Historietas, ‘Fantástica violeta’, de Maten al mensajero y LatFem
La edición reúne 11 historias seleccionadas tras una convocatoria en la que participaron más de 40 trabajos. Bajo la premisa de estar atravesadas por la mirada feminista, las historias profundizan en torno a la identidad, los cuerpos, la libertad y la sexualidad plena.
Cristian Oliva
A esta altura a nadie debería llamarle la atención la publicación de un trabajo como el compilado en “Fantástica violeta”. La mirada feminista hoy está visibilizada e instalada desde hace tiempo en los medios de comunicación. Llegó de golpe, de manera brusca y sin pedir permiso como lo hacen las verdaderas revoluciones. Tanto así que a muchos esa intromisión, en apariencia reciente, les resultará extraña y difícil de masticar. A todos ellos ¡pues bienvenidos al siglo 21!
El feminismo sobre todo en nuestro país creció de manera exponencial en las últimas décadas para abrazar y salpicar muchas de las expresiones artísticas en las que su mirada se veía cuanto menos relegada.
Por ello la antología de historietas editadas de manera conjunta por la editorial Maten al mensajero y el medio de comunicación feminista LatFem no debería sorprendernos. No llega por casualidad, es fruto de un largo recorrido que encontró su cauce en un tiempo y momento justos. Llega tras el trabajo e incidencia de otras mujeres, resultado de un camino que la propia antología se encarga de repasar. Lo hace a través de “Revuelta en el patio de juegos”, un texto en el que Mariela Acevedo (investigadora editora de “Clítoris” e integrante de feminismo gráfico) y Daniela Ruggeri (autora y editora de historietas, organizadora del encuentro de historietistas “Dibujadxs” y también integrante de feminismo gráfico) retratan de manera paulatina la evolución conceptual e histórica de la historieta y el humor gráfico feminista en el mundo y específicamente en nuestro país.
“En el patio de la historieta desde hace un tiempo que se viene desarrollando una revuelta, un movimiento de placas que sacude e invita a moverse, a pegar ciertos saltos, a jugar a otras cosas. Y es que esta no es la primera antología feminista de historietas. Por suerte. Eso significa que ya tenemos una historia que es interesante recuperar y que hay cruces, continuidades, diálogos.
Nos propusimos pensar la historieta y su cruce con el feminismo como un juego, como un lenguaje que cuestiona los binarismos, una apuesta transfronteriza entre lo visual/narrativo, donde esos aparentes dos órdenes -el dibujo y la palabra- se construyen de múltiples maneras y definen este “artefacto” historieta, como un híbrido, un producto marginal, siempre precario e inestable (las analogías no son inocentes).
Esta característica convierte a este lenguaje/superficie en un patio de juegos de enorme riqueza para enunciar, denunciar, contar… dar sentido al mundo desde nuestra voz y mirada”, refieren en parte del escrito”.
El texto enaltece un pasado que indudablemente también decanta en el trabajo que hoy tenemos en nuestras manos.
La antología
“Fantástica violeta” nace tras una convocatoria impulsada por el sitio web LatFem en el verano del año 2020. A lo largo de casi tres meses se presentaron 44 trabajos con la historieta y el humor gráfico como estandartes atravesados por una clara mirada feminista.
La premisa era sencilla: cada trabajo debería estar relacionado con tópicos como la identidad, el cuerpo y la sexualidad. En la introducción sus editores delimitan y justifican la temática de la siguiente manera: “Una cosa sí era segura, lo que sea que hiciéramos tenía que tener una mirada feminista […] Antes de ser remera, logo y onomatopeya, el feminismo fue deseo de libertad y emoción por buscarla con nuestras pares y aliades. En la Argentina, la masificación del movimiento logró que con él salieran a la luz dibujantes, ilustradorxs, artistas del Lado A de nuestras vidas, el que cuenta no sólo cómo sobrevivir al machirulismo sino también cómo nos divertimos y somos tan geniales. Entonces la convocatoria al final fue una excusa para seguir contando a qué le llamamos bailar en nuestra revolución”.
Un jurado compuesto por Elizabeth Lerner (escritora y co-editora de Maten al Mensajero) y las ilustradoras Kiti Lopez (de LatFem) y Jazmín Varela fue el encargado de seleccionar diez de los trabajos que finalmente formaron parte de “Fantástica Violeta”.
Los mismos se destacan no solo por la diversidad de temáticas y técnicas de dibujo abordadas sino por evidenciar que las preocupaciones retratadas afectan en mayor o menor medida a una vasta cantidad de jóvenes y adultos. Un espacio en el que predomina la unión evidenciando como el trabajo conjunto no hace sino clarificar el mensaje. “Fantástica violeta” se planta denunciando o poniendo sobre discusión temas como la discriminación, la gordofobia, la libertad de los cuerpos y las identidades.
“Cuando leemos historieta con los lentes del feminismo nos encontramos hilos para tirar y desarmar tejidos. Ver las costuras. Estos lentes nos despiertan preguntas que exploran distintas formas de encuadrar y ver a través de su lente cualquier producción cultural.
