miércoles, abril 29 2026

Entrevista con Néstor Aliani

El reconocido psicoanalista y pensador, con influyente práctica en Santa Fe y Entre Ríos, mantuvo una profunda charla con Mirador Provincial, desde donde nos invita a construir una intimidad de ideas.

Ariel Gustavo Pennisi

Néstor Aliani es psicoanalista y doctor en Fundamentos Psicoanalíticos de la Universidad Complutense de Madrid, siendo su tesis doctoral objeto de estudio en varias universidades del país y México, tierra que suele visitar con frecuencia para realizar distintas conferencias. Realiza su práctica en Rosario y Paraná, ciudad donde ejerce su función de docente titular de Psicopatología 1 de la Universidad Autónoma de Entre Ríos. Además coordina el ciclo "Psicoanálisis en el Bar" en distintas localidades del litoral argentino, cuando el actual contexto lo permite.

En una extensa charla con Mirador Provincial, sostuvo entre otras cosas que "el psicoanálisis debiera ser el lugar donde agotásemos nuestras excusas por la siguiente pregunta: ¿has estado a la altura de tu deseo?". En tiempos que define como de "una gran debilidad deseante" producto de la falta de lugar que tiene la fantasía en la vida actual, habitada por una persistente "construcción imaginaria, un Avatar de uno mismo, particularmente en las redes sociales". En un mundo donde "La tendencia es a no vernos, sino a exponemos", el análisis aparece "como una novela en construcción constante", manteniendo así su vigencia.

– ¿Qué es el psicoanálisis?
– Puede haber muchas respuestas, quizás una sería que es una actividad que te ayuda a orientarte en el malentendido cotidiano de convivir con otros. También podríamos decir que es un ejercicio compartido y discreto para ver aquello que tenemos adelante nuestro y no podemos dejar de negar. O tal vez, una práctica para prender a reconocer lo posible entre mi ideal y mi impotencia. No es una Psicología, si eso supone que vamos a encontrar una autorrealización de nuestras aspiraciones, una verdad individual y nos vamos a curar de algo sin resignar parte de nuestro narcisismo.

– ¿Qué le diría al joven analista? Aquel que recién comienza su práctica profesional.

– Primero que tenga un gusto por la charla con otro. Pareciese una condición natural de alguien, pero en ciertas condiciones no lo es, por eso recomiendo tener charlas con pacientes de un psiquiátrico o algún otro efector público que trabaje con personas vulnerables psíquicamente. La prueba puede parecer extrema, pero hay que prevenir desilusiones.

Segundo, que estudie exhaustivamente todo aquello que pueda movilizarlo en su curiosidad.

Y tercero, no tener miedo a ceder todo dominio del encuentro al paciente y dejar de lado toda preocupación por la propia imagen. Hay una disyunción entre la imagen narcisista del que tiene que demostrar que sabe y el lugar que debemos ceder para que el otro despliegue su angustia. Una oposición entre demostrar ser y estar escuchando. El único ser que disponemos los analistas es ser soporte del relato de un paciente. Un lugar que es casi como la excusa para que alguien hable y sea llevado por esas palabras hasta un lugar donde no sabe bien a quién le habla.

– ¿Qué es un paciente para el psicoanálisis?
– Es una buena pregunta, supongo que para el psicoanálisis es aquello que se opone a toda pasividad. Es el objeto paradójico de su práctica, porque es lo que menos puede objetalizarse. Seria aquello que excede al saber de su analista, ya que este trabaja sobre un material que no controla, las fantasías inconscientes de su analizante.

Para mí un paciente es una incógnita, nunca sé muy bien lo que puede dar. También es una decepción, nunca es exactamente lo que yo supongo.

