A un año del ASPO
A un año del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio en todo el país, MIRADOR ENTRE RÍOS dialogó con el intendente, Gustavo Vergara; y el director del Hospital, Sebastián Reichel, quienes hicieron un balance tras la llegada de la pandemia a la ciudad.
JOSÉ PRINSICH
redaccion-er@miradorprovincial.com
Hay fechas que son difíciles de olvidar y aunque pasen los años, quedarán grabadas para siempre en la memoria de todos. Marzo de 2020 fue una de esas. El gobierno nacional decretó el aislamiento social, preventivo y obligatorio en todo el país tras la llegada del coronavirus. En un abrir y cerrar de ojos, la pandemia y su rápida extensión por todas las provincias cambiaron rotundamente la cotidianeidad de los argentinos.
En General Ramírez, la noticia cayó como un baldazo de agua fría, especialmente porque faltaban pocas horas para que la ciudad festeje su 132º aniversario. En poco tiempo, el evento tuvo que suspenderse para adaptarse a las nuevas disposiciones. La urgente conformación de un Comité para la Organización de la Emergencia Sanitaria y la activación del protocolo en todos los niveles daban cuenta que la situación no debía esperar. El COES local está integrado por el presidente municipal, Gustavo Vergara; e integrantes del equipo de gobierno, Concejo Deliberante, Policía, Bomberos, Juzgado de Paz, Hospital, Centro de Salud y representantes del Ministerio de Salud de la Provincia.
En diálogo con MIRADOR ENTRE RÍOS, Vergara manifestó que “fue una experiencia inédita, no sólo para nosotros como gestión sino para toda la comunidad. De todas las cuestiones conflictivas o negativas siempre hay que pensar en salir adelante, sacando experiencias buenas. A partir de eso, tomamos medidas que pudieran reencauzar la vida en sociedad. Al principio, tuvimos la decisión de acompañar fuertemente las medidas de aislamiento y después distanciamiento. Pero a los cuatro meses de esta pandemia nosotros empezamos a pensar cómo salir del aislamiento. Fue una normalización progresiva y hoy, prácticamente, están todas las actividades en funcionamiento”.
Por su parte, el director del Hospital “Nuestra Señora del Luján”, Dr. Sebastián Reichel, expresó que “nadie se esperaba tener una pandemia, con todas las cosas que pasaron a raíz de este virus. Fue un año muy difícil porque era un enemigo que no conocíamos y nos agarró desprevenidos totalmente. Siempre digo que nos agarró la ola de espaldas. Ahora, es probable que venga otra ola, pero nos va a agarrar de frente. Estábamos pensando en el dengue y de pronto apareció el coronavirus en nuestras vidas”.
–¿Qué recuerdos aparecen de esos primeros días de marzo?
Reichel: –Al principio era terrorífico. Yo veía miedo en la mirada de cada trabajador, enfermeros, personal de limpieza, médicos. No vi a mis padres durante un montón de tiempo, teniéndolos acá al lado mío. Tenemos más miedo de contagiar a otros y que la pasen mal. Llegaba a mi casa y me desvestía afuera, me sacaba la ropa y me bañaba como 20 veces al día. Los primeros meses fueron caóticos. Tuvimos que rearmar todo el hospital, reorganizando todo el esquema de organización.
Vergara: –Lo primero que recuerdo fue el desconcierto porque era una situación totalmente novedosa, para la que no teníamos experiencia. Fue una decisión acertada, casi única a nivel provincial, el haber conformado el COES local. Pudimos llevar adelante la situación, consensuar las medidas que se han ido tomando y entre todos darle una tranquilidad a la comunidad de que había gente que estaba pensando las soluciones en los momentos de crisis.
–¿Cuánto sirvió la conformación de un COES local?
R: –Sirvió y mucho porque trabajábamos muy bien. Nos unimos sin ningún problema, sin poner la ideología política por delante. Tenemos un fin en común que es la salud de los ramirenses. Íbamos sobre la marcha atajando penales, tratando de hacer lo mejor en pos de la comunidad, especialmente para cuidar a los más vulnerables que son los adultos mayores, factores de riesgo y el personal de salud, que es la primera línea de defensa, que si no la tenemos no nos podemos cuidar. No hemos tenido un descanso. No hubo sábado, domingo. La gente por ahí no ve el trabajo que hay detrás.
–¿Cuál fue la decisión más difícil que tomaron?
V: –Fueron muchísimas, pero aplicar un sistema de aislamiento para nuestros abuelos fue lo más duro que tuvimos que tomar, obviamente pretendiendo defender su salud. Los jóvenes y los más chicos, a través de las redes y sus contactos, pudieron sobrellevarla.
–¿Cuándo se dio el primer caso en la ciudad?
R: –Fue en julio. Yo recibí el resultado y me quería morir. También fui yo el que le dijo a la paciente que era positivo. Era distinta la situación a la de ahora. Imaginate se le venía el mundo abajo. Recuerdo que la paciente pensó en su familia, no en ella. Con este virus te quedás aislado de todo. A mí me pasó con mi papá, que la pasó mal. Lo llevaron a Paraná y ahí no lo vi más por 15 días. Seas quien seas no lo ves. No te dejan entrar.




















