Plasmar su historia para la posteridad
José María Oliver es el autor de este nuevo libro que relata historias y momentos que formaron a la ciudad del norte entrerriano. Lo hace desde una mirada coloquial, cercana, de un vecino más, pero sin dejar de lado el rigor histórico. Cuenta con documentación inédita de industrias y fotografías que supo recopilar en sus 80 años de vida y sus más de 65 como carpintero y 35 como profesor en la Escuela Técnica de la localidad.
Lucía Torres
redaccion-er@miradorprovincial.com
José María “Josengo” Oliver estuvo presente en la tarde de librerías con su libro “Así lo viví”, sobre la historia de Chajarí. La presentación oficial se hará el 17 de mayo en el Centro Cultural. “Josengo”, como lo conocen en la ciudad del norte entrerriano. Tiene 80 años y es carpintero por oficio y pasión desde hace más de 65,estudio este oficio en Gualeguaychú de donde egresó siendo experto en tornería y fue la llave de ingreso a la Escuela Técnica cuando se abrió en Chajarí.
Fue jefe del área de carpintería, hasta jubilarse, aunque sigue trabajando hasta el día de hoy en su taller particular, además de la volcarse a escribir, actividad que inició por pasatiempo sin llegar a pensar en una publicación, como es su primer ejemplar, en el que se refleja el agradecimiento hacia la ciudad y a su gente. “He conocido mucha gente, en las buenas y en las malas, eternamente agradecido con todos”.
El libro y sus historias
Oliver explicó que no tiene registro preciso de cuánto tiempo le llevó escribir un libro, “fui escribiendo y escribiendo, hasta que mi mujer un día me sugirió escribir un libro, y un sobrino, Mauro Oliver, junto a Luis Capeletti me ayudaron a darle forma, a compaginarlo, corregir errores, y se mandó a Buenos Aires”.
Imprimió 400 ejemplares en esta primera edición, “ya lo conoció mucha gente, y hay personas que lo compran para ellos y para mandarles a familiares que están lejos, así que ahí ya compran dos o tres ejemplares, está visto que interesa, es un librito interesante”.
Sobre lo que nos encontraremos al abrir sus páginas contó que son historias que van desde el año 1942, hasta la década del 70 aproximadamente, los corsos, de los cuales recuerda que eran muy diferentes a los que se viven actualmente, “del corso popular y gratuito para todo el mundo, donde quien quería se disfrazaba con lo que tenía en la casa, con las mascaritas, las carrozas, los indios envueltos en bolsas de arpillera”.
También hay un apartado más que especial para las fábricas que supo tener la ciudad, FAVER (Fábrica de Aceites Vegetales de Entre Ríos), Aceite La Entrerriana, Castor Oil, otra de aceites de olivos, también Aceitera y Algodonera del Litoral, “cinco fábricas funcionando a pleno simultáneamente”, mencionó. De una de ellas, FAVER, el autor tiene en su poder los inventarios de todas las máquinas que su padre recibió para poner en marcha la fábrica que estaba parada hacía ya un tiempo. “Tengo el manuscrito de esos inventarios y también pasados a máquina, de modo que son documentos muy valedero de esos años”. Más adelante cuenta lo que sucedió años después cuando la familia de su padre instalaron una estación de servicio en un punto estratégico de la ciudad, ruta 1 y ex ruta 14, donde además de surtidores de combustible, había bebidas frías, “porque eran las primeras heladeras de la zona y comunicación, también fue uno de los primeros teléfonos, por eso se lo llamó ´El Oasis´, porque era lo único que había en muchos kilómetros para los camioneros que pasaban por la ruta nacional. Entre Curuzú Cuatiá y teléfono no había nada, porque llegar ahí era como llegar a un oasis” recuerda Josengo. En esta zona se fue formando luego lo que es el muy poblado barrio Güarumba, también se menciona la creación de Aero Club, que se encuentra a pocas cuadras del mencionado Oasis.
Pero al hablar del Aeroclub resulta más llamativo el recuerdo que hace del Dr. Jacinto Casillas y su accidente fatal en una muestra de la Fuerza Aérea, en la entonces llamada “calle nueva” que hoy lleva el nombre de Dr. Casillas. Esto figura en el libro con una foto del accidente donde se puede ver al policía del pueblo, un conocido médico y algunos vecinos, tapando el cuerpo de Casillas con una chapa del mismo avión de la Fuerza Aérea. Esto ocurrió el 9 de octubre de 1940. Como epígrafe de la foto aparece un dato curioso que se contrapone con la sobre exposición de fotografías que vivimos hoy en día. La imagen fue tomada por un vecino de apellido Perdomo, que la dio a conocer recién 50 años después por temor a que la fuerza Aérea le cuestione haber tomado la instantánea.
Más para contar, en más páginas
Su deseo ahora es escribir un segundo libro donde profundizar lo que cuenta en el primero, y agregar anécdotas de gente común, de changadores, de mendigos, cosas que han ocurrido interesantes para saberlas.
Estos “changadores” que menciona en el libro los define como esas personas que “se las encontraba en la Estación del Ferrocarril y los alrededores, eran gente que se ocupaba de hacer cargas y descargas de los camiones fleteros y de los vagones del ferrocarril. Algunos esperaban las ´changas´ en las esquinas”.
Una de las historias que piensa contar en su segundo libro es sobre Colonia Freytas, muy próxima a Chajarí, “quienes eran los dueños, donde vivían, que cantidad de hectáreas tenía la colonia, uno de los dueños vivía en Chajarí y era muy amigo de mi padre, por eso me quedaron muchos datos interesantes aunque yo no era nacido en esa época” aclaró.
Dar valor histórico a los recuerdos
Por su parte, el licenciado Luis Capeletti hizo su aporte desde la antropología y la historia, que son las disciplinas en las que se formó. Colaboró en el compaginado y fusión de esa escritura oral del libro, con la documentación que tenía, para darle un valor no solo literario sino también como un valor genuino histórico para la localidad”.
Además, en el prólogo sumó una entrevista para complementar la historia que cuenta el autor, que no es la que habitualmente circula en libros de historia, la historia de individuos que hacen a la historia de la localidad, como los carniceros, zapateros, albañiles, y de instituciones como pistas de bailes, y demás, “actores que hacen y discuten la historiografía oficial, como los decretos y nominaciones impuestas, es cómo la gente fue construyendo su propia historia”.




















