AVENTURA
Un grupo de corredores de La Paz, Bovril y Crespo unieron las costas de Santa Elena y paceña. Aprovecharon la bajante del río Paraná para reeditar un trayecto de antaño que nunca se hizo en grupo. El trayecto plagado de obstáculos y la temperatura rondando valores gélidos no fueron impedimento para disfrutar de una experiencia inédita.
LUIS GOMEZ
“El frío es psicológico”, “un estado de ánimo”, que “no se siente cuando nos movemos”. Son afirmaciones que suelen ensayar quienes realizan actividad física con bajas temperaturas ambientales y un grupo de corredores dio prueba de ello.
Soportando valores cercanos al punto de congelamiento, unieron Santa Elena y La Paz a lo largo de 22 kilómetros, con incontables obstáculos. Fue posible por la histórica bajante que experimenta el Pariente del Mar y por el espíritu aventurero de los protagonistas, unos 40 practicantes del trail running (correr por senderos) de La Paz, Bovril y Crespo.
El desafío ocurrió el domingo último y significó un hecho histórico, ya que no se registran antecedentes de que ese trayecto se haya recorrido grupalmente.
Idea y realización
El impulsor de la actividad fue Lucio Galván, entrenador del grupo Eco Running, de La Paz, quien la repasó con MIRADOR ENTRE RÍOS.
“A la idea la teníamos desde el año pasado, cuando se produjo esa otra gran bajante del Paraná. Aquella vez llovió justo antes de realizarla, aunque Erico Martin (instructor de canotaje) sí la corrió, con un acompañante y un apoyo en piragua”, rememoró.
Con esa referencia y un relevamiento previo, que abrió muchos pasos, se definió que el inicio y final serían los parajes La Cruz de los Milagros (aguas arriba de Santa Elena), y el Desafío (al Sur del balneario paceño La Curtiembre).
El pronóstico auguraba frío, pero el grupo decidió seguir el plan para no depender de un eventual repunte. Se contrató un micro para traslado al punto de inicio y se dispuso dos lanchas de apoyo, un puesto de abastecimiento con infusión caliente, y bebida más comida caliente en la llegada.
Al partir, el conjunto se subdividió en cinco, según el ritmo de marcha. El más rápido empleó tres horas y el más lento, que realizó un trekking, cinco.
Es posible
Feliz por la resultante, Galván refirió cómo surgió el desafío: “Después de un año de pandemia, que motivó a suspender muchas carreras, tratamos de mantener la motivación de los corredores. Es muy difícil lograrlo, así que desde hace casi un mes apelo a ejercicios distintos”.
“Respetando los protocolos, tratamos de que las actividades sean interesantes y pensamos en desafíos de este tipo. Con el empuje de colegas y amigos, estamos encontrándole la vuelta a las actividades en marco de pandemia”, continuó el profesor de Educación Física, aludiendo a sus colegas Erico Martin y Diego Molina.
Conectando su pasado y su futuro, Lucio Galván reflexionó sobre la experiencia: “Fue única, ya que la bajante es histórica –similar a la de 1944– y el recorrido también. Mis abuelos me contaron que muchos lo hicieron antiguamente, alternando con subidas a la barranca. Sentamos un precedente para recorrerla en grupo y es una anécdota que contaremos a nuestros hijos y nietos”.
Al alentar a la práctica deportiva, expresó: “Como recalca Diego (Molina), ‘el deporte te cambia’ y especialmente el running de aventura. Te hace vivir experiencias únicas y en pleno contacto con la naturaleza. Esta sociedad tan dinámica nos lleva a olvidarnos de cosas simples, como embarrarse, pasar por un charco de agua, en definitiva, de jugar. Así que hay que sumarse, corriendo o caminando, porque vale para mejorar la calidad de vida”.
Mirá quién corre
Uno de los participantes del desafío que unió Santa Elena y La Paz fue Fernando Báez, ex presidente de la Asociación Entrerriana de Triatlón (AET) y referente de la organización del Triatlón Internacional paceño.
Con cuatro años de práctica de trail running, disfrutó cada momento de la marcha y aportó un plus retratándola con fotos y filmaciones.
“Es maravilloso, glorioso y fantástico poder contar esta experiencia. Hace poco corrí la emblemática Patagonia Run, en San Martín de los Andes, pero sufrí mucho más acá, por el frío y las dificultades, ya que no hubo senderos en casi ningún tramo”, expresó el dirigente devenido en runner, quien aseguró que al llegar sintió un “regocijo del alma”.
Imperdible
Destacando que el desafío “era una posibilidad única”, Báez dio cuenta de las dificultades.
“Los tres principales obstáculos fueron: las piedras, que imposibilitaron seguir senderos; el camino de cornisa, que semejaba imágenes andinas o alpinas; y un centenar de sauces, que caían como palos chinos”, expuso.
A eso hay que sumarle los escasos sectores de playa despejada, barrosos porque la bajante es reciente, y el cruce de un arroyo ¡a 2º C de sensación térmica!
“Íbamos maravillados por la imponencia y por tener estos lugares al alcance de la mano. Así fue que nos olvidamos de la baja temperatura”, reconoció.
“Esto se hace con muchísimo placer, es una sana locura. Vivimos al lado del río y recibimos este regalo, aún con esta bajante. Asistimos a otro Paraná, que no pierde su maravilla natural y que lo hace uno de los más grandes del mundo. Fue una experiencia del río, sin el río”, agregó, conmovido.
“Fascinado y agradecido” por experimentar estas vivencias desde otro rol, el ex dirigente deportivo continuó: “Este desafío fue un mimo al alma. Por el esfuerzo y la organización, fue como una competencia de real exigencia. Nos hace falta esto, respirar la frescura y disfrutarla. Es aire puro para el cuerpo, pero más que nada para el alma”.
También destacó las bondades naturales de la zona: “El departamento La Paz tiene un enorme potencial para estas realizaciones, en un ambiente natural y con deportistas que valoran su cuidado y preservación. La costa entrerriana aún se mantiene virgen y unir ciudades es una idea excelente, ya que reina una geografía excelente, que no tienen nada que envidiar a otros destinos”, cerró, invitando a los entrerrianos a “conocer y hacer conocer nuestro terruño”.




















