). Al año siguiente, la categoría se fusiona con la Fórmula 5 y así nace la actual Fórmula Entrerriana.
Un semillero de pilotos
Desde hace varias décadas, General Ramírez se ha transformado en una cantera de grandes pilotos. La presencia de los conductores de la Capital Provincial de la Juventud dentro de los diversos campeonatos de la Fórmula 6 siempre llamaron la atención, cosechando elogios y ovaciones cada vez que giraban. Las destacadas actuaciones de Fermín Albornoz, Antonio “Tony” Derfler, Jorge “Ruso” Enrique pasando por Paco Gorosito, Carlos Lust y Rafael Furlán, entre otros, despertaron la alegría de los ramirenses, una costumbre que se mantiene hasta la actualidad. A casi 40 años de su retiro dentro de los autódromos, el Dr. Furlán (77), que llevaba la 34 en su monoposto, dialogó con Mirador Entre Ríos y rememoró aquella época dorada del automovilismo ramirense.
-¿Qué recuerdos tiene de esos años?
-Todos estos años quedan en el alma. La primera carrera fue con un auto que era de Fórmula Nacional. Eran como los autos que corría Fangio. Era un auto pesado. Me acuerdo que Julio Gorosito se tomó el trabajo de sacarle peso por todos lados porque encima tenían unos frenos de una dimensión tremenda. En ese momento tenía 35 años. No me arrepiento de haber participado de esos eventos deportivos. A veces pensás cuánta plata pudiste haber gastado, pero pensás también en la gente que conociste y en los buenos momentos que pasas. Acá se juntaba entre tres y cuatro mil personas.
-¿Cómo te llevabas con tus colegas?
-En esos momentos era una fiesta, no era una competencia. Había competencia, pero en el circuito a la hora de correr. Nos sacábamos las hilachas, pero nos bajábamos del auto y comíamos chorizos de la parrilla de al lado, o guiso del otro. Veníamos llenos de tierra, pero habíamos descansado la mente de lo que teníamos en la semana. Me siento bien de haber hecho todo eso. Nunca me llevé mal con nadie ni con los compañeros y mucho menos con las peñas. Si podíamos darle una mano a alguien se la dábamos. Era una relación humana muy diferente a la de hoy.
-¿Ejercía la medicina para ese entonces?
-Era médico cuando corría. Me acuerdo que hacía mucho ginecología y partos. Eran 15 partos por mes, tranquilamente. Las parturientas marchaban también a las carreras. Siempre me gustó el automovilismo, pero nunca tuve un auto hasta que me recibí y pude comprar un 403. Con ese primer auto me iba hasta Don Cristóbal a atender pacientes.
-¿Tuvo que atender a alguien mientras corría?
-Sí, fue en el circuito de Etchevehere (Ramírez). Andaba muy bien ese domingo. Estábamos probando y de pronto regaron el predio. En eso nos habilitaron para dar unas vueltas. Como estaba tan bueno el circuito, probé el tiempo que hacía. Por querer entrar más rápido a la recta principal me fui de costado y agarré unos fardos, donde había gente. Cuando me llevé puesto los fardos ya venía frenando. Gracias a Dios no me pasó nada, pero una pobre señora quedó tirada en el suelo porque se cayó de la reposera. Me dijo la señora: “Doctor, yo lo venía a ver a usted y me lleva por delante”. Era para llorar y reírse al mismo tiempo. La llevamos al sanatorio, la revisamos y pegamos la vuelta para seguir la carrera.
-¿Cómo fue el retiro de las pistas?
-Me retiré en el 83 y hacía cinco años que venía corriendo. Me acuerdo que nacía mi primera hija y dije: “Hasta acá corremos”. Nos quedaban dos carreras. Terminó el campeonato, vendí todo. A partir de ahí, me desprendí por completo del automovilismo.
-¿El mejor circuito?
-El que mejor me vino, y que no gané porque agarré un montículo de cemento, fue Paraná. Ahí hicimos el mejor tiempo y creo que nunca se lo superó. Ese día gané la primera serie e hice el mejor tiempo. Generalmente me adaptaba a todos los circuitos. Teníamos circuitos muy buenos y a la vez muy malos. Había circuitos que corríamos porque teníamos ganas de correr, no porque se pudiera. El de Concepción del Uruguay estaba bien, el de acá también estaba bien preparado.




















