Rugby
Gabriel Bladi
En cada ámbito y de modos diversos, la pandemia y su manejo, con sus respectivas restricciones y medidas, han calado hondo en la sociedad argentina. En el deporte no hizo excepciones ni mucho menos y el rugby puede dar cuenta de ello.
La disciplina de la ovalada sufrió una merma de todo tipo. Ya sea en el caudal de fichajes a nivel regional o provincial como en el número de jugadores por club, así como las propias instituciones padecieron serias bajas en sus ingresos que a como dé lugar, hoy buscan levantar.
Pocas son las entidades que aprovechan esta temporada para llevar adelante obras en sus instalaciones, considerando que la mayoría lo hizo en 2020 y se quedó ya casi sin resto.
Ante tal situación, la competencia y el desarrollo deportivo pasó a un segundo plano. Al igual que el año pasado, diferentes planteles entrerrianos, principalmente los de Paraná, continúan entrenándose desde la virtualidad, aunque ya con poco incentivo al no saber fehacientemente cuándo ni cómo tendrán algún campeonato para disputar en el corto o mediano plazo.Hasta el momento, son 1.497 jugadores, de ambas ramas, que se ficharon este año en todo Entre Ríos, en divisiones juveniles y mayores.
Incertidumbre
Paulatinamente la temporada fue desvaneciéndose. Había tantas expectativas que hasta las competencias anuales fueron planificadas. Tal fue el caso del Dos Orillas de Mayores, el Torneo Regional del Litoral o un eventual Torneo Provincial Entrerriano, que comenzaban a asomar en el horizonte, mientras se llevaban adelante certámenes domésticos como el Apertura Provincial o el Paranaense de Mayores, pero con la cautela de saber que lo que finalmente sucedió, podía pasar. Los coletazos del Covid-19 volvieron a interrumpir la actividad a fines de abril y tanto los jugadores como los clubes, tuvieron que afrontar -y aún continúan haciéndolo- jornadas de mucho escepticismo.
En declaraciones a MIRADOR ENTRE RIOS, Alexis Foletto, preparador físico del Club Atlético Estudiantes, contó: “El año pasado tuvimos de tres a cuatro estímulos semanales hasta comenzar a repartir los elementos del gimnasio para luego volver paulatinamente con las restricciones correspondientes. Ahora, lo que estamos haciendo con cada jugador es desarrollar una rutina de actividades individuales. Quien tiene elementos en su casa los aprovecha y quien no, entrena con su propio peso corporal”.
“Acá los jugadores no tienen ninguna obligación, tanto desde lo aeróbico como en el gimnasio. Tenemos una incertidumbre muy grande. Hay colegas incluso que no piensan desarrollar un entrenamiento estricto hasta tanto no tener una fecha cierta de comienzo de competencia. Incluso ahora, antes de volver a intervenir en un torneo, necesitaremos como mínimo cuatro semanas de preparación. Este año tuvimos muchos lesionados, así que habrá que imaginarse que podría llegar a pasar con el retorno tras este receso. Si bien la nutricionista les pidió a los jugadores bajar los hidratos de carbono y comer bien, es difícil mantenerse con una rutina obligada tan sedentaria”, dijo.
“Está claro que con todo esto, no es rendimiento lo que buscamos, sino que el jugador no se deje estar tanto físicamente como psicológicamente. Es muy preocupante la situación”, indicó.
Por su parte, Esteban Jorge, coordinador de la preparación física del Paraná Rowing Club, aportó: “En este segundo parate ya no hacemos prácticamente nada a través de Zoom u otras plataformas, sino que directamente nos comunicamos con los jugadores y preparamos planes de entrenamiento acordes. No obstante, con lo que más complicados estamos es con la parte de gimnasio. Los chicos están saliendo a correr más que nada pero de gimnasio, casi nada, resulta imposible hoy por hoy”.
En acción
Con lo compleja que resulta esta temporada y más allá de lo deportivo, en el Club Tilcara este año fue aprovechado al máximo. Desde un verano intenso en su sede de Sauce Montrull, hasta sus clásicos eventos gastronómicos como la Gran Paella Paraná y el tradicional locro del 1° de mayo realizado por la Subcomisión de hockey, pudieron desarrollarse sin problemas.
Con los fondos recaudados en cada acontecimiento, en El Quincho de la Ruta 18 comenzaron las anheladas obras de puesta a punto en los vestuarios femeninos y los trabajos en las canchas y sus alrededores, realizados por la misma Comisión Directiva. Mientras que, los planteles, en el marco de esta interrupción, llevan adelante capacitaciones y reuniones vía Meet, con ciclos de preparación física, nutrición, entre otros ítems.
En Capibá RC, trabajan mancomunadamente jugadores, entrenadores y dirigentes para remodelar vestuarios y emplazar a su vez el gimnasio en su predio del sur paranaense.
En la costa del Uruguay, mientras tanto, donde las prácticas volvieron a desarrollarse, prosiguen, al igual que el año que pasó, con las tareas solidarias.
En Colón RC llevaron adelante una serie de donaciones para el merendero Los Gurises, en ocasión del invierno que se viene. Asimismo, desde la entidad presidida para la única mujer en la historia del rugby entrerriano, Analía Fabre, se está llevando adelante una colecta virtual con el fin de reunir fondos para el sembrado del campo de juego.
En el CUCU, se enfocan en expandirse desde las divisiones infantiles con la Escuelita de Rugby que montaron para niños y niñas de 3 a 5 años, de la mano de Nelson Vence.
Con calma
La clave de este año será para todos por igual, sin lugar a dudas que mantener la calma y conservar expectativas bajas. Es decir, por más buena intención que exista en prepararse para afrontar una competencia de la mejor manera, la realidad estará signada por el panorama sanitario.
El 2020 debería servir de ejemplo para saber cómo afrontar este tipo de crisis que golpean a las instituciones deportivas.
Será momento de barajar y dar de nuevo, manteniéndose preparado para volver al ruedo en cuanto sea posible.
Todavía están intactas las fechas de las distintas competencias domésticas, pese a que su organización no dependerán de sí mismas.




















