Obras en Paraná
Ante los reclamos por la escasez de estudios de impacto ambiental para obras en Paraná, como ocurrió con el ensanche de bulevar Racedo y con el entubamiento del arroyo La Santiagueña, MIRADOR ENTRE RÍOS dialogó con Myriam Martínez, arquitecta, paisajista, docente de la cátedra de Espacios Verdes de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNER.
Guillermina Ferraris
redaccion-er@miradorprovincial.com
Consultada sobre cuáles son las cuestiones que se deberían tener en cuenta a la hora de realizar estudios de impacto ambiental, lo primero que resaltó la magíster Myriam Martínez, quien además es paisajista y actualmente se desempeña como profesora adjunta responsable de la Cátedra de Espacios Verdes de la Facultad de Ciencias Agropecuarias (FCA) en la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER), es que “no existe una verdadera comparación si no tenemos ‘baseline’ o líneas base, es decir la obtención de datos de años anteriores y datos posteriores para comparar.
“Lo ideal para hacer una comparación sería tener datos de lo que era calle Racedo antes y poder comparar de acá a por lo menos cinco años. Los parámetros de comparación deberían ser varios: uno es el confort de la vereda o el confort ambiental, el tema es que no sé si hay datos del confort ambiental tomados antes de que se saque el dosel de árboles. Actualmente hay mucho asfalto allí y los árboles que se juntan arriba dan un máximo de sombreo”, expuso la profesional.
Hablando particularmente de la obra de ensanche que se está llevando a cabo en bulevar Racedo, Martínez manifestó que “hay que tener en cuenta que ahora en la zona de Racedo y sus calles aledañas hay un sistema de inundación transitorio cuando llueve. Habría que ver de acá a que se termine la obra, si ese sistema de inundación transitorio se logró solucionar o no, como promete la letra del proyecto. Algo que preocupa al respecto es que ahora tenemos la cinta asfáltica sólo de ida y la de vuelta sólo como un estacionamiento, pero la nueva cinta asfáltica va a ser mucho más ancha. Es decir que se van a reducir los espacios de permeabilidad, osea los espacios de paño verde que absorben el agua y se van a hacer más espacios impermeables. Según la obra, ya está calculada la cantidad de agua que se va a colectar en esos espacios impermeables y se va a hacer un desagüe pluvial de tipo común”. La profesional se pregunta si, al sumar cantidad de agua al sistema, no se vuelve un cuello de botella para poder de verdad sacar toda el agua que se acumule en la calle Racedo.
Compromiso
“Algo que ya se puede ver desde ahora es que las veredas no van a tener el mismo ancho que tenían antes: eso es una pérdida por el lado ambiental, desde el uso del espacio público. Eso que era un espacio de vereda, público, va a dejar de serlo para transformarse parte en calle y parte en dársena. Si a ese espacio vereda le medimos por ejemplo el ruido, eso también sería una forma de malversación ambiental. Deberíamos poder medir la vitabilidad auditiva de la vereda hoy y poder medirla en unos cinco o seis meses después de que la obra se habilite, cuando se estabilice el tránsito, para saber si esto es mejor o peor en niveles de contaminación auditiva para la vereda”.
Según Martínez, otra de las cosas que habría que evaluar es la manera en la que van a crecer o desarrollarse los árboles en el largo plazo. En este sentido detalló que “un lapacho desarrollado en una vereda cualquiera con un paño verde ancho, tiene un desarrollo en tiempo mucho más grande que los lapachos que hay en 25 de Mayo o en Ramírez, que fueron plantados durante la intendencia de Mario Moine, en el 89-90. Ocurre que las avenidas están constantemente sobrecalentando el sistema raíz, por lo cual los lapachos no crecen de igual manera. En el proyecto de Racedo hay una promesa de plantar árboles en el cantero central, pero eso sólo sirve si desde lo ambiental se los cuida y mantiene correctamente y si se hace un seguimiento por al menos dos años”.
“Debería haber un compromiso a largo plazo ya que desde el momento en el que se planta necesitamos controlar por lo menos dos estaciones de crecimiento del árbol para comprobar de verdad que los árboles están como para seguir desarrollándose solos, pero mientras tanto hay que regarlos, tutorearlos, hay que hacerles un seguimiento. El compromiso por parte de la empresa o de la municipalidad, debería ser además de “pérdida cero”: porque sino, se les estaría quitando a los vecinos todo un ambiente que ya está establecido con árboles grandes, y sería un error que en una nueva situación ese ambiente tenga faltante de árboles o árboles que no crezcan en igualdad de condiciones”, explicó la profesora Martínez.
Otra cuestión a tener en cuenta es cómo cambia el uso que le dan las personas a los espacios de calle. Myriam lo explicó recordando que en realidad, “deberíamos ver de acá a unos cinco años, de qué manera el cambio del uso de la calle va a traccionar un cambio del uso de ocupación de la zona: si vos mirás Ramírez, Gualeguaychú o 25 de Mayo, u otras avenidas como Blas Parera, hay un cambio al menos parcial, de un uso totalmente residencial a un uso comercial. Yo no creo que todas las calles tengan que transformarse en un uso comercial por tracción del uso de la calle. Habría que ver si de verdad se siguen conservando estos espacios habitacionales en la zona o no”.
Ciudad "caminable"
Hay un contrapunto importante que pone en jaque el argumento con el que el intendente Adán Bahl justifica el ensanche de bulevar Racedo: según informaron desde el portal web de la Municipalidad, los estudios realizados por el Consejo Federal de Inversiones (CFI) indican que es necesario ampliar algunas arterias “para darle mayor dinamismo a la ciudad”. Y un antecedente anterior, el informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), va en el mismo sentido: se justifica el ensanche en la necesidad de “lograr mayor movilidad”.
En este sentido, Myriam Martínez manifestó que desde la Municipalidad deberían estar pensando de qué manera se podría proyectar la ciudad de manera integral: según la docente, lo ideal sería pensar en una ciudad en la que se saquen los autos de la zona centro. “Me parece que en vez de seguir haciendo estas grandes transformaciones para que haya más cantidad de vehículos en circulación, debería pensarse en liberar el centro de autos. El ejemplo que tenemos son algunas de las grandes ciudades de Europa, donde se garantiza un espacio de estacionamiento para dejar el auto, que queda alejado del centro y también una especie de transporte público que te lleva desde el estacionamiento hacia el centro y de vuelta para buscar el auto”.
Además, Martínez mencionó los eternos embotellamientos que se generan en la capital provincial los días hábiles, alrededor de las 11.30, donde la única manera de salir es andando en una bicicleta: “Uno que es clave es el espacio que queda sobre calle San Juan / 9 de Julio, entre Uruguay y 25 de Mayo. El tránsito es enorme y el embotellamiento también”.
“Una solución sería esta especie de estación de trasbordo con estacionamientos donde cuiden los autos, incluso hasta se podría hacer un emprendimiento con gente que lo lave y el dueño del auto tendría que pagar el estacionamiento, por supuesto. Las personas que quieran ingresar a sus casas, podrían hacerlo pero no podrían dejar su auto estacionado por la calle, sino en el garaje de su casa. Si estamos intentando transformarnos en una ciudad turística, todos esos agregados que tengan que ver con que la ciudad sea caminable y friendly para el peatón, son un plus” concluyó Myriam Martínez.




















