Arte
El Centro Cultural Roberto Fontanarrosa presenta una exposición virtual en homenaje al artista rosarino con curaduría de la artista y docente Laura Capdevila.
Lucía Dozo
En agosto pasado, con apenas 59 años y una extensa trayectoria, fallecía el artista plástico Raúl “Negro” Gómez. Su muerte, inesperada, conmovió al ambiente de la cultura local que valoraba tanto su obra como su persona. El Centro Cultural Roberto Fontanarrosa lanzó una exposición virtual en homenaje al artista rosarino con curaduría de la dibujante y docente Laura Capdevila, y con la participación de su hijo Tomás y otros artistas locales.
Raúl Gómez nació en la ciudad de Santa Fe en 1961 y a los 20 años comenzó como dibujante de historietas en publicaciones extranjeras. Estudió en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y su prolífica producción artística combinó tanto expresiones neofigurativas como abstractas.
Desarrolló gran parte de su vasta trayectoria en Rosario, siendo adoptado por la bohemia y los círculos culturales rosarinos como un hijo más de la ciudad. Trabajó con todas las técnicas y materiales; pintó y dibujó con óleo, pastel, acrílico, grafito, carbonilla, y siempre en absoluta libertad. También realizó esculturas en diversos materiales. Ilustró tapas de libros y afiches y fue el autor de innumerables murales para locales públicos, entre ellos, en Rosario, los que se encuentran en La Sede Bar, Estadio Auriazul Rosario Central, La Puerta Bar y Esquina Dorrego Bar; se destaca su importante mural en el restaurante y bar temático Casa del Tango.
Realizó escenografías para distintos teatros de la ciudad, al tiempo que expuso en las principales galerías de Rosario, otras ciudades de Argentina y Francia. Como dibujante, ilustrador e historietista publicó en diversas revistas nacionales e internacionales. Se destacan sus trabajos en Risario, Página 12 y Fierro. En su notable trayectoria figuran obras para colecciones privadas no solo de nuestro país, sino también de Alemania, Italia, Brasil, Chile, Hungría y Estados Unidos, y distintos premios y menciones en salones nacionales.
La curadora de la muestra virtual, la artista y docente Laura Capdevila, conversó con Mirador Provincial sobre el proceso de puesta en valor de la obra del artista.
– ¿Cómo se puede definir la obra del Negro Gómez?
– Intentando acercarme a una definición, voy a referirme al motor y cimiento que hace que su obra destaque: su proceso creativo. Fue un territorio de conflicto permanente, imprescindible para el Negro. Es importante en su obra esta dimensión y las fluctuaciones para entender y recorrer su producción. Siempre que un individuo está en verdadera búsqueda creativa, está en conflicto. El Negro no se conformaba con los lugares comunes visuales, ni tampoco con las comodidades de la repetición que promovía una venta segura. En el campo del arte como en cualquier aspecto de nuestra vida uno tiende a repetir lo que le provoca comodidad. En ese sentido, el Negro disfrutaba el cambio y la provocación tanto en las temáticas, como en las propias resoluciones formales. Es en este terreno de la creación donde nos encontramos con la intención del individuo. Qué encuentra y qué percibe que puede cambiar. En su caso, los cambios deliberados llevaron a una continua exploración técnica y compositiva que fueron enriqueciendo las obras. Debo decir también que el Negro tenía una fácil y amplia capacidad de inventiva en su vida cotidiana, acompañada de un pensamiento muy agudo. Esta forma de ser estaba combinada con el estudio de técnicas. Todo este andamiaje puesto a disposición de una factura artística produce obras impecables. Su obra ocupa un lugar privilegiado en cuanto a creatividad y técnica.
– ¿Cómo fue el proceso de selección de obras para esta muestra, que es también un homenaje?
