Miramar de Ansenuza
Miramar de Ansenuza es una localidad a la vera de la laguna Mar Chiquita. A pesar de las inundaciones en 1978, en la que 30 manzanas y la mayoría de sus 110 hoteles quedaron bajo agua, para volver a inundarse en 2003, sigue siendo un gran atractivo turístico. Hasta allí llegan personas provenientes de distintos lugares del país para practicar deportes acuáticos y viajar en embarcaciones para disfrutar de los flamencos rosados o para aprovechar el barro curativo de distintas enfermedades.
Emilio Grande (h.)
redaccion@miradorprovincial.com
La laguna Mar Chiquita es uno de los humedales salinos más extensos e interesantes de Sudamérica y del mundo. Ubicada en el noreste de la provincia de Córdoba y con una extensión de 6.000 km2, constituye un verdadero mar interior en medio de la llanura cordobesa. La proporción salina es mayor a la de los mares, motivo por el cual no tiene casi vida ictícola, a excepción del pejerrey que vuelve cuando baja la densidad de sal. Esta área desarrolló un complejo ecosistema, compuesto por abundante flora y fauna autóctona, convirtiendo a Mar Chiquita en el destino para la práctica de avistaje de aves hay gaviotas, patos, cisnes, palomas, gallaretas, bandurrias, garzas, golondrinas, entre otros. Allí también paran los flamencos rosados en su viaje migratorio entre Perú y Tierra del Fuego. En la laguna desembocan los ríos Primero o Suquía (a través de su cauce la ciudad de Córdoba envía los líquidos cloacales sin tratamiento produciendo contaminación, pero están haciendo la obra de efluentes), Segundo o Xanaes y Dulce (de Santiago del Estero).
Los primeros asentamientos espontáneos en Miramar datan de 1903, pero se declaró como la fecha de su fundación el 18 de noviembre de 1924 y hacia 1970 llegó a tener una población estable de unos 4500 habitantes. Actualmente, esta localidad en la que casi no hay inseguridad, tiene una población estable de más de 1.000 habitantes. En ella residen decenas de personajes, quienes vivieron las épocas más felices, doradas y de esplendor entre los años 60 y 70 cuando llegó a convocar a unos 50.000 visitantes. Entonces era el principal centro turístico cordobés y la gente que llegaba dormía en cualquier lugar y viajaba en cualquier movilidad.
Uno de esos personajes es Zulma Maine nacida en Balnearia (localidad que queda a 10 km de Miramar) en 1937, hace 41 años está radicada en Miramar y vivió las dos inundaciones de la laguna Mar Chiquita. "En 1944, cuando yo tenía 7 años la laguna era normal, aunque podíamos flotar por la gran cantidad de sal. Después, cuando tenía 14 años en el año 50 estaba seca, sólo quedaba barro y sal. En 1960 se volvió a llenar y en la década siguiente se volvió a secar, pero no como la vez anterior. Luego, volvió a llenarse. Hasta que en 1978 creció de tal manera por el agua que venía de los ríos de Córdoba -el Primero y el Segundo- y el Santiago del Estero, que terminó arrasando la mitad del pueblo con agua entre 1 y 2 mts., entre ellos la mayoría de los 120 hoteles", recordó quien sigue nadando todos los días, durante una entrevista en el programa "Sábado 100" por radio El Espectador (FM 100,1) de Rafaela, conducido por quien firma esta crónica.
Curación de enfermedades
En la época de auge de los años 70 mucha gente iba a Miramar para curarse de distintas enfermedades por las propiedades que tiene el barro que está en el fondo de la laguna (actualmente van personas conocedoras del lugar a extraer mar adentro para luego venderlo en las farmacias locales). "Yo he visto a muchísima personas, que eran paralíticas, con reuma, sufrían de gota, artrosis, entre otras enfermedades, embarrarse en los lugares donde tenían los dolores", agregó Zulma.
Luego de la primera inundación al Casino lo llevaron a Carlos Paz y también trasladaron a 60 familias. Las construcciones con agua generaban una postal muy triste y de impotencia para los pobladores del lugar que habían perdido todo y en muchos casos emigraron de la localidad. "Esa parte que quedó bajo el agua fue dinamitada. Fue algo bueno que hicieron los militares en los primeros años 90, porque daban ganas de llorar. Al templo de la Iglesia del Valle la dinamitaron dos veces en la época que estaba el sacerdote Julio (falleció el año pasado), porque él decía que «lo que era malo para la gente había que eliminarlo», ya que se metía adentro", expresó Maine, quien tiene parientes en Rafaela.
En el tiempo de mayor esplendor, el turismo era de tal magnitud que generó la construcción de hoteles famosos y lujosos, manteniéndose en pie solamente el Gran Hotel Viena, ubicado frente a la costa al norte de Miramar, donde actualmente todos los días hay visitas guiadas diurnas y nocturnas. Lo terminaron de construir al final de la década de 1930. Su construcción estuvo a cargo de ingenieros alemanes y el capital también pertenecía a inmigrantes alemanes, estimándose una inversión de 25 millones de dólares. La construcción fue hecha con un pilotaje de 25 m bajo tierra, que permitió soportar las inundaciones. Estaba dividido en tres clases sociales: alta, media y la servidumbre, aceptándose solamente turistas alemanes, quienes contaban con servicios de alta gama para la época como calefacción, aire acondicionado, ascensores, usina propia con motores traídos de Alemania, telefonía, comedor para 100 personas, una playa privada, entre otros. "Como no tiene dueño, fue de los alemanes, pero no vinieron Hitler ni Perón porque es una leyenda que hicieron. La gente que viene quiere conocerlo y constituye un peligro", sostuvo Maine. Hoy lo administra el Municipio de Miramar, pero hay un litigio judicial con los herederos privados.
En los últimos 15 años hubo una importante inversión pública y privada, con la construcción de la nueva costanera (la anterior quedó bajo agua a más de 100 mts.), nuevos hoteles (uno tiene casino), cientos de cabañas y zonas de camping. "Tenemos que agradecer mucho al doctor José Manuel de la Sota porque en el primer año de su gobernación (1999) volteó las casas que tenían problemas de agua y la gente se fue a vivir a pensiones y hoteles, construyendo en 8 meses 151 viviendas en el barrio Parque, que está muy lindo, con plaza y la capilla de san Cayetano", mencionó.
Miramar de Ansenuza se ha convertido nuevamente en un centro turístico que invita a disfrutar de su naturaleza. Por su cercanía, en el último tiempo se ha transformado en un lugar al que llegan muchos santafesinos y rafaelinos.
En los años 70 mucha gente iba a Miramar para curarse de distintas enfermedades por las propiedades que tiene el barro que está en el fondo de la laguna.
Luego de la primera inundación, las construcciones con agua generaban una postal muy triste y de impotencia para los pobladores del lugar que habían perdido todo y en muchos casos emigraron de la localidad.



















