Por un mundo laboral más inclusivo
La visibilidad de las personas con capacidades diferentes parece ser un tema ya resuelto, la inclusión en las escuelas, en actividades artísticas y recreativas. Pero el gran desafío es lograr la inclusión laboral, que las personas con alguna limitación, sea cognitiva o física, sean contratados por empresas privadas o públicas. Éste es justamente uno de los principales objetivos de la Asociación Adardicha.
Lucía Torres
redaccion-er@miradorprovincial.com
Yanina Fernández y Jésica Siegrist son las docentes que están al frente de la Asociación Discapacitados Área Rural de Integración Chajariense (Adardicha). Esta institución este año cumple 28 años en la ciudad y logró hacerse un espacio en la comunidad. El objetivo es brindar capacitación laboral para jóvenes y adultos mayores de 18 años, que ya no asisten a la escolarización especial.
Actualmente concurre a la Asociación un grupo de entre 11 y 12 personas, porque se debió reducir el cupo debido a los protocolos por el coronavirus. En los talleres, que se realizan de lunes a viernes de 15 a 18, se trabajan distintas propuestas laborales, de elaboración propia y de las ventas se saca un incentivo económico para cada alumno.
Además, las familias de cada uno de los asistentes abonan una cuota a la asociación de padres que, junto a un subsidio municipal, se destina al mantenimiento del espacio físico y a los sueldos de las docentes especiales.
La metodología que utilizan para las actividades laborales es la de tener algunas que permanecen durante el año, y otras según la época del año. Por ejemplo, durante marzo trabajan con la venta de productos de limpieza, “tenemos un proveedor que nos los vende como mayorista, luego ellos envasan, ponen precios y etiquetan” contó una de las docentes a MIRADOR ENTRE RÍOS. Y además, teniendo en cuenta la proximidad de las pascuas, elaboran ahora, como actividad junto a sus padres o familiares, conejos de chocolate en diferentes tamaños que se pueden adquirir desde 30 a 150 pesos. En ambas opciones son ellos mismos quienes recorren negocios y casas cercanas, los ofrecen y venden.
Pos cuarentena
Durante el confinamiento por el Covid-19, pese a los reiterados pedidos de instituciones y padres para que se habiliten las actividades de personas con discapacidad, fue una de las últimas en permitirse. Sobre cómo lo vivieron en Adardicha, Yanina y Jésica contaron que el inicio 2021 fue más complicado de lo habitual. “El trabajo de readaptación llevó un poco más de lo habitual. Además, en este inicio se limitó la cantidad de asistentes, trabajando con 11 personas”. Recordaron que en 2020 no llegaron a tener nada de actividades, “estaba previsto que arrancáramos ese lunes que se decretó la cuarentena, así que no pudimos hacer nada”. Al respecto, una de las docentes que lleva algunos años en la institución contó que “se notó que durante un año no se trabajó, porque para muchos ésta es la única actividad y salida, el contacto con pares, entonces a muchos les costó un poco más de lo habitual volver al ritmo y a las actividades de siempre”.
La comisión de padres hizo beneficios para mantener el edificio, que tiene sus años, pero las puertas para los estudiantes estuvieron cerradas.
Los protagonistas
Algunos de los jóvenes que asisten a Adardicha accedieron a contar sus experiencias. Ignacio, de 26 años, no recuerda cuántos años hace que asiste a la institución pero sabe que es desde hace mucho tiempo, lo que más le gusta es que aprendió a leer y a escribir. De los talleres dijo que elige trabajar con los productos de limpieza, “no son muchas las ventas, eso es feo, salir y que no te compren, me pone triste” reconoce el joven que antes había estado escolarizado en la Escuela Especial N° 8.
En tanto, Rosana, que tampoco sabe con precisión la cantidad de tiempo que viene asistiendo al centro, hoy tiene 24 años y en su caso no había concurrido antes a escuelas, de modo que es su primera experiencia en escolarización. Al ser consultada por lo que más disfruta de sus tardes en Adardicha aseguró, “compartir con mis compañeros pero también salir a vender, hablar con la gente, esta es mi única actividad así que la disfruto mucho”. De las ventas contó que siente algo similar a lo que vive Ignacio, “cuando nos compran me pongo contenta pero cuando no nos compran me pongo triste, pero siempre nos tratan bien, eso es lindo”. Pero remarcó con merecido orgullo: “Lo lindo es que con eso vamos teniendo nuestra propia platita, es importante”. De su familia dijo que están felices de que pueda asistir. A su vez, Rosana también contó que, aunque las profesoras son muy amables, cuando llegan las 18, momento de finalizar la jornada, “ya me quiero ir a mi casa a tomar mates con mi mamá”.
Tarea enriquecedora
En cuanto a sus experiencias personales, las docentes Yanina y Jésica contaron que se recibieron de profesoras de Educación Especial en Chajarí y que, además de en Adardicha trabajaron en otras áreas, en escuelas y con integración. Del área que prefieren ambas coincidieron que son todas muy diferentes pero lindas a la vez: “Es todo muy lindo, trabajar en escuelas, de MOI (maestro orientador integrador), o en escuelas especiales, con adultos y con niños son áreas muy distintas pero todas tienen sus cosas lindas”.




















