Entrevista con Mirador
Ariel Pennisi
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Mujer docente, artista, rebelde, provocadora. Pone la cámara ahí, dónde pocos miran para que lo hagamos y nos incomodemos. Ella es Lucrecia y vino a sacarnos del confort, porque "el arte será revolucionario o no será". ¿Nos animamos a volar unos centímetros del piso?
-Ayudame a pensar. ¿Por qué es necesario hablar de violencia de género?
-Susy Shock me lo dejó en claro en la última película, "aquello que no se nombra, no existe". Es necesario hablar de violencia de género, tener presente a los femicidas, a las terribles estadísticas que estamos teniendo. Los medios hegemónicos de comunicación nos cuentan un relato recortando la realidad. Con cada femicidio, tenemos la cara de la chica sonriendo en cadena nacional y cuando muestran al femicida le borronean el rostro por una cuestión no sé de qué. Tendría que ser al revés, cadena nacional con imagen del varón enfermo, del femicida para tener en claro quién es.
No hay que naturalizar la violencia simbólica, verbal. El feminismo vino a poner los puntos. Es un movimiento brillante al que le tengo muchas esperanzas. Vino con las fuerza de las brujas, porque al feminismo no lo inventaron ahora.
-¿Cómo percibe las políticas actuales en diversidad y género?
-Que en esta última gestión, no en los cuatro años anteriores, tengamos un Ministerio de Género y Diversidad, ya nombra otra cosa incluyendo a las diversidades. Igual nos sigue faltando muchísimo, se avanza muy lentamente y hay temáticas que no pueden esperar. Que el promedio de vida de una travesti sea de 40 años es porque estamos muy mal y nos falta mucha política de género. No podemos pensar en un cupo laboral. ¿Por qué tienen que tener un cupo laboral? ¿Por qué no pueden entrar todas a la facultad? Y no podemos tener médicas, abogadas, etc., travestis. No los tenemos porque no llegan a la universidad, porque se mueren antes. Lohana Berkins decía "el día que una travesti llegue a la universidad, le va a cambiar la vida. Pero el día que lleguen las travestis, van a cambiar a la gente".
A los medios les está faltando contar historias reales de mujeres trans, con las angustias que conllevan la situación. Una parte de la sociedad no está siendo contada. Cuentan un par de historia divinas y ya cumplen con su cuota de inclusión. Eso es la nada misma en relación a la realidad y las conquistas sociales.
-¿Qué es el cine para Lucrecia?
-No sé si alguna vez lo voy a poder definir, porque el cine es muy abarcador. Siempre fue y sigue siendo una ventanita donde poder espiar y después mostrar. Una ventana donde recortar aquellas cosas que no se quieren ver o que uno no está acostumbrado a ver y después poder mostrarlas. Es la posibilidad de soñar, una fábrica de sueños. Eso dicen que es el cine y el documental me vino como una herramienta, como una manera de poder llegar a mostrar la realidad. Digo la realidad que para mí, supera la ficción. La ficción se nutre de ella, a veces se edulcora, a veces es un relato y otras dependiendo donde pongamos la cámara, es la realidad real ósea lo que vemos, olemos, sentimos.
A mí me pasa cuando empiezo una investigación documental que convivo con la persona, la voy a visitar. Armo un vínculo, estoy un año prácticamente en esa investigación, en ese trabajo de campo y entonces quiero aprender de esa otredad que tengo enfrente. Venir a poner yo todas mis debilidades y flaquezas diciendo "quiero hacer una película sobre esto" y no sé nada. Entonces este otro me va a mostrar, me va a enseñar y decir por donde es el camino. Siento que quiero ver como es el baño, la cocina, como come, con que se alimenta, sus disfrutes, su rutina. Tengo que mostrar tal cual lo estoy viendo. Es la realidad sobre la cual tenemos que debatir, hablar, aprender, conocer. Porque se habla mucho desde un laboratorio pseudointelectual, decimos "si porque los pobres tal cosa" o "porque una presa" y nadie se pone los zapatos de una presa, de un pobre para desde ahí decir. Eso es un poco lo que yo intento hacer con la cámara. Estoy un tiempo en ese medio, ese clima, con los olores, la música. A veces tenés en los barrios vulnerables donde yo trabajo la T.V y la radio prendida, juntas al mismo tiempo. Entonces se escucha una cumbia y la T.V, los chicos que lloran o que gritan, los perros, las gallinas. Bueno todo eso es lo que yo quiero mostrar a la hora de ir con la cámara.
-¿Por qué el género documental? ¿Encuentra una función política en él?
