jueves, abril 23 2026

Novela gráfica de Arlt

La primera novela gráfica de la dupla Diego Rey y Santiago Sánchez Kutika abraza la ficción retratando no solo los años como periodista policial de Roberto Arlt en el diario Crítica sino el trasfondo de una hostil Buenos Aires de fines de la década del ’20.

Cristian Oliva

Aún hoy y pese a los infinitos ensayos que se han escrito en torno a la figura del novelista, periodista y dramaturgo argentino Roberto Arlt, cierto desconcierto o misterio sobrevuelan su figura. Una imagen si se quiere lejana, característica que quizás encuentra justificación en el tardío reconocimiento que los propios colegas y medios hicieron de su pluma. Su verdadera trascendencia llegó sobre el final de su vida (falleció tempranamente a los 42 años) cuando comenzó a asomar una calificación de la que en la actualidad nadie tiene dudas: Roberto Arlt es el primer gran novelista moderno de nuestro país.

Uno de los autores que sin dudas permitió trazar nuevos caminos en la concepción de la estética literaria argentina. Sus obras más populares y reconocidas como el “El juguete rabioso”, “Los lanzallamas” y “Los siete locos” lo demostraron presentando una cuanto menos innovadora labor narrativa. A través de una forma de contar coloquial y empática, centrada en personajes de clase media baja con claras carencias tanto económicas como afectivas, se permitió reflexionar sobre temas como la marginalidad y las frustraciones ante las desigualdades de clases.

Arlt ejercitó una literatura de vanguardia donde predominaba la temática social y las ideas de izquierda. Hay quienes incluso afirman que su voz se vio beneficiada por cierta falta de estructura académica. Su formación fue autodidacta, de potrero, de barrio y barro, pero de una estética muy autentica.

Alejado de su hogar paterno y preso de una situación económica apremiante, Arlt decidió autoeducarse. Su pasión por la literatura y la lectura lo llevaron a pasar infinitas horas en bibliotecas y bares de su barrio donde se formó y tomó contacto con los grandes autores de la literatura y el periodismo.

Lo distinto suele ser resistido y el trabajo de Arlt no fue la excepción. Lo acusaban de mal escritor, de tosco, de carecer de un olfato refinado. Diferencias aún más notorias si consideramos que en un capricho del destino el lanzamiento de su primera novela en 1926 (“El Juguete rabioso”) coincidió con “Don Segundo sombra” publicada por Ricardo Güiraldes. ¿Cómo evitar la comparación? Dos ficciones, dos estilos, dos modos de ver el país.

Mientras esperaba que el tiempo le diese la razón y tras la experiencia de esa primera escritura, Arlt abrazó como medio de subsistencia al periodismo. Oficio en el que supo hacerse un lugar y tomar aún mayor contacto con esa realidad hostil que ofrecía Buenos Aires.

Desde 1927 a 1928 un Roberto Arlt de 27 años trabajó como redactor de crónicas policiales en el diario Crítica, dirigido por Natalio Botana. Este aprendizaje así como su recorrido por distintos escenarios y personajes del bajo mundo local le servirán como inspiración para dar forma a la influyente novela “Los siete locos”.

Esta faceta si se quiere desconocida o poco revisitada del autor es recogida por la novela gráfica “Roberto Arlt cronista criminal” editada por el sello Hotel de las ideas. Allí Diego Rey como dibujante y Santiago Sánchez Kutika al frente de los guiones transitan esos años no solo ofreciendo un relato de ficción fresco e informal sino acercando, en una suerte de contemporaneización, a los nuevos jóvenes una de las figuras más importantes de la cultura nacional.

Roberto Arlt, cronista criminal
La novela gráfica editada por Hotel de las ideas se presenta a través de 112 páginas en un clásico formato 17 x 23 cm. Cuenta con prólogo de la docente e investigadora de Conicet Claudia Román.

Desde su inicio entendemos que la obra se posiciona en la vereda de enfrente respecto a lo que ha hecho en numerosas ocasiones la historieta cuando se enfrenta a este tipo de trabajos y personalidades. Lo de Rey y Kutika no responde a una biografía ni tampoco es la adaptación de alguna de las novelas más populares del autor. La dupla improvisa una tercera opción entendiendo el abanico de posibilidades que permite una figura como la de Roberto Arlt.

En relación a la gesta del proyecto, su guionista expresa: “Comenzó a tomar forma por una idea de Diego, que luego fuimos desarrollando en conjunto. Teníamos ganas de trabajar sobre la vida de Arlt, pero no en la forma de una biografía tradicional. Desde ese momento, comenzamos a investigar y a documentarnos, no solo sobre la vida del escritor, sino también sobre las redacciones de la época, los diarios como usina y núcleo de escritores, espacios de gran creatividad y también como lugares de trabajo, donde estos personajes se ganaban la vida escribiendo. Esa idea comenzó en 2017 y tuvo un desarrollo hasta mediados del año 2020. Participamos de un taller de desarrollo de proyectos a cargo del guionista Diego Agrimbau en el que le fuimos dando forma. Por otra parte, en ese tiempo, el proyecto fue premiado por el Fondo Nacional de las Artes (en su edición 2017) y por el concurso PAR de la Universidad de La Plata”.

