Balance Patronato
El conjunto Rojinegro culminó su participación en un nuevo campeonato en la máxima categoría del fútbol argentino, con la histórica victoria frente a Boca, aunque con un sabor amargo por no poder sumar de visitante y la seguidilla de siete derrotas al hilo. De cara a lo que viene, en el puesto 23 de los promedios.
Gabriel Obelar
Patronato cerró el torneo de la mejor manera posible, haciendo historia, consiguiendo la primera victoria frente a Boca después de siete partidos, en lo que el hecho más relevante, hasta ese resultado, había sido el empate 1-1 en la Bombonera.
Pero por sobre todas las cosas, terminó de cerrar un torneo flojo, con el mejor rendimiento colectivo y en varios aspectos individuales, también, que resaltaron y lograron darle un salto al equipo frente a bajas por COVID-19 y por lesiones.
De menos a más
Así fue el torneo del Rojinegro desde la Fecha 1 en Córdoba frente a Talleres, hasta la última con Boca, donde el funcionamiento fue de esa manera, con irregularidades en el juego durante 90 minutos, con primeros tiempos buenos y segundos malos, o viceversa, con primeras mitades muy malas y complementos buenos.
También, en lo más importante, los resultados, fue de menos a más, de perder 4-2 dos partidos, a caer solo por 1-0 y sin merecerlo, como frente a Newell’s y Vélez, por poner dos ejemplos relevantes.
En relación a las rachas y números, donde no se debe analizar en muchas ocasiones este hermoso deporte, Patrón fue de mal a muy bien. El conjunto paranaense tuvo un inicio para el olvido y que repercutirá en un futuro, en caso de no continuar con la seguidilla positiva con la cual finalizó la Copa de la Liga.
Los dirigidos por Iván Delfino cosecharon siete derrotas de manera consecutiva, todas en el arranque del campeonato, que determinó el peor inicio de a Patronato en el profesionalismo, un hecho que no ocurría desde la temporada 2001/02 en el Argentino A.
Pero a su vez, más allá de que el equipo heredó la racha de Gustavo Álvarez, llegó a nueve partidos sin ganar en condición de local, la seguidilla más negativa en el profesionalismo en el Estadio Grella, que solía ser una fortaleza, que lo terminó siendo en el final.
Tocó fondo y cambió
Patronato sabe lo que es tocar fondo, en sus 107 años de historia, lo ha sufrido. En la Copa de la Liga Profesional, frente a Lanús, llegó a esa situación. Iván Delfino, quién fue bancado por la dirigencia tras caer ante Huracán en Paraná, fue crítico y muy duro con sus dirigidos.
“Hay que preguntarle a los jugadores si bancan el proceso”, lanzó en primera instancia y resaltó: “Me voy a dedicar que los jugadores que quieran al club, estén dentro de la cancha”.
Las declaraciones tuvieron un efecto más que positivo en el plantel, que sintió el reto público del entrenador y que acusó reacción en la seguidilla de partidos, claves, que debía afrontar con rivales directos.
Por la Fecha 8, en la capital entrerriana, Patronato torció la racha negativa, venció 2-0 a Aldosivi, que llegó como la revelación y empezó a encaminarse y consolidarse como el equipo que buscaba el cuerpo técnico, sólido en defensa, aguerrido en la mitad de cancha y punzante arriba.
Días después, en Sarandí, la alegría se multiplicó al hacer historia, con el primer pase a 8vos de final de la Copa Argentina, al pelear con Lanús, a quién le empató el partidos en dos ocasiones y en los penales, fue más el Negro, que ahora espera rival para seguir trascendiendo en la competencia más Federal de AFA.
Pero lo que terminó de definir la levantada, fue el triunfazo 4-1 ante Gimnasia y Esgrima de La Plata en barrio Villa Sarmiento, con una producción a la altura de las circunstancias, con la participación de varios protagonistas, que terminaron de ser claves para la idea final del Viejo Delfino.
La cuestión de visitante no cambió, en el resultado, porque frente a Newell’s y Vélez, el funcionamiento estuvo por encima de ambos elencos locales, pero con el arco en cero que decretó derrotas, por detalles que volvió a sufrir, como gran parte del torneo. De igual manera, en casa, venció al duro Sarmiento de Mario Sciacqua y la frutilla del postre, el triunfo 1-0 ante Boca, con una superioridad colectiva importante.
Final para la historia
Como se mencionó anteriormente, Patronato logró vencer por primera vez en sus 107 años al club más ganador del fútbol argentino en cuanto a títulos, un hecho que se magnifica al ser en condición de local, pero por lo que significó en otros detalles.
La victoria ante Boca, decretó la cuarta victoria de manera consecutiva en condición de local en el Estadio Presbítero Bartolomé Grella, por primera vez en Primera División. Si bien el Rojinegro tuvo importantes rachas sin caer en su campo de juego, nunca había logrado cuatro partido al hilo en la máxima categoría, siendo la última vez, el sprint final del Torneo Nacional 2015, donde consiguió el ascenso a Primera.
Como hace casi seis años, Iván Delfino volvió a ser la pieza más importante de la historia de la institución entrerriana, al ascenso, se le suma que el entrenador se coronó como el Director Técnico más ganador del profesionalismo de Patronato, con 30 victorias en 63 partidos disputados, prácticamente la mitad de lo que dirigió y frente a un nuevo grande que cayó en Paraná (anteriormente River lo hizo en dos ocasiones e Independiente en una).
