A un año del ASPO
Ya transcurrió un año del Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) Nacional N° 297/2020 que establecía el “aislamiento social, preventivo y obligatorio” en todo el territorio nacional, comenzando una cuarentena que, en un principio, creímos que duraría apenas unas semanas.
ALDANA BADANO
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En Paraná, las primeras semanas de aislamiento fueron realmente un calvario para muchos, mientras que para otros significó vacaciones. Mientras cientos de trabajadores veían sus puestos de trabajo en peligro, otros tantos comenzaron a trabajar desde sus casas y los emprendedores no tuvieron otra alternativa que apostar a las ventas online. Los estudiantes pensaron que tendrían vacaciones pero terminaron conociendo la pedagogía virtual.
La cuarentena obligatoria inspiró a muchos a comenzar actividades nuevas, descubrir otras facetas de sí mismos: la cocina, artes plásticas, deportes, danza, teatro o improvisaciones en tik tok y la costura fueron de las disciplinas más elegidas. También significó un parate en la rutina diaria y una reconexión con la casa, la familia, los propios tiempos de nuestro cuerpo, en consonancia con la naturaleza.
La violencia en todas sus formas se hizo presente como una de las consecuencias del encierro y el aislamiento nos tiró un baldazo de agua helada con las miles de mujeres que perdieron sus vidas en los femicidios que escalaron números alarmantes. Otras formas de violencias también se hicieron presentes y las mujeres fuimos las más vulneradas ya que con familiares a cargo de manera permanente muchas mujeres tuvieron que resignar sus intereses para cuidar a los más pequeños o los adultos mayores.
Los primeros meses, las calles y el microcentro de la capital provincial lucían desiertos, en la Terminal de ómnibus reinaba el silencio y en los espacios culturales las arañas decoraban con sus telas los escenarios.
A medida que las restricciones comenzaban a ablandarse, Paraná fue epicentro de unas de las más grandes contradicciones de pandemia: los primeros en abrir sus puertas, con horarios específicos y protocolo, fueron los bares. Mientras que centros culturales y escuelas permanecieron cerrados hasta llegado el último mes del año.
Esta pandemia causada por el Covid-19 que trajo aparejada la decisión política a nivel nacional de establecer el “aislamiento social, preventivo y obligatorio” sin dudas quedará en nuestra memoria colectiva. El 2020 para muchos fue un año perdido; creo que lejos de haberse perdido, vino para enseñarnos que lo más simple siempre será lo más importante: la naturaleza y la familia.



