– ¿Cuáles son las condiciones en las que Freud inventó el psicoanálisis? ¿Están en crisis? ¿Y la práctica analítica?
– El psicoanálisis es una práctica gestada a finales del siglo XIX, puedo referenciar dos escritores que marcaron las condiciones de esa época, el francés Gustav Flaubert quien publica Madame Bovary el mismo año que nace Freud, 1856. Es la primera novela sobre la insatisfacción femenina, y tiene tanta influencia que es utilizada como término para nominar un cuadro psicopatológico, Bovarismo, que refiere a un estado de insatisfacción crónica de una persona, especialmente en el campo afectivo o amoroso, producido por el contraste insalvable entre sus ilusiones y la realidad.

La invención de la novela, como el relato interior de un personaje que excede la clásica forma de narrar hechos que son la épica y el teatro. Creo que ahí el psicoanálisis encuentra un campo posible de su práctica. Un análisis es novelarse. Una experiencia que da lugar a ese mundo interior que sostiene nuestros actos cotidianos compuesto por sueños, fantasías, dudas, contradicciones, obsesiones, etc.

Otro es el alemán Friedrich Nietzsche y la muerte de Dios, como vocifera. No hay un Otro garante de mi razón. Invita a poner en el centro de la argumentación a la experiencia humana como única garantía de sentido. Un análisis busca el deseo inconsciente que moviliza mis acciones, conocer mi propia sin razón. La experiencia del psicoanálisis es hija de cierta laicización de la cultura moderna.

No sé si vivimos el fin de estas condiciones modernas, pero si, hay una mayor visibilización y aceleración de otras tendencias.

Veo una tendencia a no novelarse, a no narrarse, a no preguntarse, a no cuestionarse, a no volver con una sincera preocupación sobre mis propios actos. Sino a construir una imagen y esperar una sanción que la certifique, generalmente en un espacio virtual, donde la presencia no suponga un problema. Cada vez se da menos la cara por lo que se dice o se hace. Toda la energía está puesta en demostrar, casi como si debiéramos vendernos como un producto más de consumo.

A su vez, vivimos la reaparición de los fundamentalismos, la aparición de la necesidad de un Otro garante de la verdad y el orden. Muchas personas se sostienen hoy en una verdad incuestionable que repite constantemente, casi como un rezo. Por eso la paranoia, la constante forma conspirativa de los discursos sociales, como reverso de esa verdad endiosada, pero vacía de comunidad, de consensos comunes.

– Freud plantea que existen tres imposibles, como el gobernar, educar y analizar. De hecho, la rebelión anticuarentena parece darle la razón por lo menos desde lo de gobernar. ¿Es el psicoanálisis una conquista de lo imposible?
– Primero te respondo lo último. El psicoanálisis no viene a prometer la conquista de lo imposible. Sí debiera ser el lugar donde agotásemos nuestras excusas por la siguiente pregunta: ¿Has estado a la altura de tu deseo?

Respecto de las circunstancias actuales, creo que vivimos y viviremos épocas de profundas oposiciones, de persistentes intentos de disolución de lo común, de todo aquello que tenga tufillo a resto de Estado Moderno. Los anticuarenta serían -y no sé muy bien todavía qué son – todo aquellos que no ponen reparos en sacrificar todo viejo anhelo de comunidad en pos de la libertad individual. No hay rebelión, eso sí. Si la rebelión supone la proposición de otro proyecto superador del Estado de Bienestar del siglo pasado. Indudablemente hoy gobernar y educar es mucho más difícil que tiempo atrás. Se debe todo el tiempo inculcar y defender valores que constantemente están minados desde la fantasía actual de goce y autorrealización individual. Antes valores como la solidaridad y la tolerancia, por ejemplo, estaban mucho más enraizados en la vida social.

– En muchas conferencias, charlas y clases se le ha oído decir que vivimos en tiempos que se sostienen en base a la construcción de imaginarios que no soportan ser cuestionados. ¿A qué se refiere?
– Pienso actualmente mi lugar de psicoanalista como la de un aguafiestas de la época. Muchas veces me veo en auxilio de personas donde les resulta insoportable la decepción de un imperativo gozante, demandado todo el tiempo en las relaciones sociales. La decepción por no haber gozado lo suficiente, de no haber conquistado el ideal de imágenes que consume diariamente.

