Opinión
La brecha entre el fútbol europeo y sudamericano se ha estirado notablemente en los últimos años, a tal punto que la gran mayoría de las competencias mundiales se han ido para el Viejo Continente. Acá realizaremos un breve análisis de una diferencia que es cada vez más grande.
VÍCTOR LUDI
Desde que el fútbol se fue convirtiendo en un fenómeno de masas, a tal punto de ser por lejos el deporte más popular del mundo, el planeta estuvo dominado por las dos grandes potencias de la disciplina: Europa y Sudamérica, cuyos representantes se han repartido todas las competencias ecuménicas que se han disputado a lo largo de la historia.
Por un lado, los representantes del Viejo Continente siempre se destacaron por tener un mayor rigor táctico, más preponderancia física y una mentalidad fría a la hora de afrontar sus compromisos. De este lado del mundo, en cambio, sobresalía la calidad técnica y una rebeldía para sobreponerse en las adversidades. Claro está que también siempre hubo excepciones, pero por lo general ésas eran las características de los equipos y selecciones de uno y otro continente.
Sin embargo, como todo, el fútbol fue cambiando. No en su esencia, pero sí en su logística. Y esta evolución fue generando que a un equipo no le alcance sólo con tener jugadores habilidosos o con ser disciplinados tácticamente, sino que debían agregarle de lo otro. Alemania, por ejemplo, entendió esto y dejó de ser esa selección ordenada y fuerte pero tosca, sino que, mediante un proceso de años de trabajo en sus divisiones formativas, ahora cuenta con jugadores ordenados, fuertes física y mentalmente, pero que a su vez son bien dotados técnicamente.
Quizá al fútbol sudamericano le ha costado más aggiornarse a esta evolución, por lo que año tras año se agranda la diferencia entre ambos continentes, la cual se ve reflejada en las estadísticas: los europeos se han consagrado en las últimas cuatro Copas del Mundo, en las cuales sólo hubo tres semifinalistas sudamericanos (Uruguay en Sudáfrica 2010, Brasil y Argentina en Brasil 2014) y un finalista (Argentina en el 2014). De hecho, combinados de otros continentes han elevado más su performance, acercándose poco a poco al nivel de los representantes de la Conmebol.
A las competencias de clubes la disparidad se acentúa cada vez más. Desde que se instauró el Mundial de Clubes, en 2005, sólo tres equipos han podido quedarse con el trofeo: San Pablo en el mencionado año, Inter de Porto Alegre en 2006 y Corinthians en 2012. Todos los otros festejos fueron para equipos europeos. Incluso hubo ganadores de la Libertadores que quedaron en camino antes de la final, algo que es difícil de imaginar que le ocurra al campeón de la Liga de Campeones de Europa.
Recientemente Chelsea se coronó en la Champions League demostrando una solidez defensiva, un ritmo y una velocidad difícilmente de equiparar para cualquiera de los equipos que hoy compiten en nuestro continente.
¿En Sudamérica nos quedamos en el tiempo y no supimos ver que el fútbol ha cambiado? ¿Cuánto influye la escasés de proyectos a largo plazo? ¿Las diferencias económicas entre un fútbol y el otro impiden que se mantengan los buenos equipos sudamericanos? ¿Algún equipo argentino podrá consagrarse en el Mundial de Clubes? ¿Cuándo la Copa del Mundo volverá a Sudamérica? Muchas preguntas sin respuestas concretas, aunque evidentemente estamos cada vez más lejos…




