-Quizás es una particularidad en mí, tomar la vida como una militancia. El cine documental es un cine militante, político. Cine para que después de la película, esta te quede dando vueltas en la cabeza, se pueda discutir y pensar otras cosas. Hacer una lista de aquello que no estaba en tu mente y de pronto aparece. Fernando Birri decía: "Tenemos que hacer un cine para que el espectador lúcido no se quede con lo que nosotros decimos, sino que pueda el devolver con su propio pensamiento y redefinir lo que estamos contando". Es decir, no un cine acabado, terminado. Que el espectador con sus propias conclusiones y pensamiento defina ideas. Intento que el documental sea provocador, polémico. Poner a pensar sobre el trabajo sexual, las mujeres presas, etc. Aquello que está muy cargado de prejuicios. El cine me sirve para derribar prejuicios o por lo menos para que el espectador se vaya pensando.
-¿Cuál es la función del arte en aquello por conquistar?
-Creo que la función del arte es la de incomodar, transgredir, sacarte de lugar de confort, de molestar. Esa sensación de que te corren el mantel y se te cayó todo, que se mueva el piso. El arte no está para calmar ni tranquilizar a nadie. Todo lo contrario, debe ser revolucionario o no será. Debe tentarnos, estar todo el tiempo convocando a hacer algo que no nos animábamos hacer, desde bailar, cantar, danzar, pintar. Hacer algo que no te animabas y poblarte la cabeza con eso. Nos invita a caminar por algunos momentos, casi sin pisar el piso, a unos centímetros. En esto tiene mucho que ver con la educación que debe ser provocadora. El docente debe ser un gran provocador, animador. Una persona que no sea políticamente correcta creo yo. La educación es ponerte un palo en la rueda, es hacerte pensar, creer en vos. No se trata del maestro, se trata del alumno. Cuando el maestro cree en el alumno, ese alumno dice Paulo Freire, ya aprende, solamente con el sentir la creencia del maestro. Por lo tanto, educación y arte me parece que van de la mano siendo los posibilitadores. El arte te cura, yo si no haría arte creo que me hubiera vuelto loca. Con lo que uno se sensibiliza con la realidad si no tenés manera de sublimarlo con el arte y multiplicarlo en la educación, yo no hubiera podido vivir una vida sana. El arte aporta esta locura necesaria.
En mis películas, creo que el arte restituye dignidad al sujeto en el cual centro los documentales. La persona se ve reconocida en la pantalla. Estos sujetos protagonistas que yo después acompaño y por supuesto invito luego a los estrenos, quiero que estén conmigo, que acompañen la película, que la caminen yendo a los debates. Que sean ellos los protagonistas después que termina. Creo que se sienten con una devolución de dignidad al ser mirados, aplaudidos en la pantalla grande. Son reconocidos, se habilitan por el arte a pensarse con los mismos derechos que el otro, a que los nombren y reconozcan a la salida del cine y para mí eso ya es todo.
-Su último documental, El laberinto de las lunas ¿es un registro sobre el amor?
-Es unas de mis películas quizás más optimistas. Dónde no hay una denuncia social acerca de las temáticas fuertes que vengo trabajando, sino una apuesta al amor, al cambio de eje en la mirada. Miro desde otra perspectiva esta problemática, produciendo en el otro una mirada amorosa sobre alguien en la que pesa un gran prejuicio. Lograr empatía, esa mirada amorosa con otro tan diferente, fue un poco la premisa que me movió. Y después transmitir ese amor que ellas tienen con sus hijos. El amor de Gabriela Mansilla respecto de su hija. La lucha y pelea que ha tenido desde que era muy pequeña Luana, ese amor incondicional que tienen las madres. La pregunta sobre la maternidad, si es solamente biológica. Eso me llevó a descubrir que hay un camino de amor que no tiene sexo biológico, que uno puede ejercer la función materna desde cualquier sexo e identificación sexual. Así que si, habla sobre el amor y sobre el futuro, sobre este conjunto de personitas que hoy se llaman niños y adolescentes. Son los que nos van a llevar por el camino de la transformación, de una sociedad más diversa, respetuosa, inclusiva. Pero por sobre todo a mí me llamo mucho la atención el amor de estas dos travestis que sentían que eran sus hijos desde muy temprano.
Maira cuenta que cuando era bebé, no sabía si su amiga se lo iba a regalar y sin embargo ella decía que era su hijo antes que su mamá biológica se lo diera. También otra cosa que me impactó fue cuando dijo que su hijo siempre debía llevarse bien con esta mamá biológica. No enfrentarlo, "porque yo le expliqué que si ella no te hubiera tenido, no hubiera podido ser tu mamá".
