Un paceño en Portugal
La historia de un empresario paceño que emigró dejando todo. Contó a MIRADOR ENTRE RÍOS cómo es su vida en Europa, sus recuerdos y los motivos que lo llevaron a tomar esa decisión.
Conrado Berón
redaccion-er@miradorprovincial.com
En tiempos de crisis, es normal ver en todos los medios del país repetidas historias de jóvenes que dejan la Argentina en busca de un futuro mejor. Este fenómeno migratorio que tuvo un pico en 2001, se viene repitiendo en estos tiempos.
Lo que no es tan normal es que el migrante sea una persona de más de 50 años y que lo haga casi en soledad.
Edgar Rubén Garnier tiene 59, años nació el 29 de marzo del 62 y tiene tres hijos. Carolina (35 años), que vive en Lisboa y trabaja como broker inmobiliario; Nicolás (34 años) que vive en Madrid, es actor y músico; y Candela (17 años) que vive en La Paz y está terminando el sexto año del secundario, para luego el año que viene emigrar a España, a estudiar.
Edgar, más conocido como “Bencho” en su ciudad natal, hace seis meses que está viviendo en Portugal, más precisamente en la ciudad de Tavira, provincia del Algarve, que queda al sur, a 25 km de la frontera con España.
El empresario tenía una cadena de heladerías y panaderías en la ciudad del norte entrerriano y estaba terminando de construir una fábrica de helados en un gran proyecto de expansión. Pero algo pasó. Se cansó y se fue. Como tantos otros argentinos. MIRADOR ENTRE RÍOS habló con él para conocer su historia.
—¿Por qué te fuiste del país?
—Me fui de la Argentina porque me cansé del sistema en general, inflación, inestabilidad, el cambio de las reglas de juego permanente, la falta de sistema financiero que apoye realmente a las empresas sobre todo a las Pymes, falta de seguridad jurídica, leyes laborales que hacen imposible tener empleados y bueno, la lista sería muy larga para enumerar.
—¿Te costó tomar la decisión?
—No fue nada fácil ya que tuve que desarmar la empresa que tenía, con más de 21 empleados, y me llevó dos años hacerlo, pero la decisión era más fuerte que todos los desafíos que vendrían por delante.
En febrero del 2018 decidí no trabajar más en la Argentina, primero estaba por mudar la empresa a Asunción del Paraguay pero como yo ya tenía ciudadanía italiana se me hacía más fácil Europa. Empecé a buscar información de Portugal y también ayudó el hecho que mi hija Carolina se venía a vivir a Lisboa y que yo tenía un amigo en Tavira, con el que hablé muchas veces pidiéndole información y después, obvio, con el Google todo el tiempo.
Los cambios
—¿Por qué Portugal?
—Porque es un mercado que tiene un potencial muy grande de crecimiento en lo turístico y ya van tres años que sale como mejor destino europeo, al sur, los europeos lo han tomado como su propio “Caribe”, por las temperaturas elevadas del verano. En el año 2019 ingresaron más de 9 millones de turistas a la región del Algarve, que son 240 km de playa con un aeropuerto internacional, que está en su capital Faro, en el centro de la provincia.
—¿Hubo un quiebre que te llevó a irte sin pensarlo más?
—Hubo un quiebre, en diciembre del 2017, que me hizo pensar que el gobierno de Cambiemos era más de lo mismo y que no se iban a poder hacer las reformas profundas que necesita la Argentina para poder invertir y trabajar, entonces terminada la temporada de verano 2017/2018 tome la decisión y dije basta; en la Argentina no invierto más, ni trabajo más; entonces ahí empecé a ver qué podía hacer y dónde.
—¿Cómo es la vida allá?
—La vida acá es espectacular, estoy viviendo a cinco minutos del mar, yendo en auto, es muy tranquilo el lugar y tiene mucha seguridad. Tavira es una ciudad de 28.000 habitantes y en temporada de verano se transforma en una ciudad de 180 mil personas, la gente es muy amable y todo funciona. Obvio que en este momento la historia es diferente porque estamos atravesados por la pandemia del Covid-19, como todo el mundo.
—¿Cuál es la principal diferencia entre la sociedad argentina y la portuguesa?
—La diferencia es que acá en Portugal hay más orden y seguridad. La gente transita la vida más relajada y hace caso a las directivas oficiales. Lo importante es estar dentro de la Unión Económica Europea, siendo un país chico tenés también la posibilidad de una enorme expansión en un mercado de 400 millones de habitantes.
—¿Qué extrañas más?
—Lo que más extraño es parte de mi familia que quedó en Argentina, mis amigos, mi ciudad, donde uno hizo inversiones para morir ahí y donde fui presidente del Centro Comercial de La Paz por más de ocho años; también fui presidente de APER, la institución que maneja el parque industrial donde yo tengo la fábrica de helados y masa congelada, la que alquilé. Además extraño a la gente de mi ciudad, pero bueno uno nunca sabe los designios de Dios para tu vida.
—¿Qué creés que debemos mejorar como sociedad?
—La sociedad argentina se va alejando, lamentablemente, cada vez más de los buenos usos y costumbres que acá se preservan bastante, porque tenés instituciones que funcionan. Nos llevan más mil años de ventaja y el deterioro económico y moral de Argentina hace más grandes las distancias.
Planes
—¿Cuáles son tus planes a corto y mediano plazo?
—Mis planes ahora lamentablemente se abortaron por la gran incertidumbre que hay con respecto al verano y ya tendría que estar fabricando helados, me voy a quedar a pasar el verano acá en Portugal y luego regresaré a Argentina hasta febrero de 2022. Voy a esperar que el mundo pueda estar un poco más normal, entonces sí poder desarrollar el proyecto que yo traía para este año, que básicamente consiste en poner una pequeña cadena de helados en las principales playas del Algarve centralizando la fabricación en un lugar. Tengo gente conocida que tiene interés en invertir en este formato de negocios porque no quieren enterrar más dinero en Argentina.
Lo único que quiero es poder trabajar en paz y con reglas claras y sin inflación e inestabilidad. Poder saber que tengo que pensar sólo en “¿cómo hago crecer mi negocio?”, y no en todos los vaivenes de la economía que tiene Argentina, lamentablemente hasta que nuestro país no solucione el problema del gasto público y su macroeconomía, no tiene salida. Es muy triste ver al país desbarrancarse económica y socialmente. Muy triste.




















