Reinventarse en pandemia
El covid-19 los dejó en la calle. Sin embargo, supieron encontrarle la vuelta para poder ponerse de pie y sobrevivir a la pandemia con empleos nuevos. En algunos casos con innovaciones de por medio.
Por Ignacio Pellizzón
El covid-19 está generando estragos en la economía mundial y esto se ve repercutido en millones de empleos que se van perdiendo día a día por el stop social obligado que provoca la pandemia. Dejar de moverse implica dejar de trabajar para muchas personas. Y se nota.
En medio de la segunda ola, tras el coletazo de la primera en 2020, son muchos y muchas las desempleadas que volcaron toda su creatividad e ingenio para tratar de salir a flotar y no permitir que el virus les derrumbe, además, sus sueños.
Con un 45% de la población bajo la línea de la pobreza, según el último informe del observatorio económico de la UCA, la fase 1 que rige desde este fin de semana es un factor fundamental para que este índice se siga incrementado.
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El freno de mano por completo de la economía nacional, sumado al altísimo grado de informalidad laboral que existe, empujó a que un gran sector de la población se ubicara por debajo de la línea que determina si se es o no pobre, de acuerdo a los ingresos.
Pero hay una buena noticia. Millones de argentinos y argentinas se levantan todos los días intentando encontrar alguna actividad que les permita mantenerse. Se lanzan a realizar actividades secundarias a las que tenían previo a la pandemia, pero que les permiten llegar a fin de mes o, por lo menos, subsistir en la cuarentena. Mirador Provincial recolectó algunos ejemplos.
Innovación y esperanza
Uno de los ejemplos esperanzadores es el de María Victoria Omegna. Ella tiene 45 años, es chef y trabajaba en un importante bar de la zona de Pichincha. Si bien nació en Argentina vivió muchos años en España, porque su madre es de Galicia, Santiago de Compostela; y su padre era italiano, con lo cual viajaban mucho.
Hace más de 25 años que se instaló en el país y en Rosario. Empezó a trabajar como chef y jamás se imaginó que iba a terminar teniendo un trabajo como el actual. “Cuando comenzó todo esto el año pasado, que había que respetar ciertas reglas para cuidarnos entre todos y que se fue extendiendo una semana, dos semanas, tres semanas, pues me di cuenta que algo había que hacer, porque el bar no estaba funcionando”, relató
“Lo primero que se me ocurrió fue fabricar barbijos. Vivo en un departamento en pleno centro y estoy con otra chica, así que nos asociamos y nos pusimos a ver cómo hacerlos. Pero en tema telas, por ejemplo, las empresas antes de que vinieran de Buenos Aires ya tenían pactos con textiles de Rosario, por ende, se nos estaba complicando. Sabía que tenía que hacer algo, pero no sabía qué para tratar de salir de esta situación”, siguió.
Entonces, “se me ocurrió que podría hacer delivery” por la reconocida app. Una actividad habilitada y que “está trabajando bien”. “Me contacté con gente amiga que ya trabajaba en una de las aplicaciones más utilizadas y, así, fue que empecé a dedicarme a esto; y estoy tratando de salvarme de la situación y adaptarme a esta coyuntura, es la readaptación como consecuencia de una pandemia mundial”, detalló María Victoria Omegna.
Cuando la primera ola mermó, la joven inauguró su propio negocio de venta de hamburguesas gourmet (La Bastarda Hamburguesería en Instagram). “El problema que surgió fue que los vecinos no estaban muy contentos con lo que implica la cocina y demás”.
“Por eso -continuó- volví a hacer delivery para juntar más dinero y poder ponerme mi propio local y formalizar, de alguna manera, mi emprendimiento; además, pienso mudarme porque el alquiler se fue por las nubes y de paso podré ahorrar más dinero en pos de mi objetivo final”, concluyó esperanzada.
Otro caso de resiliencia laboral es el de David Fernández. En sus 38 años de vida jamás pensó que iba a tener que sobrevivir de otra manera que no fuera con su proyecto de fabricar máquinas especiales, como por ejemplo para peluquerías.
Ni siquiera soñó con la posibilidad de que los negocios que estaba “cerrando” en Paraguay y Colombia se fueran a detener repentinamente por una pandemia mundial que obligaba a todos a irse a sus casas y no salir por prevención al contagio de una enfermedad llamada coronavirus.
Al igual que a muchos que perdieron sus actividades principales, lógicamente, las cuentas siguieron llegando “y había que pagar el alquiler, el contador, entre otros”, relató a Mirador Provincial.
Así que cuando comenzó este problema “empecé a estudiar el tema de fabricar barbijos para mí, para mis amigos; después me puse a fabricar una máscara para mí”. “Seguí investigando y me di cuenta que el barbijo, por lo que se decía en aquel momento -el año pasado-, tenía que ser de una tela especial y no la conseguía. Además de que no veía una prosperidad en ese negocio”.
Por lo tanto, “me volqué de lleno a trabajar en una máscara y a investigar”. Y así, fue que “pasé de tener el primer lunes de cuarentena 250 pesos a poder pagar mi alquiler, mi contador, servicios”.
De hecho, el emprendimiento tomó forma y “comencé a fabricar una máscara especial para peluqueros; fui mejorando los materiales con policarbonato de un milímetro” señaló y dijo que “las máscaras rondan los 400 pesos y las antiparras unos 300”. “Trato de mejorar todos los días el producto. Sigo trabajando en esto”, afirmó.
La idea tomó tanto vuelvo que hasta creó la marca “Queravid”. “Me lancé a comercializar a través de clientes que ya tenía y a través de las redes sociales, incluyendo mi estado de WhatsApp y, también voy al Mercado de Productores a vender la máscara. Es un proyecto al que le veo futuro a largo plazo”, aseguró David Fernández.
Pero no sólo eso. El joven emprendedor también quiso innovar en materia de juguetes. Con muchas ganas y empuje comenzó a fabricar camiones, tractores, máquinas sembradoras, entre otros vehículos vinculados al rubro agropecuario.
“Lo particular de estos juguetes es que funcionan de verdad. Es decir que la máquina que siembra lo hace realmente. Ya hice pruebas con distintos clientes que quedaron muy contentos”, señaló.
El emprendimiento está funcionando “muy bien”, al punto de que ya patentó su propia marca: Queratoys. Los productos tienen un costo aproximado de 50 dólares, dependiendo de qué juguete se trate, tamaño, entre otros.
Crisis laboral en pandemia
Los organismos internacionales como la OIT (Organización Internacional del Trabajo) advierten, según su último informe, que el efecto de la pandemia global sobre el empleo va a ser "devastador" y superará con creces lo sucedido durante la crisis financiera mundial de 2008-2009.
El covid-19 hará desaparecer mundialmente, solo entre abril y junio de este año, el 6,7% de las horas de empleos, lo que equivale a la pérdida de 195 millones de puestos a tiempo completo. De hecho, la agencia de la ONU advierte que 4 de cada 5 trabajadores a nivel mundial ya está sufriendo las consecuencias de los confinamientos totales parciales de ciudades enteras que muchos gobiernos se han visto forzados a imponer.
Además, el documento de la OIT prevé que la región de Latinoamérica y el Caribe pierda 14 millones de puestos de trabajo, mientras que Centroamérica verá destruidos 3 millones de empleos.





















