Identidad rosarina
Los barrios de Rosario, sus calles, los bares, sus esquinas con secretos, no reconocen el paso del tiempo. Una ciudad sin fundador, dos equipos de fútbol que atraen pasiones, todo eso no se desvanece con el tiempo sino que queda ahí en la memoria. Mirador Provincial dialogó con el reconocido historiador santafesino Vicente Serra para recorrer momentos claves que nuestra ciudad alberga en lo más profundo de su corazón.
Gisela Mesa redaccion@miradorprovincial.com
En tiempos de covid, de encierro, de abrazos partidos, es urgente que la historia barrial se encuentre con el lector, con el rosarino. Esta cronista de Mirador Provincial dialogó con el docente, profesor de historia y abogado, Vicente Serra para desandar inquietudes, con un solo fin: rescatar relatos históricos de nuestra ciudad para conservar el patrimonio cultural en nuestra reminiscencia.
– ¿Rosario, la ciudad sin fundador?
– Es cierto que Rosario no tuvo una fundación al estilo de muchas ciudades de origen hispánico, en las que en su inicio se clavaba un grueso tronco y el fundador, espada en mano, leía y luego fijaba la ordenanza real, delineando las calles en forma de damero. Hacia 1665 la etnia guaycurú ocasionalmente habita la zona, utilizándola en sus cacerías. Aún no hay un asentamiento estable pero el lugar es conocido como Pago de los Arroyos y abarca desde el Carcarañá hasta el arroyo Ramallo.
En 1689 el capitán Luis Romero de Pineda recibe como pago a sus servicios a la corona la concesión de esas tierras. Implanta una estancia que a su muerte se divide entre sus tres hijas. Un nieto, Domingo Gómez Recio comienza una explotación ganadera y arregla una precaria capilla en la que su sobrino cura entroniza la imagen de la Virgen del Rosario, con lo que el pago comienza a ser llamado Capilla del Rosario. En su derredor se afincan pobladores blancos y también calchaquíes reducidos en un proceso de formación espontánea. En 1740 el Capitán Santiago Montenegro ya radicado en la zona, compra una extensa lonja entre el arroyo Ludueña y el Saladillo para dedicarse a la cría de ganado, el acopio de cueros, la construcción de un molino y el transporte de carretas, a partir de su pulpería ubicada en la Bajada Sargento Cabral. Con el paso del tiempo vendió lotes, reconstruyó la capilla, donó sus tierras y el camposanto que la circunda, como también la plaza principal, las calles adyacentes y otros espacios de uso público.Estimo que quien procede de tal manera debería ser reconocido de hecho como fundador de la todavía aldea del Rosario.
– ¿Podemos asegurar que el crecimiento importante de Rosario se inició a mediados del siglo XIX, cuando el puerto fluvial se convirtió en el nexo entre Buenos Aires y las provincias del interior, condición que acentuó la construcción del ferrocarril a Córdoba?
– El 5 de agosto de 1852, por decreto del gobernador Crespo y la iniciativa de Justo José de Urquiza, la villa es declarada ciudad cuándo ya había iniciado un proceso de rápido crecimiento, favorecido por su puerto, el ferrocarril y la inmigración fundamentalmente italiana y española.
La radicación de comercios, talleres y quintas, incrementó la oferta de trabajo y encantó a obreros; pronto sus muelles exportaron cereales, se abrieron bancos, teatros, escuelas y templos. Y la floreciente Rosario cuándo Buenos Aires durante diez años estuvo separada de la Confederación, fue declarada Capital Federal por el Congreso, aunque tal iniciativa fue vetada por Mitre y Sarmiento para mantener la hegemonía porteña.
La mafia
– Durante las primeras décadas la ciudad fue apodada "Chicago argentina" en referencia a la creciente actividad económica, el apogeo aeroportuario y las operaciones bursátiles. Luego, en los años '30 fue resignificado por la actividad de la mafia organizada y la prostitución. ¿Qué nos podés contar de esto?
– La pujanza que llevó a Rosario a ser la segunda ciudad de la república en los primeros decenios del siglo XX vino de la mano de un exponencial crecimiento de su población que, de 9.785 habitantes en 1858, en 1906 registró 150.680.
"La Chicago argentina" fue llamada, comparándola con la también segunda ciudad de los EE.UU. A la que se asemejaba por su dinámico puerto, la exportación cerealera y una incipiente pero sostenida industria.
También sentó sus alojamientos la mafia en la persona del recién llegado siciliano Juan Galiffi apodado "Don Chichio" quién comenzó a manejar el puerto, los mercados y las carreras, fijando precios, negociando con políticos y vendiendo protección. Pronto fue el "capo de tutti capi" de la Argentina al imponerse sobre el viejo jefe don Antonio Amato, que abandonó el país.
Don Chichio no es violento, moderniza la organización importando autos blindados y ametralladoras Thompson, maneja la policía y la justicia. Lava dinero en negocios blancos, viñedos, campos, talleres y studs. Vende a los políticos los votos de la comunidad italiana, protege a los suyos, imparte justicia, reparte empleo.
