Repaso histórico
La legendaria aviadora atravesó con destreza, tanto el país como la sociedad de su época, y sin darse cuenta fue pionera en la historia abriendo camino a las actuales pilotas que surcan los cielos.
Gisela Mesa redaccion@miradorprovincial.com
En Argentina como en el resto de Latinoamérica, hay historias poco contadas: las crónicas de las mujeres. Conocer las experiencias de estas pioneras no solo nos permite entender qué querían ellas sino enriquecernos con sus relatos de vida.
Cómo fue la trayectoria de Amalia Celia Figueredo, una de las figuras más intrigantes e inspiradoras de la historia de nuestro país: la primera piloto de Argentina. Este relato periodístico no es más que un intento por rescatar del olvido la historia de aquella mujer que surcó los cielos de Rosario y del país, sintiendo en su frente el viento salvaje de la aventura de ser una dama revolucionaria del momento. Diría Amelia Earhart, "nunca interrumpas a alguien haciendo algo que tu dijiste que no se podía hacer".
Crónica histórica
Esta precursora de la aviación nace un 18 de febrero de 1895 en la ciudad de Rosario, hija de Honoria Pereyra y de Faustino Figueredo. A los cinco años su familia se traslada a la ciudad de Buenos Aires cerca de los alrededores de Villa Lugano. Allí cursa los estudios de obstetricia en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y música en el Conservatorio Fontova. Sin embargo la historia la llevaría a su única pasión: la aviación.
Transitaba el año 1914 y Amalia, con 19 años, se mudaba cerca del aeródromo de Villa Lugano, donde conoce al aviador y constructor de aeroplanos al francés Paul Castaibert y a Jorge Newbery con quien efectúa su vuelo de bautismo. Deslumbrada, Amalia decide incorporarse al curso de pilotaje que dicta Castaibert empleando un monoplano de 25HP denominado Castaibert-Anzani. Indudablemente esta piloto debió atravesar no solo los aires sino los prejuicios de aquella época.
El 6 de septiembre de 1914, Figueredo intentaría su primer examen pero tiene un accidente sin consecuencias. Según relataría años después, cuarenta y ocho horas antes le habían aflojado los tensores de su aparato, por lo que estando a unos sesenta o setenta metros de altura perdió el control al aflojarse los cables, consiguiendo descender lentamente y planear hasta llegar al suelo.
Finalmente el 1° de octubre del mismo año rinde nuevamente, los examinadores del Aeroclub Argentino, ingeniero Carlos Irmscher y Carlos Borcosque obteniendo el brevet de Piloto Aviador Nº 58 de la Federación Aeronáutica Internacional, expedido por el Aeroclub Argentino. Durante el examen tuvo que volar sobre la mesa de los examinadores y entre dos pilones a quince metros uno de otro, efectuar seguidamente cinco series de ochos entre los pilones, elevarse a 300 metros y descender desde allí con motor, aterrizando en el sitio prefijado. Después de cinco minutos de descanso debió elevarse nuevamente y repetir cinco series de ochos, ascender y luego descender sin motor, planeando, hasta aterrizar en el sitio indicado.
Relato de la época
"Dio comienzo a las 4.30 de la mañana, iniciando la examinada, sin dificultades, dos largas series de 'ochos' con el Farman-Gnome 50 HP. Cumplida esta parte del examen, se elevó a una altura de 200 metros y, después de algunos virages interesantes, descendió en un largo vuelo planeado, que mereció aplausos de parte de los que presenciaban la prueba".
Innegablemente todo un desafío para aquel tiempo donde el sexo femenino era desacreditado y solo eran consideradas a tareas del hogar. De esta manera la aviación argentina por primera vez inscribe en sus memorias el nombre de una mujer que se hace un lugar en el espinoso e inicial universo de la aeronáutica nacional.
El amor sobrevuela su corazón
En 1916 conocería a Alejandro Pietra con quien formaría familia, dedicándose ella exclusivamente al cuidado de sus hijos. A pesar de que enviudó en 1928, se mantuvo alejada de los "cielos". Así y todo, hasta el día de su muerte, en 1985, recibió reconocimientos y premios en distintas partes del mundo.
Presidenta del Aeroclub Femenino de la Argentina fue designada socia honoraria del Círculo Militar de Aeronáutica (1952), Aviador Militar "Honoris Causa" (1964),2 Aviadora Civil Uruguaya (1968), "Orden del Mérito" con el grado de Gran Oficial (Brasil, 1968),3 título de Precursora de la Aeronáutica Argentina otorgado por la Fuerza Aérea Argentina (1970), Gran Medalla de Oro de la Asociación Vieilles Tiges (1971),4 Medalla de Plata por la Asociación Aeronáutica Argentina (1979) y Capitán de Reserva de la Fuerza Aérea Argentina (1983).
El 29 de octubre de 1964 la Cámara de Senadores de la Nación le brindó un homenaje, y en esa ocasión, el presidente de la Cámara expresó: "La honorable Cámara termina de tributar homenaje merecido a la señora Amalia Figueredo de Pietra, que honra a la mujer argentina y es un ejemplo de heroicidad y patriotismo".
La Ley 18.559 del 21 de enero de 1970 le confirió el título de "Precursora de la Aeronáutica Argentina". El 16 de enero de 1972 se dio su nombre al aeródromo de Cosquín.
Los medios hablan
"Dentro de algunos días la señorita Figueredo, que es la primera aviadora argentina, hará sus vuelos públicos en uno de los aeródromos o locales destinados a ese género de pruebas. Se trata de una esbelta joven que no ha temblado ante la sugestión del riesgo, y antes bien, se manifiesta con deseos de hacer todos los ejercicios y estudios que en estos últimos tiempos nos marcan los progresos de la navegación aérea.