Ese razonamiento que para muchos puede ser básico, es justamente amor y del bueno.
Ella tiene muchos de estos razonamientos, al principio de la película dice "nací pobre y voy a morir pobre, pero muy honrada". La honra, me pareció un hallazgo. Por eso el Laberinto me parece una película sobre el amor, la esperanza, sin dejar de haber una denuncia, porque Carla explica lo que sufre el colectivo travesti, Gabriela también con sus dificultades para llevarla al médico, etc. Hay una denuncia, puesta en foco de las dificultades pero con una posición bastante más amorosa, optimista y esperanzadora.
Quizás tenga que ver con la época de la vida en la que estoy, yo empecé hace muchos años y a lo mejor esa rebeldía e inconformidad que uno tiene cuando es más joven, tal vez ya la voy viviendo con mucha más esperanza de que alguito vamos a poder cambiar.
-En ella se invita a pensar a la mujer como una construcción social y cultural. ¿Qué significa?
-Significa justamente eso. Por eso el título de la película "El laberinto de las lunas". Había algo que repetían los testimonios, esto de la construcción y de que uno nunca termina de saber bien quién es. Eso va siendo con los años, las coyunturas, los contextos. Uno no nace mujer, varón, sino que se va construyendo. Es una identidad que te puede llevar toda la vida y de la cual también podes ir cambiando, te podes enamorar de alguien del mismo sexo a pesar de ser heterosexual. Podes ser travesti y enamorarte de otra travesti, que se yo. Lo que la libertad de tu cabeza y tu cuerpo pueda ofrecerte. Entonces eso es una construcción donde cada día te vas encontrando. Hay etapas donde estás más conforme con quien sos y otras en las que habrá cosas que no te gusten y también el espejo del otro, lo que te devuelve, por eso es social y cultural.
No estamos exentos del estereotipo. Que la travesti se tenga que poner tetas para ser una mujer es parte del estereotipo, por eso Gabriela Mansilla está en contra de que los niños pequeños tomen hormonas, porque lo llevamos a este estereotipo. Podemos pensar que hay una nena sin tetas. Marlene Wayar es una travesti que teoriza mucho y dice "somos el primer objeto de arte a crear, nosotras las travestis", y sí, son una construcción en esa transformación que van haciendo. Ella se define como un objeto de arte. Así que el nombre de El laberinto es porque justamente estos caminos no se saben bien en que van a terminar y las lunas por esta cuestión femenina. Me pareció que era lo que más me anclaba a lo femenino.
Adolescencia trans y envejecer travesti
-¿En qué proyecto fílmico está trabajando actualmente?
-Estoy trabajando en un largometraje documental siguiendo con la temática del colectivo travesti, pero ahora voy a hablar de lo que es la adolescencia trans y el envejecer travesti. Conocí a una adolescente de 15 años que está en plena transición con apoyo en su familia y mucha claridad en sus ideas. Es una chica que milita en la secundaria, se dice y presenta como Oriana. Todavía no tomó la decisión de tomar hormonas, etc. Por el otro lado, muestro una travesti abuela que tiene 5 hijos propios, se casó siendo hombre. Siempre supo que era travesti, pero bueno, el mandato social la hizo casarse y ahora está rodeada de sus nietos, se llama Mariana.
Me pareció importante marcar estos dos extremos de un mismo lazo y que estas jóvenes travestis empiezan a tener un poco más de aire por la lucha que emprendieron las hoy viejas travestis. Cuando avanzan en los relatos, vamos a ver que son muy dispares, por ejemplo, Mariana cuenta que la corría la policía, que tuvo que trabajar en la calle, excluida de la familia, sin terminar el colegio, etc. A comparación de Oriana que todo eso le parece una película de terror. Pero esto que está logrando Oriana se debe a la lucha en la que quedaron muchas en el camino también.
Provisoriamente, el título será "Amor travesti", porque desparraman mucho amor. Mariana organiza en su barrio ollas populares. A mí me llamó mucho la atención, como una persona que ha sufrido tanto la exclusión y la violencia social tiene hoy en épocas de pandemia, una intención de salir comunitariamente, solidariamente con sus vecinos del barrio.
Filmografía
De Carne y Sueño (1997)
Refugios (1997)
Espejos (2007)
Sexo Dignidad y Muerte (2010)
Nosotros detrás del muro (2012)
El laberinto de las lunas (2019)
Declarada Artista Distinguida de la ciudad de Rosario. (Decreto 34817).




