Diríamos que el feminismo -como la belleza- no está en las cosas sino en la mirada que encuentra esos detalles que nos ayudan a pensar. Nos invita a ver, analizar, criticar, experimentar y también a disfrutar desde un lugar distinto. Y la maravilla es que este ejercicio, el de observar el mundo, producir, leer -cualquier- historieta desde una perspectiva feminista, puede ser un acto tan diverso que podríamos decir que no hay recetas, pero sí hay estilos: sutiles, intensos, dramáticos, divertidos, oscuros, molestos”, apuntan Ruggeri y Acevedo en el texto introductorio “Revuelta en el patio de juegos”.
En el trabajo abunda la pluralidad de voces en consonancia con una verdad que sobrevuela la compilación: estas voces son integrantes de un movimiento que sin dudas irá mutando.
La antología, de 104 páginas y editada en un clásico formato de 24 x 17, comienza con “Gorda”, historia de la poeta rosarina Alejandra Benz con ilustraciones a cargo de Malena Guerrero. Allí las intenciones de cambiar de prestador de salud desembocarán en un crudo análisis en torno a los cuerpos, las exigencias y opresiones de la sociedad y la medicina como negocio. En un pasaje su protagonista sostiene “ese oscurantismo corporal se terminó. Este es mi cuerpo y existe. No estoy gorda, soy gorda. Y me van a escuchar. En esa lucha, también la vergüenza tiene que cambiar de lado”.
“Identidad Baiamora” de Julián Gabriel, mediante una estética muy cercana a la épica fantástica, nos relata un viaje que no es otro más que el del descubrimiento de la identidad. A veces para ser un verdadero héroe solo basta con vencer a los propios demonios.
Paula Sosa Holt en “Tatuaje” subraya el control de las mujeres sobre su propio cuerpo. Hay un marcado paralelismo, las mujeres hablan a través de sus cuerpos y viceversa. Diversidad de cuerpos y decisiones, huellas en la piel y en el alma.
“La nona” con guiones e ilustración de Angie Cornejo es de todas las historias plasmadas, la más minuciosa respecto a su protagonista. En una antología, en la que seguramente abundan los restos de historia de sus propios autores, esta es la más íntima y cercana en su concepción. Irónicamente también es la más universal. Un relato simple que deja en evidencia como en la persona dueña del “regazo más acogedor y el olor más rico”, también puede habitar la oscuridad. El ser humano partido en dos. Una completa belleza.
Pinesca (María Eugenia Esquivel) en “Felicidades, señorita” se permite, con el humor como herramienta, transitar la llegada de la primera menstruación. Confusiones, cuerpos que parecen ajenos e indudablemente “esas cosas que elegimos no manchar”. Su autora se pregunta: ¿Por qué me felicitan? ¿antes que era?
“Afuera es carnaval” de Lucia Vera en dibujos y Paula Ferraro en guiones, presenta al carnaval de Río como móvil y excusa para la liberación del deseo y la pérdida de los miedos (que a veces usan máscara y están muchos más cerca de lo que pensamos). Los trazos claros acentúan aún más el fuerte rasgo erótico y sexual del texto.
Rouse tomando como referencia el texto “Colonialidad y género” de María Lugones (filósofa, feminista, investigadora, profesora y activista argentina fallecida en 2020) presenta la historieta “Soñar el género”. A través de tonos cálidos (abundan los colores pasteles) y figuras geométricas reafirma lo teorizado por Lugones. Explora la inexistencia de las nociones de hombre y mujer antes de la imposición colonial y como el rol se decidía a través de los sueños en la sociedad Yuma.
“Las tetas de mamá vaca”, de Titihoon visibiliza el bullying en plena adolescencia. Una etapa atravesada por la vergüenza y la errónea necesidad de esconder el cuerpo.
En “La entrega final” de Juana de Marco, un trabajo por encargo será la excusa para hablar de los cambios anímicos y las presiones y demandas hacia los cuerpos femenizados. Un trabajo filosófico donde la artista muestra la frustración naciente en pos de cumplir con las expectativas del mercado y la sociedad. Ser del montón también es ser descartable.
Estrella Mergá en “Odisea en el orgasmo” reflexiona acerca de la autosatisfacción describiendo, sin palabras, todo aquello que se esconde detrás del orgasmo y los lugares adonde puede llevarnos. Lo hace con el uso de acuarelas, un recurso que le sienta a la perfección.
“Vale anotar al margen que en este año de la pandemia muchas historias cuentan cómo los cuerpos son potencias que no conocen la idea de ‘normalidad’. Son resistentes, entregados al goce, partidos al medio, fugados de binarismos, temerosos, gordos, deseables, ni uno igual a otro. Orgullosos. Y esa prepotencia del deseo que podemos leer y ver se perfumó antes de salir con política y feminismo”, parte del prólogo a cargo de LatFem y Maten al mensajero.
La antología cierra con la historieta “Tigresa” realizada, como invitada especial y fuera de la convocatoria, por Pepita Sandwich (Josefina Guarracino). El trabajo sirve para unificar a las distintas voces, enalteciendo la figura felina como metáfora de garra, empuje, lucha y fortaleza en manada.
“Fantástica violeta”, más allá de los valores artísticos con los que cuenta, se constituye principalmente como un gran símbolo de conquista. La historieta también forma parte de esos espacios tomados, dominados por una mirada feminista destinada a salir de la comodidad, a romper esquemas, a sentar precedentes y continuar un proceso. La antología consigue expresarlo y nos enfrenta a situaciones de las que rara vez nos hacernos cargo. Un trabajo cuyo mayor logro es el de invitarnos a reflexionar.




















