Victoria
La ciudad de Victoria se caracterizó por presentar en su historia un repertorio de seres que, motivados por el amor al vecindario y guiados por un altruista espíritu, dejaron su marca en el corazón y en la memoria de generaciones mucho más tardías.
Ignacio Etchart
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Victoria siempre fue el centro de comunitarios y solidarios corazones que le dieron vida y forma a la ciudad como actualmente se presenta. Pero no solamente en términos arquitectónicos, tema ya presentado muchas veces en las páginas de MIRADOR ENTRE RÍOS, sino también en su cultura, en sus memorias y archivos.
Imposible es olvidar el trabajo realizado por los historiadores victorienses, cuyas investigaciones son publicadas y divulgadas en su página de Facebook “Historias de Victoria”, y además son fuente de este escrito.
El profesor
Oscar Lami nació en Victoria, un 31 de marzo de 1936. En su juventud viajó a Rosario para seguir la carrera de Arquitectura, estudios que realizó mientras trabajaba en el Politécnico de esa ciudad. Luego cursó el Profesorado de Artes Visuales, donde se graduó como Maestro Normal Nacional graduado en Bellas Artes, en la Universidad Nacional de Rosario (UNR), y además ejerció la docencia.
Con el tiempo, el profesor Oscar Lami volvió a la ciudad de las Siete Colinas donde trabajó como docente de primaria, secundaria y terciaria durante 39 años. Era tal su convicción didáctica, que rápidamente sus labores lo llevaron de vuelta a Rosario y a otras ciudades como Gualeguay, Diamante, Nogoyá, localidades donde también dictó cursos oficiales de Historia del Arte y Educación Plástica. Tuvo a su cargo charlas y audiovisuales en instituciones culturales, escolares y sociales de Victoria y ciudades vecinas, entre ella el Museo “Martiniano Leguizamón”, de Paraná y Municipal de Gualeguay.
Sus trabajos en la docencia provocaron que, en 1981, el intendente de Victoria, Andrés Gómez del Collado, lo designó como presidente ad honorem de la Comisión Municipal de Cultura y miembro de la Comisión Municipal de Preservación Arquitectónica y Turismo.
Además, fue miembro integrante de la comisión fundadora del Museo de la Ciudad “Carlos Anadón”, donde ejerció la Dirección desde su inauguración, en 1982. Díez años después, en el primer encuentro de museos entrerrianos en Concordia fue elegido por sus pares como presidente del Primer Comité Coordinador e integrador de Museos Entrerrianos. Dentro de esa especialidad participó en encuentros, seminarios y cursos provinciales, nacionales e internacionales.
Y el periodista
Motivado por una vocación incansable, Lami también trabajó como periodista desde los 15 años, edad en la que publicó su primer ensayo en el periódico escolar normalista Proa. En 1954 presidió el Club Colegial, donde intervino aportando referencias y divulgaciones históricas en la televisión nacional por aire y en audiciones, entre las cuales se destacan “El espejo”, de Buenos Aires; “Historia de la Argentina Secreta”, en ATC; y “La Aventura del Hombre”, en TV13 y en el noticiero De 12 a 14, transmitido por Canal 3 de Rosario. Además obtuvo el premio a la trayectoria cultural de la revista “El Ángel Azul” de la metrópolis santafesina. Paralelamente y a pesar de su ajetreada tarea, Lami nunca dejó de colaborar con los distintos medios victorienses, en todas sus expresiones: radiales, televisivos, gráficos y digitales.
Dentro del rubro periodístico, se especializó en los temas de investigación histórica y artística. Durante su residencia en Rosario, junto con un grupo de coterráneos, fundó el primer Círculo de Residentes Victorienses.
En el año 1995 se le entregó en el Museo Martiniano Leguizamón de Paraná la “Orden de Madreselva”, por su inestimable contribución al conocimiento de la historia cotidiana de los entrerrianos. Además por su apoyo a la divulgación artística, se volvió socio honorario del Instituto Cultural y Económico entrerriano-japonés de Paraná.
En 1996 recibió una distinción de la vecinal 27 de Octubre de Victoria, en reconocimiento a su digno compromiso solidario. También fue reconocido por la Asociación de Victorienses residentes en Paraná, en el marco del programa en conmemoración del 196º aniversario de la bendición y primera misa en el Oratorio de La Matanza.
Finalmente, en los últimos años de su vida, el Concejo Deliberante de Victoria lo declaró Ciudadano Ilustre, por sus contribuciones a la cultura local y regional. El Profesor Don Oscar Lami falleció en su ciudad natal a los 83 años, un 11 de septiembre de 2019.
Sobre un dolor convertido en amor
Múltiples páginas fueron escritas sobre María Oberti de Basualdo, figura ilustre como pocas en la historia victoriense. Sus aportes y donaciones en la fundación del hoy hospital público más antiguo de la provincia, el Fermín Salaberry de Victoria, fue detalladamente descriptos en publicaciones previas de MIRADOR ENTRE RÍOS.
No obstante, pues de estas figuras del pasado el tintero es casi infinito, pendiente quedó la breve historia de sus motivaciones fundadoras del actual Hogar de Niñas de la ciudad. Pero para llegar a aquellos días, primero se deben comenzar por el principio.
Un 26 de abril del año 1863, el cura vicario de la Parroquia de Nuestra Sra. de Aránzazu bautizó una niña que había nacido el 17 de marzo anterior y bajo el nombre de María del Rosario, hija del italiano Don Santos Oberti y de Doña Quintina de los Santos Deniz, victoriense.
Al igual que sus hermanos menores, Antonio e Ignacio, María del Rosario, aprendió a leer y escribir en la escuela particular de las hermanas Godoy, aunque la historia refleja que María tuvo otros estudios, sumada a su condición de autodidacta, tal y como lo reflejan los documentos, cartas y actas, cuya ortografía y redacción lo permite interpretar.
Con 21 años, un 25 de junio de 1884, María del Rosario Oberti se casó con Fermín Basualdo, de 39 años, configurando así su histórico nombre, que recorre las calles del hospital y que resuena hoy, 150 años después, en todas las memorias de los y las victorienses.
De este matrimonio nacieron dos hijos, Julia Rita y Fermín Santos Benigno. Capricho del destino, Fermín Santos falleció de niño y Julia Rita murió a los 23 años. Sin embargo, en su dolor, María Oberti de Basualdo encontró alivio en las obras buenas y canalizó aquella pérdida fundando un hogar de niñas a las que quiso y cuidó como si fueran propias. Aún hoy después de tanto tiempo sigue siendo una institución que resguarda con recelo la infancia de la mujer, otorgándole ayuda y auxilio.




















