Talento de exportación
La vida de Justo Bruno dio un vuelco radical en los últimos tres años, cuando decidió tomarse unas vacaciones y partir hacia las Islas Baleares. El ex jugador del CAE, jamás hubiera pensado que ese lugar lo acogería tanto como para establecerse allí, casarse, vivir de la logística, la música y despuntar el vicio por el deporte en el Ibiza Rugby Club.
Gabriel Baldi
En la actualidad hay más de 30 entrerrianos disfrutando del rugby fuera de Argentina. La gran mayoría se encuentra principalmente en Europa.
Cada uno lleva a cuestas una mochila cargada de historias y sentimientos, así como de argumentos que motivaron su partida desde Entre Ríos.
Casi todos, emprendieron viaje en busca de nuevos desafíos, por anhelos personales u objetivos por cumplir.
Sin embargo, el paranaense Justo Bruno nunca imaginó atravesar el presente que vive, establecido en Ibiza, el lugar de sus sueños. Una sensación única, que llegó prácticamente sin pensarlo demasiado.
El back surgido en el Club Atlético Estudiantes, camada ‘89, buscaba simplemente cambiar de aire después de años intensos de trabajo en Buenos Aires. Fue entonces que decidió con los ahorros que había juntado, tomarse unas prolongadas vacaciones. Aunque, sobre la marcha cambió de planes y terminó quedándose definitivamente.
Hoy, trabaja en logística de una empresa, se encuentra casado con Nurai, con quien comparte su pasión y oficio por la música electrónica y juega al rugby, disciplina de la que “no podía alejarse”, confesó.
En diálogo con MIRADOR ENTRE RIOS, el ex jugador de los seleccionados provinciales juveniles, de mayores y Seven, y de Asociación Alumni de Buenos Aires, dio cuenta de su vida en un lugar paradisíaco y contó cómo vive el deporte por aquellos lares.
– ¿Cómo describirías tu presente y cómo llegaste a donde estás hoy?
– Simplemente, espectacular. Hoy estoy donde siempre quise estar y disfrutando de lo que más me gusta: una ciudad espectacular como Ibiza; de mi esposa a quien conocí acá y del rugby; sin dejar de lado la logística y la música, que en algún punto son mis fuentes laborales.
Básicamente una cosa fue llevando a otra para que hoy pueda estar donde estoy. Me fui de Paraná a Buenos Aires, a los 22 años. Comencé a trabajar en Nestlé. Primero en la parte de sistemas, donde entré tan solo a cubrir una suplencia. Y después, me trasladaron al área de logística, donde empecé a hacer carrera. En paralelo jugaba al rugby en Alumni. O mejor dicho, gracias al rugby conseguí una entrevista para entrar en Nestlé. Comencé a trabajar tan duro que terminé dejando el rugby. Fueron ocho años de trabajo muy duro hasta que dejé de trabajar ahí. Entonces, lo primero que pensé fue en tomarme unas buenas vacaciones, así que me vine para Ibiza.
Desde los 17 años que estoy con la música electrónica. En Buenos Aires ya empecé a pasar música y a cobrar por hacerlo, paulatinamente. Así que en Ibiza, cuando se me empezó a acabar el dinero de las vacaciones y con algunos contactos que había hecho, arranqué a trabajar como DJ. Pero, cuando la temporada de verano empezó a terminar necesitaba trabajar de algo más, ya que acá todo es muy caro. Fue entonces que comencé a trabajar de ‘plomo’ en una empresa que montaba discotecas. Haciéndole un par de preguntas sobre logística al dueño, éste se quedó sorprendido por los conocimientos que traía y me propuso trabajar en la oficina de la compañía. Nada más podía pedir… Bueno, solo una cosa, jugar al rugby. Algo que finalmente se me dio.
Un día, yendo a trabajar, veo una cancha de rugby. Lo primero que pensé fue ‘¿hay rugby en Ibiza?’. Enseguida entablé relación con la gente del club. Fui a una práctica un jueves y el sábado ya me sumaron al equipo para un partido, en Mallorca. Fue una locura muy lindo, el inicio de todo.
-¿Cómo se vive el rugby en Ibiza? ¿Con qué nivel de juego te encontraste?
-Acá se juega la Liga Balear. Los traslados de cada fin de semana, son indefectiblemente en avión. La competencia es muy entretenida. Lamentablemente la temporada que pasó, debido a la pandemia, tuvo muy pocos partidos. Sumado a eso, sufrí una lesión lumbar que me alejó de las canchas. Pero ahora estoy a punto para la temporada que entra.
En cuanto al nivel, puede llegar a ser como el de una división reserva de la Zona Campeonato del Torneo Regional del Litoral, por catalogarlo de algún modo.
El rugby acá es ciento por ciento amateur, pero a su vez, a diferencia de Argentina, acá el jugador tiene otras costumbres. Quizás si no le pagan el viaje, a veces no van a los partidos y demás. Allá al contrario, tenemos que pagar los traslados, el tercer tiempo, la cuota social del club y lo hacemos con mucho gusto.
Hay algunos argentinos más que impulsan un gran trabajo en el club. Otro con el que me contacté y se vino, es Franco Ruiz, también de Estudiantes. En mi caso me involucré mucho en la institución. A veces me toca pintar la cancha y después salir a jugar. Nosotros venimos de otra escuela, de la del sacrificio. Varios españoles o también por ahí hasta los ingleses, si no tienen todo medio servido, no se sienten muy cómodos.
Ahora me sumé también a entrenar divisiones juveniles y tratar de fomentar el rugby en las escuelas para sumar gente al club y transmitir el deporte. Nosotros en Argentina mamamos el rugby así, como si fuese un desafío profesional aunque no percibamos nada a cambio. Es un sentimiento que va mucho más allá del dinero.
– ¿Qué proyectos tenés a futuro?
– Por el momento seguir disfrutando de hacer todo lo que me gusta en este lugar alucinante como Ibiza. Sigo con proyectos que tienen que ver con lo laboral y familiar. Mi esposa también es DJ (¡en realidad la que es buena en esto es ella!) así que seguimos yendo para adelante juntos. Y con el rugby, continuar jugando, entrenando divisiones menores y trabajando por el club.
Por lo pronto, estoy muy bien. Si en algún momento me toca volver o irnos para otro lugar, lo haremos, pero nunca olvido que todo lo que soy y lo que tengo se lo debo al amor de mi familia en Paraná, ahí está la base de todo.




