– Las obras que seleccioné están directamente vinculadas a su proceder creativo que vagaba por resoluciones disímiles. Su formación profesional en el campo gráfico hace que el dibujo sea la base importante y tenga una factura clara y exquisita, como podemos ver en su serie “Tango”. La complejidad compositiva y bien lograda de “En el aire esta noche” es solo una muestra del manejo de las líneas, los pesos, las direcciones y los problemas compositivos que resolvía en el campo perceptual. En su etapa abstracta (de la que forma parte “Yo soy el equilibrio”) demuestra su manejo de la intención de guiar la mirada del espectador y, a la vez, se regala -y nos otorga- el placer de la importancia del plano blanco. La tridimensión fue un paso que dio por su mismo cauce experimental. Cuando la mayoría de los colegas le sugerían que no deje de pintar, el Negro jugó su juego. La construcción de los nidos por medio del trenzado de ramas, en el que se pone en trabajo todo el cuerpo, y la talla en madera con fuertes alusiones a su infancia fueron un cambio que finalmente le dio una gran alegría. La sencillez de los últimos dibujos, como en “Esto no sucede” pertenece a su último tiempo de producción. Inició una nueva búsqueda que quedó truncada. Raúl estaba elaborando -a costa de muchos insomnios- vincular la sencillez, la depuración de la imagen, con su huella gestual. La obra que encabeza esta etapa es “La sutileza de existir”. El proceso comprende algunas gráficas para libros y muchos dibujos que no daba a conocer. Había una seria intención de soltar por un momento la minuciosidad de la anatomía que sabía lograr como pocos, para correr el foco hacia zonas en las que emerja el símbolo y la estilización a la manera de su admirado Bacon.
– ¿Cómo puede potenciar la ciudad los legados de los artistas?
– Difundiéndolos en lugares públicos y también gestionando la organización y exhibición en salas destinadas a cada artista, como se hace en otras partes del mundo. Hay artistas que alcanzan en vida más popularidad que otros por una batería de razones. En otros casos, existe otra línea de trabajos artísticos que son más complejos visualmente: ejercen denuncias, provocan escándalos o tienen una obra más hermética. Por esta razón son de difícil lectura y quedan más vinculados a un ámbito especialista y reducido. Son los menos difundidos cuando, por el contrario, deben ser más estudiados, previo a democratizarse los saberes para que el vínculo con un público popular se produzca. Las políticas culturales y el sector educativo son los organismos que ejercen la legitimación y los encargados de su inserción en el bagaje cultural de un pueblo. El área cultural de Rosario tiene muy en cuenta las vertientes diferentes dentro de los haceres artísticos y existe un esfuerzo por establecer los vínculos arriba planteados. Desde mi trabajo docente, incluyo en mi programa anual la investigación de artistas rosarinos. El área educativa también debe aggiornarse en este proyecto de difusión artística para que cualquier ciudadano tenga el derecho y el saber para disfrutar de todas las obras de arte.
En el Castagnino
Por iniciativa de la edila Norma López, el Concejo Municipal de Rosario decidió por unanimidad la entrega de la obra “El cielo sabe”, de Raúl Gómez, al patrimonio del Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino, como parte de un homenaje propuesto junto a colegas y amigos del artista plástico.
El acta de la donación, firmada por la presidenta del Concejo Municipal, María Eugenia Schmuck, fue entregada en el pasado mes de abril. En el acto, la concejala López, presidenta del bloque Frente de Todos-PJ, manifestó: “Era un deseo de Raúl que algunas de sus pinturas pasaran a ser parte del patrimonio del Museo Castagnino, que, en definitiva, le pertenezcan a todo el pueblo de Rosario”.
El director del Castagnino, Raúl D’Amelio, agradeció al Concejo Municipal “por el aporte original y en un momento tan especial como lo es el de la refundación del museo a través del proyecto para poner en valor el patrimonio que tenemos”.
Dante Taparelli, secretario de Cultura y Educación municipal, reivindicando la trayectoria de Gómez, convocó a una mesa de trabajo entre el Concejo Municipal de Rosario, la Municipalidad y la Fundación Castagnino para trabajar unidos por el patrimonio cultural de la ciudad.



















