Lo único rescatable
Una vez más, los jóvenes de la cantera fueron los únicos que dieron la cara en un pésimo semestre rojinegro. Alguna vez Gerardo Tata Martino soltó una frase que, seguramente, no pensó que tendría tanta repercusión para graficar el momento de su querido Newell’s: “Nada pasa por casualidad, lo que pasa es porque lo buscamos”.
Daniel Domínguez deportes@miradorprovincial.com
Esa expresión, contextualizada durante la última gran alegría que tuvo el pueblo leproso, se terminó haciendo piel para graficar el otro extremo; uno de los peores momentos deportivos e institucionales que atraviesa el club del Parque Independencia.
En el mundo rojinegro nada de lo que pasa es casual. La mala gestión de la actual comisión directiva, los continuos problemas económicos y las flojas campañas son solo un reflejo de todo lo que se viene haciendo mal.
Entre tanta oscuridad, lo único rescatable de un pésimo semestre fueron los pibes de la cantera. Y acá, otra vez, la historia se repite. Es que todos se quedan con los flashes de los equipos campeones, como aquel del Piojo Yudica con todo el plantel surgido de las inferiores, o el mencionado equipo del Tata, pero hay que ir un poco más allá y recordar épocas de jóvenes jugadores que después terminaron haciendo una gran carrera, que sacaron la cara por el club cuando los resultados ni los refuerzos aparecieron.
Así, es bueno recordar que alguna vez, Sebastián Cejas se hizo “grande” en medio de Luis Islas, Sergio Goycochea o Ignacio González, para terminar adueñándose del puesto con apenas 19 años. En la zaga central, Fernando Crosa o Gabriel Heinze se terminaron de “formar” a los golpes, cuando los refuerzos de la era López defeccionaron.
El Piojo Damián Manso, por caso, comenzó a formar su idilio con la gente leprosa con solo 16 años, con Newell’s último a mediados de los ’90 enfrentando al Boca de Maradona, Caniggia y Bilardo. Esa noche, los rojinegros se impusieron 1-0 con gol de Hernán Franco, otro pibe por aquel tiempo, en cancha de Central.
Hoy, con Sebastián Peratta fuera del club, con unas elecciones que no saben cuándo se podrán realizar y con Germán Burgos con un pie y medio fuera de Bella Vista, los chicos son los únicos que se quedan.
En este semestre, más allá de resultados, se pudieron ver en campo, algunos nombres que, contenidos y con una planificación a mediano plazo, puede dar sus frutos. Después de probar con Ángelo Gabrielli en el ciclo de Kudelka o con Facundo Nadalín y hasta Manuel Capasso con el Mono Burgos, apareció en los últimos partidos Patricio Acevedo. El Pato, categoría 2002, terminó demostrando personalidad para “bancar” tres partidos que nadie quería jugar: Sarmiento, Palestino y Goianiense.
Casos similares fueron los de Milton Leyendeker y Facundo Mansilla en la zaga, después de que Yonathan Cabral diera positivo de covid, Cristian Lema se lesionara y Capasso tampoco diera la talla en ese puesto. Lo más probable es que los dos primeros no sigan después de junio.
En el medio, lo poco rescatable estuvo por la aparición de Diego Calcaterra y la consolidación de Juan Sforza como volante defensivo. Jerónimo Caccibue, un pibe con mucha experiencia, otra vez debió batallar con lesiones justo cuando venía levantado su nivel.
En la faz ofensiva, Ramiro Sordo, Luciano Cingolani y Nicolás Castro tuvieron su oportunidad para demostrar que no son menos que alguna incorporación de relleno que llega para hacer bulto en cada mercado de pases.
Otros nombres que quizás no tuvieron tanta continuidad o visibilidad como los mencionados, pero que también pudieron probar su valía son Manuel Llano, Mateo Maccari, Brian Aguirre, Román Bravo y Misael Jaime.
Los dirigentes deberán dejar los egos de lado y llamar a una unidad a la hora de la elección del próximo DT y el armado de un plantel que, otra vez, va a tener que pelear para sumar puntos para que en la temporada 2022 no sobrevuele el fantasma del descenso. Sin cargar con una mochila imposible de sobrellevar, los juveniles leprosos demostraron que pueden contar con ellos. Ahora los “grandes” deberán resolver cuestiones de fondo para que otra vez no se queden solos.



















