La Paz
Un médico de La Paz tiene como hobby coleccionar historias de su ciudad. Posee un archivo impactante y anhela que no se pierda nada de esos recuerdos.
CONRADO BERÓN
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Ramón Belén López es un paceño que recopila historias y archiva datos con el fin de evitar su pérdida. MIRADOR ENTRE RÍOS dialogó con el ginecólogo, quien introdujo en la charla su propia historia: “Tengo 60 años. Nací un 30 de marzo de 1960, en la ciudad de La Paz. Mi familia estaba integrada por mi padre, comerciante; mi madre, maestra; y dos hermanas, en una típica familia de clase media. Cursé mis estudios primarios en la Escuela N° 144 Manuel Belgrano y los estudios secundarios en el Colegio Sarmiento. En el año 1986 egresé de la Universidad Nacional del Nordeste con el título de médico y luego realicé la residencia donde me formé como especialista en Ginecología y Obstetricia. Volví a mi pueblo hace 30 años, me casé con Norma Potschka, una misionera profesora de Educación Física a la que amo, y tuvimos cuatro hijas, Carmina, Sofía, Ludmila y Tatiana, que son nuestro bien más preciado. Soy amante de las cosas simples, de los asados en familia, de rituales de mates amargos bien cebados, del contacto cara a cara con la gente de mi pueblo para conocer sus historias. Hincha de Boca, apasionado por el río y la pesca deportiva, pero sobre todo, orgulloso de ser parte de la comunidad paceña, que no cambiaría por ninguna ciudad del mundo, y de conformar ese sentimiento de pertenencia, que nos da la “entrerrianada”, que llevamos como sello indeleble y que ostentamos para toda la vida.
DESDE SIEMPRE
-¿Cuándo y cómo nació esta pasión por el rescate histórico?
-Siempre me gustó la historia en general, pero me atrapan los hechos, situaciones o acontecimientos que estén relacionados con La Paz. Comencé recopilando dichos y narraciones de nuestra gente, escuchando, anotando, registrando. De a poco me fui metiendo en un mundo tan diferente a la medicina, me fue gustando cada vez más y luego se convirtió en pasión. Es difícil ponerlo en palabras, pero para dimensionarlo hay hechos que lo explican. Horas y horas buscando datos en documentos (diarios, cartas), para tamizar y encontrar un dato que te abre la puerta de un mundo desconocido. Con paciencia, analizar fotos que te hablan de lugares, sentimientos, de hombres y mujeres que caminaron las mismas calles que vos, pero hace tantos años atrás. La satisfacción de encontrar datos que para el común, parecerían intrascendentes, pero para uno es como descubrir un tesoro valioso. Así comencé hace unos años, lo que conseguía siempre lo compartía en las redes.
-¿Cómo lo realizás?
-Me definiría como un “recolector” de historias locales y lo que comenzó con un papel y birome, se fue complejizando. Tuve que crear mi propia logística; grabar, escanear, sistematizar. Hay datos que se obtienen de material escrito, pero lamentablemente nuestros pueblos del interior no tienen una conciencia colectiva del resguardo del patrimonio histórico. Muchos documentos fueron tirados, destruidos, eliminados. A veces voy en búsqueda de los datos, otras me los acercan los vecinos, sabiendo que serán resguardados, muchas veces me dicen que prefieren dármelo porque cuando se mueran, sus hijos van a tirar todo a la basura.
EL SECRETO: ESCUCHAR
-¿Estás escribiendo tu primer libro?
-Lo que fui recopilando, lo fui guardando y pensaba escribir algo a futuro, pero irrumpió la pandemia y ahí arranqué. Comenzó otra etapa, ya que al material había que agregarle el sustento de datos históricos, de documentación respaldatoria y fue así como exploré los intrincados laberintos de la investigación. Hay mucho material, pero debe ser presentado en forma que sea atrapante su lectura, desacartonada y accesible, así que estamos en pleno proceso y es la meta terminarlo este año. Dios dirá para cuándo saldrá.
-¿Cuál es el objetivo de lo que hacés?