La joven voladora gestiona la adquisición de su aparato propio, de parte del gobierno y sociedades deportivas, ya que se trata de la primera argentina que va a ostentar el título y la sugestiva misión del pilotaje de aeroplanos.
Con motivo de su próxima aparición ante el público, la señorita Figueredo nos ha visitado, dándonos así la primicia de esta información que por muchos conceptos se hace simpática, dado el interés que el público demuestra por las cosas que se relacionan con la aviación nacional".
Caras y Caretas del 23 de mayo de 1914.
Transitaba el año 1914 y Amalia, con 19 años, se mudaba cerca del aeródromo de Villa Lugano, donde conoce al aviador y constructor de aeroplanos al francés Paul Castaibert y a Jorge Newbery con quien efectúa su vuelo de bautismo.
El 29 de octubre de 1964 la Cámara de Senadores de la Nación le brindó un homenaje, y en esa ocasión, el presidente de la Cámara expresó: "La honorable Cámara termina de tributar homenaje merecido a la señora Amalia Figueredo de Pietra, que honra a la mujer argentina y es un ejemplo de heroicidad y patriotismo".
Apelar a la historia
Curiosamente muchos rosarinos desconocen la vida de Celia Figueredo, quedando en el olvido el relato de muchas mujeres que fueron protagonistas de grandes cambios en la historia. Quizás sea porque la historia ha sido siempre contada por hombres. Indudablemente es hora de rescatar a las pioneras, que desafiaron épocas y costumbres. Sin duda alguna, Celia fue una precursora que adoptó la postura de que la aventura es una actividad que vale la pena en sí misma, una actitud radical para una mujer de esa época. Y estos valores deben estar siempre presentes en la memoria de las mujeres rosarinas.
La primera Aero Club de Rosario
La ciudad conocía la aviación desde 1910. El 12 de marzo de ese año, en un terreno ubicado en las proximidades de la estación Fisherton del Ferrocarril Central Argentino, el francés Alfred Valleton realizó el primer vuelo históricamente registrado de un aeroplano en el Rosario (aún se utilizaba el nombre de nuestra ciudad precedido del artículo "el"). Utilizó para ello un biplano Henri Farman III con motor rotativo Gnome de 50. H.P. y los vuelos que realizó generaron entre los habitantes de la ciudad una aguda polémica acerca de la utilidad del vuelo mecánico más allá de sus posibilidades deportivas.
El impulso determinante de la iniciación de la actividad aero deportiva en Rosario provino impensadamente de la Misión Francesa de Aviación que llegó a Buenos Aires en dos barcos el 6 de setiembre y el 19 de setiembre de 1919. Uno de los principales objetivos de la misión era el de estudiar la explotación comercial de rutas aéreas en Argentina. El 26 de noviembre de 1919 se realizó el primer vuelo de la Misión Francesa de Aviación a Rosario.
El 26 de noviembre de 1919 por la noche, en el local del Bar Cifré en ocasión de realizarse una demostración en homenaje a la Misión Francesa el Sr. Alfredo J. Rouillon (Presidente de la Comisión de Agasajos a los visitantes franceses) propuso formar un aero club y el Presidente del Aero Club Argentino Ing. Alberto R. Mascías sugirió constituir una comisión a tal efecto, lo que fue aceptado y estuvo integrada (entre otros) por Alfredo J. Rouillon.
Así fue que un grupo de ciudadanos encabezados por el mismo comenzó, a fines de 1919, a promover las actividades aeronáuticas y terminó por fundar el Aero Club Rosario el 17 de enero de 1920.
En este punto conviene enfatizar que Alfredo J. Rouillon fue durante toda su vida un infatigable impulsor de las actividades aeronáuticas en Rosario y que entre sus muchos proyectos se encontraba no solo la creación del aero club sino también la promoción de servicios aerocomerciales con base en nuestra ciudad.
"Lo que se siente al volar es muy subjetivo y depende de cada persona"
Mirador dialogó con Jorge Mart, presidente del Aero Club Rosario.
– ¿Cómo llegaste a ser presidente del Aero Club Rosario?
– Soy socio desde 1982, sólo por un tiempo dejé de serlo y luego retomé. También soy socio e Instructor de vuelo en los 3 clubes sociales de Rosario (Aero Club Rosario, Círculo de Aviación Rosario y club de Planeadores Rosario).
– ¿Cuándo comenzaste la carrera de instructor de vuelo?
– No recuerdo pero tal vez unos 8/10 años atrás.
– ¿Qué sentiste cuando realizaste el primer vuelo?
– Para mí es el mejor momento para el alumno y el peor para el instructor. Yo grité mucho de alegría como alumno.
– ¿Alguna anécdota para contarnos?
– De joven, con poca experiencia compramos un Ultraliviano marca Gaviota (construido en Buenos Aires), de no muy buena calidad, con un motor Zanella de 250cc., entre 16 socios, luego, al armarlo se necesitaba un arriesgado para probarlo y me ofrecí dada mi inconsciencia de joven, me quedé sin potencia suficiente en un giro y cayó de costado, en ese momento salí caminando y riendo mucho de nervios, luego me fui volando de regreso y dejé la actividad por unos 6 meses hasta juntar coraje nuevamente.
– ¿Qué siente la gente cuando hace un viaje de altas alturas?
– El vuelo se siente en los aviones pequeños y planeadores, los vuelos en aviones comerciales representan un traslado solamente, en todo caso lo siente el piloto de esos aviones, pero no los pasajeros, tratando de contestar tu pregunta, lo que "se siente" al volar es muy subjetivo y depende de cada persona, en mi caso yo siento que puedo disfrutar de los paisajes desde otra dimensión, y la sensación de desplazamiento de mi cuerpo en el espacio.




















