Arte para vivir
Un equipo extensionista del Área de Comunicación Comunitaria de la Facultad de Ciencias de la Educación de la UNER viene desarrollando actividades artísticas y comunicacionales desde 2005 en la Unidad Penal N° 1 y desde 2010, en la Unidad Penal N° 6 femenina, ambas en Paraná.
Aldana Badano
redaccion-er@miradorprovincial.com
Lucrecia Pérez Campos es licenciada en Comunicación Social, y trabaja en la Dirección de Comunicación Institucional de la Municipalidad de Paraná desde 2007. Antes, desde 1985, trabajó en el área de Cultura de la Municipalidad. Es docente de la Licenciatura en Comunicación Social y forma parte del Área de Comunicación Comunitaria (ACC) donde se desempeña como investigadora y extensionista.
Desde esa área surge el Programa “La UNER en contextos de encierro”, que se enmarca en la convocatoria “Estrategias de Articulación Territorial”, sobre lo que Pérez Campos conversó con MIRADOR ENTRE RÍOS.
–¿En qué consiste el Programa?
–Este programa es la continuidad de esta línea de trabajo dentro del ACC, que se sostiene desde 2005; fue aprobado el año pasado y tiene lugar en las Unidades Penales Nº 6 Femenina Concepción Arenal y N°1 Juan José O’Connor. En general, podemos decir que el objetivo primordial de la línea de trabajo es contribuir a garantizar el derecho a la educación y el acceso a la cultura de las personas privadas de su libertad. Esto lo hacemos desde la perspectiva de la comunicación comunitaria, por lo que procuramos espacios dialógicos y participativos para las prácticas de la comunicación y la cultura. Los distintos soportes de lo comunicacional son resultado de procesos comunitarios: la Radio Abierta Chamuyo FM, la pintura mural, la fotografía, el teatro, los títeres, entre otros.
Desde 2017 venimos incursionando en la dimensión comunicativa del teatro comunitario, a través de los Talleres de Teatro y Comunicación. Además, organizamos un Ciclo Cultural planificado junto a las áreas educativas del Servicio Penitenciario y de cada Unidad Penal; y las escuelas que funcionan en el penal, auspiciado por el Instituto Nacional del Teatro.
Nuestra universidad no ha instituido, como otras universidades en el país, programas permanentes de educación en cárceles, ya sea dictando carreras o cursos o en el marco de la extensión universitaria, si bien ha habido experiencias aisladas. Nuestra línea de trabajo atiende a la integralidad de funciones (docencia, extensión e investigación) y es la única que se ha mantenido y crecido en el ámbito de la UNER, y hemos articulado acciones con otras Facultades y carreras, como por ejemplo, con la Facultad de Bromatología, de Gualeguaychú; con Ciencias de la Alimentación, de Concordia; y con Trabajo Social, de Paraná.
Nuestro trabajo se viene desarrollando hace 15 años articulando sus acciones con la Dirección General del Servicio Penitenciario de Entre Ríos, Áreas educativas de las Unidades Penales, Dirección de Jóvenes y Adultos del Consejo General de Educación, ente que coordina las escuelas que funcionan al interior de las unidades penales como la EPJA N°27 Vicente Fidel López, la ESJA Nº17 Laureano Maradona, y la ESJA N°6 Amanda Mayor, la Secretaría de Cultura de la provincia y el Instituto Nacional del Teatro (INT), entre otros.
Hay equipo
–¿Quiénes, y desde qué disciplinas, conforman el equipo?
–El equipo está integrado por tres docentes: Irene Roquel, Gretel Schneider y quien te habla. También hay estudiantes avanzadas de la carrera: Dominique Richard y Anabel Rodas, con la colaboración imprescindible de Paula Righelato. También se va renovando la cantidad de estudiantes, sobre todo de la Lic. en Comunicación Social. A lo largo de la historia del proyecto, han participado estudiantes de Educación y de Trabajo Social; también han colaborado artistas plásticos, músicos, teatristas, etc.
–¿Sólo se realizan actividades en Paraná?
–Fundamentalmente en Paraná, aunque hemos articulado acciones con las facultades que ya mencioné. Además, en ocasión de la producción de la Revista Chamuyo Palomita (2020), hemos podido llegar a todas las cárceles de la provincia, gracias a la distribución que hicieron las referentes educativas y el Departamento Educación de la Dirección General del Servicio Penitenciario, especialmente la Lic. Adelina Quartino.