Pero pronto le llegaría un rival, también siciliano, Francisco Marrone "Chichio Chico". Éste es más violento, sanguinario y cruel. Ejecuta a los jefes de familia y laderos de Galiffi. Un día recibe una llamada del Capo: ¿quiere negociar? Soberbio y triunfador va a la mansión del jefe en Buenos Aires. Es 1932, está en su mejor momento. Pero desaparece. Su cadáver es encontrado tiempo después, de una manera sanguinaria: ahorcado con alambre
¿Y don Chichio? Es expulsado del país por aplicación de la Ley de Residencia. En Italia, Mussolini lo premia con la alcaidía de un pequeño pueblo. A lo largo de la guerra muere de un infarto, durante un bombardeo británico.
El barrio Pichincha fue el centro de afincamiento de las llamadas "casas de tolerancia" que recibían la visita de hombres de todo el país. Los prostíbulos mejoraron sus instalaciones, adaptaron nombres refinados como Royal, Torino, El Gato Negro, Mouline Rouge, Armenonville y el famoso y más caro Madame Safó.
A principio del siglo pasado la intendencia de Rosario quiso llevar adelante una experiencia de prostitución tolerada y regulada. La ordenanza Nº 27 de 1903 delimitaba un barrio llamado de Pichincha para su ejercicio.
Pronto organizaciones internacionales de trata se hicieron cargo del negocio prostibulario. Traían las prostitutas de Europa, generalmente engañadas, menores de edad, indocumentadas.
La Zwi Migdal, de rufianes polacos, la Aschkenasun, de rusos y rumanos y la francesa Milieu eran las propietarias de los burdeles y dueños también de las mujeres, en su mayoría judías que compraban en remates. Una legión de guardaespaldas y matones guardaban el orden, evitaban las fugas y mantenían aceitadas relaciones con la policía y la justicia.
El más caro de los lupanares era Madame Safo, que cobraba cinco pesos y se debía entrar de saco y corbata. Los otros, el Petit Trianon, Armenonville, Tripoli, Mouling Rouge y decenas más eran de menor precio.
El antiguo barrio Sunchales albergó historias de prostitución y clandestinidad por más de medio siglo.
Rosario fue famosa en la Argentina por sus casas de placer. Marineros de todo el mundo hablaban de las "maravillas de la ciudad". Un tren salía de Bs As los viernes trayendo clientes.
Para algunos fue la gran fiesta, pero ocultaba historias de esclavitud y violencia contra centenares de mujeres que luego de una vida de explotación, viejas y enfermas eran abandonadas a su suerte. Todo terminó en 1932, cuando la municipalidad derogó la norma y la prostitución volvió a ser clandestina.
El Rosariazo
En 1969, la ciudad fue protagonista de un hecho político de trascendencia nacional, el Rosariazo, un levantamiento obrero que copó las calles y sumó vecinos que manifestaron su disconformidad con el gobierno militar de Onganía.
Todo comenzó con la muerte en Corrientes del estudiante Juan Carlos Cabral, que cayó bajo las balas policiales. Pronto actos de repudio se sucedieron en La Plata, Tucumán y Córdoba.
En Rosario por la protesta estudiantil se suspendieron las clases universitarias, por lo que el centro de los reclamos fue el comedor universitario de las calles Corrientes y Córdoba.
Allí estallan actos relámpagos, manifestaciones y sentadas que son reprimidas por la policía a caballo con hidrantes y perros. Los gases lacrimógenos invaden el centro. Un pequeño grupo que se refugia en la galería Melipal es rodeado. Muere de un balazo en la cabeza el estudiante Adolfo Bello asesinado por el oficial Lezcano.
Los días siguientes son de violencia estudiantil con el apoyo de obreros de la CGT unificada con concentraciones, atentados con molotov, rotura de vidrieras y fogatas.
El 21 de mayo de 1969, a la noche es la "batalla de Rosario". Una marcha de silencio de obreros y estudiantes, parte de la plaza 25 de Mayo hasta la CGT. La brigada de caballería, sables en mano, carros de asalto y la guardia de infantería agreden a la multitud que resiste a las pedradas y adoquinazos, con palos y fierros sacados de las obras en construcción. Desde edificios se apoya lanzando maderas y papeles para disipar los gases.
Se vuelcan autos, arden fogatas. La policía desbordada por la multitud retrocede hacia la jefatura que los manifestantes, en su persecución, tratan de tomar al grito de ¡asesinos! Un grupo intenta emitir una proclama por LT8, pero no lo logra y a la salida la policía mata de un balazo en la espalda a Norberto Blanco, metalúrgico y estudiante de 15 años. Arde la ciudad, la violencia es incontenible. A la madrugada se hacen cargo las tropas del II Cuerpo de Ejército. Renace la calma, pero es sólo por un tiempo: el 16 de setiembre del mismo año se produce el llamado "Segundo Rosariazo" a partir de un paro y movilización de ferroviarios. Ese día se manifiestan más de 200.000 rosarinos, obreros y estudiantes de manera organizada.
El saldo es una veintena de trolebuses quemados o volcados,15 ómnibus incendiados porque el transporte no adhiere al reclamo. Decenas de autos ardiendo o destruido anuncian una mañana de barricadas, fogatas y vidrieras rotas. La policía es impotente, sólo custodia tres estaciones en llamas y un centenar de garitas y cabinas ferroviarias destruidas. Las calles son de los obreros y estudiantes. Nuevamente se hace cargo el ejército con apoyo de tropas de Corrientes a cargo del coronel Leopoldo Galtieri.
En las calles las paredes muestran un nuevo slogan "Rosario cuna de rebeldes".




















