Valor patrimonial
El rancho es una construcción simple y de gran versatilidad que permitió dar respuesta a los requerimientos de los primeros tiempos sin importar la función que albergaba. Levantado con materiales disponibles en la zona y de la mano de algún idóneo, estos simples cobertizos se constituyeron en la primitiva célula de construcción del territorio.
Mariana Melhem
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Su valor patrimonial reúne técnicas constructivas con una tipología básica que se repitió como módulo a medida que se necesitaba y cuyos servicios se encontraban por fuera de las habitaciones.
El término rancho se suele utilizar para referir a una forma de construir con materiales como paja, barro y estructura de troncos; pero también se aplica para definir una solución arquitectónica que tuvo continuidad con el uso del ladrillo y las cubiertas de tejas o chapa.
El reconocido naturalista Germán Burmeister, instalado en Paraná en tiempos de la Confederación, describió estas arquitecturas, catalogándolas como “casa de campaña común”, precisando el paso a paso de su ejecución y la proveniencia de los materiales: “Cuando se han traído los palos al lugar de la obra, se ponen verticalmente de 2 a 3 pies en la tierra, de los más cortos uno en cada una de las cuatro esquinas, los más largos en el medio de las paredes de los frentes. La tierra de los hoyos, en los cuales se encuentran los horcones, se pisan lo más firme posible (…) Cuando se han colocado las columnas, se ponen tirantes horizontales en las horcas y se atan bien con tiras de cuero vacuno, de modo que no puedan moverse en las horcas. Para el tirante más alto, o sea la cumbrera, se elige con preferencia un tronco de palmera, y por esta causa se llama por lo general la palma. Estos troncos de palmera se traen río abajo, de Corrientes, del Gran Chaco y de Paraguay (…). El techador ata en forma usual el techo, confeccionado de una paja fina y resistente, expresamente destinada para este objeto, la cual se ha secado cuidadosamente al aire con mucha anticipación. El techo se ata también con tiras de cuero vacuno o con una especie de cabo de zapatero, que se puede comprar en los almacenes (…) El albañil construye las paredes con adobes o ladrillos cocidos, o, si para la compra de ambos faltan medios, coloca palos, uno inmediato al otro en el suelo, los ata arriba, en el tirante, y rellena los vacíos con tierra humedecida. La misma sirve también de argamasa. Se limpia de césped una parte de suelo; se hace un pozo; se le echa agua y se pisa la tierra suelta con los pies, transformándola en una pasta que en todas partes se usa como argamasa y también para revocar paredes”.
Tanto en el ámbito rural como en los pueblos fueron la forma más usual para resolver cobertizos de animales (sin muros perimetrales), pulperías en el cruce de caminos, edificios religiosos, escolares o viviendas que, algunas veces, hasta prestaron servicio como oficina pública.
Los testimonios
El acervo patrimonial está constituido por los ranchos costeros de adobe y paja que mantienen la tradición constructiva, espacios ligados a la ruralidad, como la fonda “La Oriental” de Maciá –recientemente declarada Patrimonio Histórico-Arquitectónico Provincial– y algunas casas urbanas centenarias.
Gualeguaychú conserva ejemplos de esta tipología presentes en las viviendas de Olegario Víctor Andrade y de José S. Álvarez (Fray Mocho). Mientras la vivienda Haedo y el actual Museo Delio Panizza, en Concepción del Uruguay, (que fuera de la madre del Supremo), representan una forma más sofisticada de resolución con muros de ladrillo y techos de azotea (ambas levantadas a fines del siglo XVIII).
Casa Andrade
Ubicada en la esquina noreste de las calles Andrade y Borques, se compone de ranchos con paramentos de adobe, cubiertos por techo de tejas a dos aguas y articulados por el acceso. La disposición de las dos tiras permite que hacia el interior del lote se configure el patio con emparrado. Dentro de cada unidad, los pisos son de ladrillos y la estructura del techo se encuentra a la vista, mientras las ventanas llegan hasta el piso. En el exterior, los muros encalados carecen de ornamentación mientras las ventanas de grandes dimensiones y en sentido vertical, cuentan con rejas de bastones simples, sobre el tímpano de la esquina se ubica solo una pequeña ventana. La ochava es inexistente permitiendo inferir la antigüedad de la construcción que se estima fue realizada a principios del siglo XIX. Los padres del escritor adquirieron la propiedad con la casa ya construida.
Vivienda Fray Mocho
La casa natal del fundador de Caras y Caretas fue construida a mediados del siglo XIX por el padre de José S. Álvarez y, si bien ha sido modificada, mantiene la característica forma de construcción tipo rancho. Consiste en un volumen paralelo a la línea de edificación realizado en ladrillos con mortero de barro que contiene tres habitaciones que se vuelcan hacia una galería y patio. Otra tira paralela, hoy demolida, contenía el área de servicios. Las aberturas son de madera con doble hoja y las ventanas llevan persianas de madera y sencillas rejas. En el interior los pisos son de baldosas cerámicas y contaba con cielorrasos de tela, que al quitarse permiten descubrir la composición de la techumbre consistente en una estructura de madera que sostiene tejuelas cubiertas por “torta de barro” y tejas francesas.
La relevancia de su morador y la permanencia de la construcción a lo largo del tiempo ha merecido la declaratoria (Ley N° 25.386, 30/11/2000) como Monumento Histórico Nacional y la adquisición del bien por parte del Estado provincial. En acción conjunta entre provincia y Municipio, se realizan obras de restauración para transformarlo en un espacio cultural que evoque y difunda la obra de Álvarez.




