–¿Qué tipo de actividades se realiza con las personas privadas de su libertad?
–Teniendo en cuenta las condiciones concretas del presente año, aspiramos a concretar:
Taller de Teatro y Comunicación en la Unidad Penal N°6 coordinado por Paula Righelato y Dominique Richard, a cargo de los y las estudiantes extensionistas que participan de la actividad.
Taller de Teatro y Comunicación en la Unidad Penal N°1 coordinado por Paula Righelato y Anabel Rodas, también con la participación de estudiantes extensionistas.
Ciclo Cultural auspiciado por el Instituto Nacional de Teatro (INT), en articulación con las escuelas Vicente Fidel López,
Laureano Maradona y Amanda Mayor.
Revista Chamuyo Palomita producida en las instancias de Taller, a ser distribuida en todas las Unidades Penales de la Provincia.
En pandemia
–¿Cómo fue el año 2020, atravesado por la cuarentena para las personas privadas de la libertad? ¿Desde el programa se pudo acompañar más allá de estas restricciones?
–Durante 2020 y en el marco de la pandemia por el Covid-19, se produjo la Revista Chamuyo Palomita. Esta revista fue coproducida junto al Área Gráfica de la Facultad, a fin de contribuir a paliar los efectos del aislamiento y la falta de espacios educativos y culturales en tiempo de ASPO y Dispo. Esta revista fue un modo de contacto con quienes ya habíamos compartido los talleres anteriormente, sumando a muchos lectores que ni siquiera imaginábamos. Los contenidos fueron diversos: la educación, los proyectos laborales y comunitarios de distintas organizaciones, los 100 años de la radio, hacer teatro en las cárceles, etc., junto a cartas de lectores, poesías, nuestros “escritores en cuarentena” que brindaron sus obras literarias, humor, juegos y crónicas varias.
–¿Cómo son las condiciones de las cárceles en nuestra provincia?
–Creo que en primera medida deberíamos preguntarnos acerca del sentido de la prisión, no solo en nuestra provincia, sino en todo el mundo. Creo que la cárcel hoy debería repensarse porque es un lugar donde en principio la habitan personas que no han tenido acceso a bienes materiales ni culturales por lo cual, salta a la vista lo que (Eugenio) Zaffaroni llama la selectividad penal. Es decir, no todas las personas que delinquen van a la cárcel pero es más probable que los más vulnerables a la ley penal sí terminen recluidos de su libertad.
Además, en muchas ocasiones, es la misma unidad penal la que facilita la reproducción del delito, pensemos que van muchos jóvenes que de alguna manera aprenden a delinquir ahí dentro. Además, la brecha de desigualdad sigue funcionando ahí dentro porque los bienes que llegan para asistir a los que están recluidos de su libertad, no son iguales para todos.
Las cárceles de nuestra provincia, a diferencia de las unidades penales del resto del país, tienen un departamento dedicado a la educación y distintas áreas educativas en cada unidad penal, encabezadas por distintos profesionales que participan de los equipos técnicos y son las encargadas de mediar entre las personas privadas de su libertad y los espacios educativos, haciendo más permeable el acceso de la sociedad y de las instituciones educativas en general.
Las mujeres que están en estas instituciones constituyen un capítulo aparte porque estamos hablando de la última capa de postergaciones y desigualdades. Ellas tienen muy poco espacio físico porque cada vez se construyen más y más pabellones en los espacios donde ellas podrías recrearse o recibir visitas. Específicamente hablando de la Unidad Penal N°6 hay muy poco espacio al aire libre para la recreación porque es una casa antigua que fue reformándose y ampliándose. Creo que eso debería modificarse porque las personas privadas de su libertad deberían poder al menos recrearse, practicar deportes y acceder a la cultura dentro de las cárceles.
De todas maneras, Creo que en estos tres años que venimos haciendo comunicación y teatro, los internos/as disfrutan mucho porque es un espacio que permite ejercitar la libertad de los cuerpos, de las voces y hacer circular nuevos sentidos que nos ponen muy bien a todos.
Desafíos
–¿Qué desafíos quedan por delante para mejorar el servicio penitenciario?
–Lo que ya se está haciendo en relación a la educación me parece muy importante, pero debería fortalecerse esta área educativa y asegurar el acceso a los bienes culturales. Creo que es fundamental la formación en derechos humanos de todo el personal que trabaja en las unidades penales.




