“Roberto Arlt, cronista criminal” hace un recorte en el tiempo y describe el pasaje del escritor por el diario Crítica como redactor de crónicas policiales. Un trabajo fijo, estable que lo llevará a codearse con otros narradores, poetas y periodistas de la época como Raúl y Enrique González Tuñón o Nicolás Olivari. Si bien existe una meticulosa investigación por parte de la dupla, lo cierto es que la obra se permite jugar poniendo el acento en la ficcionalidad del relato.

“Nos pareció interesante ese período de la vida de Arlt porque todavía no había publicado Los siete locos y era una oportunidad de mostrar una parte de la formación de ese texto tan importante en nuestra literatura. Y, además, porque nos permitía entrar a su trabajo como redactor, en el que se encuentran artículos súper interesantes sobre la vida (en especial, con un enfoque policial) de aquella época. Y ese espacio de la redacción nos permitió mostrar cómo funcionaba (o cómo nos imaginamos que funcionaba): un espacio de constante roce, colaboración (y a veces competencia) entre los redactores”, sostiene el autor.

Un fragmento de vida donde el escritor también es su contexto, los lugares que visita, las personas con las que se rodea y los acontecimientos mundiales que atraviesa. Arlt participa en trasnochadas reuniones, discute, visita bares, toma apuntes, transita las calles y es uno más con la Buenos Aires de la década del ’20.

La labor periodística de Arlt no solo estaba circunscripta a la publicación de columnas donde reflexionaba en torno a la realidad política y social de esos años, sino también a la presencia de cuentos y relatos. Posteriormente muchos de estos textos fueron recopilados en obras como “El jorobadito” y “Aguafuertes”.

La novela gráfica toma algunos de ellos con el fin de acercar la figura del periodista a un nuevo rol que no es otro más que el de detective. La obra descansa en ellos instalando cierta nostalgia por la aventura perdida. La historia atravesada por la incidencia del periodista. El recurso de Santiago Sánchez Kutika es genuino y el saldo más que positivo.

El caso más claro de ellos es la circunstancia en la que Roberto Arlt logra impedir el suicidio de una mujer en un cuarto de pensión. Llega con pinta desgarbada y cigarrillo en mano recordando a personajes como Columbo.

Otras notas policiales también se plasman: la misteriosa muerte del concejal Carlos Ray, un polaco con ansias de revolución financiada por prostíbulos, etc. El retrato de estos casos no son sino la mejor excusa que la edición de Hotel de las ideas encuentra para describir el ascenso del propio Arlt como escritor, las salas de redacciones y los microclimas de la época. Años de curiosidad e iniciación en los que Arlt es atravesado en su oficio de periodista por la literatura. “Roberto Arlt, cronista criminal” eleva la apuesta atravesando ese lenguaje por el de la historieta, género tanto o más denotado que el personaje que describe.

En cuanto al dibujo Diego Rey opta por una escala cromática particular para narrar cada uno de los episodios. Las paletas acompañan delimitando momentos, fragmentos y acciones del relato. Los diálogos y textos son medidos en una clara intención de brindar un mayor protagonismo a la imagen.

El color dice todo aquello de lo que se privó el texto. El naranja abunda en las calles mientras que los marrones lo hacen describiendo las oficinas de redacción. Hay tonos verdes y azules. La técnica es impecable y permite, por si fuera poco, agilizar la lectura. En relación a esto el dibujante nos decía: “Tratamos de evitar el blanco y negro para la historia, que la escala cromática tenga que ver con lo que estamos contando, los diferentes pasajes emocionales de la historia, por eso los azules corresponden a los velorios de su padre y Guiraldes y a la muerte de ‘el facineroso’, los naranjas para los pasajes más intensos y los verdes en donde se mezcla con la vida personal de Arlt. La elección de que la redacción esté en marrones tiene que ver con que era el mejor color para reflejar la cotidianidad de ese escenario, esa cosa monótona de la que uno quiere escapar de cualquier forma, muchas veces con bromas pesadas”.

“Robert Arlt, cronista criminal” sale de la solemnidad y hermetismo propios de las adaptaciones del género. Hay una notoria investigación que empujada por una incuestionable osadía consigue revitalizar a uno de los escritores más significativos de nuestro país.

Los artistas
Santiago Sánchez Kutika

Nació en 1987 en la ciudad de Buenos Aires. Es editor y guionista. Estudió dirección en la Universidad del cine y Artes en la UBA. Es uno de los miembros fundadores de la cooperativa editorial Hotel de las ideas. Ha publicado trabajos en las revistas Fierro y Maten al mensajero y en los libros Clítoris. Sex(t)ualidades en viñetas, Creer o reventar y De Once a Moreno. Actualmente, trabaja con el dibujante Kundo Krunch en una antología sobre la cárcel de Ushuaia y algunos de sus casos más importantes. “Roberto Arlt, cronista criminal” es su primera novela gráfica.

Diego Rey
Nació en 1972 en la ciudad de Buenos Aires. Es editor, dibujante y guionista. Es uno de los miembros fundadores de la cooperativa editorial Hotel de las ideas. Ha publicado trabajos en las revistas culturales Lea, Gargantúa y Maten al mensajero, en los libros Creer o reventar, Novelas ejemplares, De Once a Moreno y en el blog Sobrehistorieta con guiones de Hernán Martignone, la serie La vida nuestra de Gustavo Sala. En este momento trabaja en Cosecha bonsái, una serie de historietas cortas. “Roberto Arlt, cronista criminal” es su primera novela gráfica.

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