-Nuestro pueblo tuvo hombres y mujeres que dedicaron su tiempo a la historia local, como Estanislao Córdoba, Carlos Rodríguez Armesto, Eloísa García, Alicia González Castrillón y contemporáneos como Julio Blanche o Luis H. Martínez, entre otros. Lamentablemente en los últimos años, no abundó la aparición de publicaciones sobre nuestro pueblo y sumado a eso hay otro elemento que me moviliza. La historia está guardada en la memoria de nuestra gente, en esos queridos “viejos” nuestros, a veces olvidados, o lo peor aún, no escuchados. Esta sociedad no escucha a los adultos mayores. Pero ellos tienen el chip intacto de sus recuerdos, no solo en la mente, sino también en lo profundo del espíritu. A veces cuando me entero que fallece alguno de ellos, pienso para mis adentros, ¡cuántas historias se llevó consigo! cuantos datos y vivencias que no quedaron registradas. Me da una cosa adentro, que me impulsa a seguir. Debemos escribir, plasmar en el papel todos esos datos, porque son parte de nuestra historia local, de lo auténticamente nuestro, de nuestras raíces, de nuestros orígenes. No me gusta ser espectador pasivo, de las historias que nos venden de otros lados y que luego terminamos asimilando. Quiero saber de mi tierra, mi gente; de dónde venimos, de nuestra identidad, porque eso nos marca también para dónde vamos.
-¿Cuánto tiempo le dedicás por semana?
-No tengo tiempos preestablecidos, todo depende del día a día. A veces se complica con las cirugías o el tiempo que dedico para capacitación de posgrado, la medicina avanza a pasos agigantados y eso te obliga a estar formado y también actualizado; para eso hay que seguir estudiando. Pero el mayor tiempo disponible se da los fines de semana, los sábados me levanto a las 6, preparo el mate y diagramo las entrevistas o la búsqueda de material. Lo mismo el domingo, aunque a veces me escapo a pescar con mis amigos.
PRESERVACIÓN
-¿Qué es y cómo funciona el Archivo Histórico en La Paz?
-El Archivo Histórico lo creamos el 19 de mayo de 2017. Está conformado por vecinos del pueblo y tiene como finalidad la preservación de la memoria colectiva. Nos reunimos dos veces por mes y hemos realizado muestras relacionadas al ferrocarril y al puerto, charla debate sobre el espacio público, instancia de capacitación en archivística y concursos, como el de lengua y habla local, realizado con las escuelas. La pandemia frenó un poco las actividades el año pasado, pero deseamos continuar en el actual.
-¿Qué dice tu familia de todo esto?
-Como todas las cosas que encaro, la familia me banca, es más pienso que sin ellas no podría realizarlo. A veces me doy cuenta que le resto tiempo para estar juntos, porque ando buscando datos, pero no hay otra forma, ya que no me dan los tiempos. Al principio empecé a traer material que desparramaba por todos lados, así que un día me emplazaron y tuve que armar una biblioteca con mis cosas. Después tuve que utilizar el garaje, motivo por el cual el auto duerme afuera. De mis hijas, la mayor se recibió en Ciencias de la Comunicación y ahora terminó Estudios Culturales. Con ella compartimos este sentimiento y ella me asesora en la diagramación.
EL BAÚL DE LOS RECUERDOS
-¿Cómo elegís a los entrevistados?
-Pienso que hay mucho de intuitivo. Ves a una persona y decís “seguro que tendrá algo interesante para relatar” y la mayoría de las veces se da. Trato de buscar gente que no está visibilizada, de bajo perfil, digamos poco conocida. Me interesa indagar en la gente mayor, sobre las costumbres, los lugares de diversión, los modos y estilos de vida y lo más interesante, las anécdotas. Algo que aprendí, que la forma en que ellos se abren al dialogo, es cuando se sienten cómodos, no están invadidos y sobre todo se sienten respetados. Tenés que ir a su casa, sentarte en su patio, comer lo que te convidan, hablar en su sintonía y entonces mágicamente, abren en su mente el baúl de los recuerdos.




