“Fuimos un equipo"
Más allá de los números y las rachas positivas y negativas, el aspecto más relevante del campeonato que cerró Patronato, fue el análisis final que resaltó Iván Delfino: “Terminamos siendo un verdadero equipo”.
A lo largo de la competencia, el Negro se debió adaptar a las bajas por lesión o producto de la pandemia, que en más de una ocasión, dejó diezmado al plantel profesional, que debió reacomodarse, pero no lo sintió.
Y desde el funcionamiento colectivo e individual, es donde terminó de redondear un gran torneo Patrón, porque frente a tantas dudas en el arranque y de golpes que torcieron la parte anímica del equipo en varios partidos, se dio un giro de 180 grados.
Con la primera victoria, ante Aldosivi, después no importó quién fuese titular, seguramente cambió en la diagramación de un partido, pero Iván Delfino encontró respuestas desde el banco de suplentes y hasta en las variantes.
Conformó una columna vertebral, que debió mutar, pero aquél que ingresó, cumplió, estuvo a la altura y no modificó, prácticamente en nada, la idea y filosofía de juego. Nicolás Delgadillo, el más irregular de todo el plantel, fue clave, Sebastián Sosa Sánchez tardó en llegar y terminó siendo importantísimo, por sobre todo, porque elevó el nivel de Junior Arias, que alternó más malas que buenas, pero fue otro que redondeó un gran torneo.
En el aspecto defensivo, es donde más se notó este punto positivo, porque los centrales cambiaron, pero no se rompió la rigidez. Rolando García Guerreño fue el primer o segundo central, con malas y buenas, pero acoplándose a las necesidades. Oliver Benítez con ausencias por coronavirus, cuando entró, cumplió, como también Dylan Gissi y hasta los propios Sergio Ojeda y Juan Guasone.
En el lateral derecho, Lautaro Geminiani fue lo mejor, la vara la dejó alta, pero Leandro Marín cumplió de buena manera, por el otro sector, Gustavo Canto creció en el puesto y fue difícil reemplazarlo.
Bruno Urribarri tuvo otro rol y lo coronó de la mejor manera, siempre desde el banco, como Lautaro Torres, que hizo historia, pero se bancó la inactividad para cumplir siempre que le dieron la oportunidad, como Martín Garay, de más a menos, pero con el overol en muchas oportunidades, con Franco Leys dando argumentos de porqué lo eligió Delfino a pesar de los antecedentes y pocos partidos como profesional.
En el debe, quedó ver más a Tito Canteros, la jerarquía que en el final, al lado de Leys, mostró su mejor versión, pero desde la pelota parada, hay solución y materia para explotar, una vía que sabe usar el cuerpo técnico, que buscará refuerzos, pero sabe que hoy arrancará con otra cara, porque Patronato terminó feliz y en el puesto 23° de los promedios, con nulo margen de error, pero con mucho por creer.
Un ciclo que recién empieza
Ezequiel Re
Durante la Copa Liga Profesional hubo procesos que se interrumpieron y otros que estuvieron en la cuerda floja. Sin ir más lejos, en la última fecha Racing y San Lorenzo definían el pasaje a cuartos de final y además la continuidad de un proceso. Perdió el Santo y Dabove se fue. Ganó la Academia y Pizzi continuó.
El fútbol argentino vive un histeriquismo tal vez aumentado por la poca posibilidad de ir a la cancha y exteriorizar.
Puede que el Covid 19, en ese sentido, haga estragos en el perfil del futbolero apasionado. Muchas horas frente a la tele, muchas horas de consumo de programas donde el “se va” o “se queda” es moneda corriente de análisis sobre la continuidad o alejamiento de un técnico.
¿Qué pasó con Iván Delfino? Patronato volvió a demostrar, una vez más, que trata de estirar sus decisiones y dejar avanzar los tiempos sin tomar resoluciones apresuradas. Al Santo, salvo en los tumultuosos años 2000, donde entre crisis de resultados y avatares económicos tuvo una seguidilla de entrenadores bajo un mismo torneo, después siempre respetó contratos o esperó para arbitrar medidas.
En cualquier club siete derrotas consecutivas y un equipo en descenso marcarían el adiós del DT. No en Patronato. Confiaron en Delfino, quien además fue el técnico que lo ascendió. Pero aparte de la confianza, se veía en cancha que el equipo no estaba mal. Incluso mereció mejor suerte en varios juegos. Algunos se animaron a tirar la famosa frase “ciclo terminado” y de yapa pidieron cabezas de dirigentes en tiempos en que lo mejor es bajarse respetuosamente de la interna y acompañar el duro momento que le tocó vivir al club, tras la pérdida de su presidente Miguel Hollmann.
Desde el sector opositor de Sebastián Bértoli no solo que no acompañaron sino que en plena pandemia solicitaron agilidad para ir a la Asamblea y elegir autoridades. Aprovecharse del mal momento. El propio Bértoli funcionario del Becario le solicitó a Personería Jurídica que accione.
Pero la dirigencia, como ha ocurrido históricamente, bajó la cabeza y siguió trabajando. Al igual que Delfino y sus jugadores.
De allí que se festeje tanto el triunfo con Boca. Que no asegura la permanencia porque esperan torneos durísimos. Pero realza la confianza, inspira respeto del rival de turno y genera posibilidades de pelear por mantener la categoría. Y se trata de una entidad sin deudas. El único del profesionalismo en el país.
También queda claro que la pelota seguirá rodando, que habrá elecciones y Asamblea. Pero de algunas cuestiones de pésimas decisiones humanas no se vuelve.




