Aquí hay un cambio sustancial con el origen de la práctica freudiana. Freud trabajaba sobre la culpa de haber gozado de algo sexual, de algo prohibido en sociedad de la Europa Victoriana. Culpa por la realización inconsciente (deformada) de una fantasía sexual infantil que transgrede el orden moral paterno.

Hoy la depresión es no gozar, explorarse o explotarse lo suficiente. No explorarse lo suficiente guiados por un ideal de goce social que es superador de toda fantasía íntima.

No hay mucho lugar para fantasear en la vida actual, por eso veo una gran debilidad deseante. En el lugar de esa debilidad hay una persistente construcción imaginaria, un "Avatar" de uno mismo, particularmente en las redes sociales.

– ¿A qué remite su teoría de que el analista y el analizante se proponen escribir una novela mediante la experiencia analítica?

– A construir un relato que dé soporte a tanta imagen. A construir una intimidad de ideas, de fantasías ante tanta exposición virtual, muchas veces casi pornográfica.

Narrarme ante otro que pueda hacer una devolución de mi relato me da la oportunidad de ver lo que estoy haciendo de mi vida. La tendencia es a no vernos, sino a exponemos.

Por eso la idea de un análisis como una novela de sí mismo en construcción constante. Poder tener un lugar donde explayar esa maraña de ideas, de pasiones, de contradicciones que sostienen lo expuesto. No es fácil, y coincido con Gabriel Rolón que un análisis exige de una gran valentía del paciente.

– ¿Cambió algo con la pandemia?
– No sé, en el encierro tuvimos que vernos más en nuestra intimidad con el otro. En mi estadística hay más divorcios que embarazos, hay más disoluciones que proyectos. Pero es mi impresión.

– Vamos a un condimento tan importante como es la sexualidad para el psicoanálisis, ¿qué lugar tiene en la imagen? ¿Cómo pensar en el actual contexto la sexualidad desde el psicoanálisis? ¿y el amor?
– Para los griegos Eros era un servidor de Afrodita. Por ellos el amor a la belleza era la vía de acceso a un mundo superior, en escala ascendente desde las formas bellas a las ideas puras. Este es el fundamento del Amor platónico, amor al ideal. Como si lo imaginario de la belleza coincidiera irremediablemente con una verdad simbólica del sentido de las cosas. Nuestra experiencia demuestra que en esta aspiración se debe soportar una decepción. La buena forma o la belleza no es signo incuestionable de una verdad del amor. Tener buen sexo, no es signo de amor. Y a esa paradoja los jóvenes la comprueban cada vez más.

La realización de una imagen es aquello que aspiran nuestras fantasías. Todo el trayecto de un análisis puede definirse en esta aspiración. El análisis empieza cuando el paciente establece al analista en ese lugar de Sujeto Supuesto al Saber. Empieza como la formulación de una propuesta de amor platónico, en la búsqueda de un amor profundo, de un amor Ideal, de un amor que procure la felicidad. Pero veremos que la enseñanza de un fin de análisis es otra: "la de una desazón que nos deja muchas enseñanzas". Que las verdades del amor se revelan más allá de las imágenes cautivantes, y no casualmente, muchas coinciden con la caída de cierta demanda de belleza constante. Y eso mismo pasa en un amor de pareja cuando hay que soportar la caída del enamoramiento inicial, de la fascinación cautivante.

Tesis doctoral
"Estudio comparativo de la noción de síntoma en la obra de Sigmund Freud y en la perspectiva médica y psiquiátrica actual". Link de descarga: https://eprints.ucm.es/id/eprint/34234/

Bio

Néstor Aliani es psicólogo recibido en la Universidad Nacional de Rosario. Doctor en Fundamentos Psicoanalíticos de la Universidad Complutense de Madrid. Titular de Psicopatología 1 de la Universidad Autónoma de Entre Ríos. Autor del libro "Psicopatología, Psicoanálisis y Orden Médico".


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