Gualeguaychú
Ocupan lugares que han sido histórica y exclusivamente para hombres y donde hoy ellas siguen siendo la minoría. En el mes de la mujer, Mirador Entre Ríos fue al encuentro de una remisera, una futbolista y una bombera.
Sabina Melchiori
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En 1999, a causa de la escasez de ventas, Lucrecia Tessore debió cerrar las puertas de su almacén. Fue entonces que se acercó por primera vez a una remisería a ofrecerse como chofer de su propio auto. Con esas condiciones, no hubo inconvenientes, porque en aquel entonces, a las mujeres solo se las aceptaba en las remiserías si trabajaban con auto propio. En 2002, esa cláusula (o costumbre) seguía vigente y fue cuando a Lucrecia se le empezó a complicar la vida. Al separarse de su marido se quedó sin auto, y por ser mujer, también se quedó sin la posibilidad de manejar uno ajeno y seguir trabajando.
"Busqué otro trabajo y hasta el 2009 trabajé por períodos intermitentes en diferentes lugares", recordó Lucrecia, quien regresó a la remisería recién cuando con ayuda de su padre, pudo comprarse un auto para trabajar. Actualmente, esa condición ya no existe y son cada vez más las mujeres remiseras. Incluso, suelen ser expresamente solicitadas por los pasajeros cuando llaman a la remisería. "Voy continuamente a Buenos Aires, hay meses que voy 10 veces, otras menos.
Tengo mucha clientela que llevo y traigo a Ezeiza, o a La Plata. También trabajo con chicos de las escuelas o gente mayor a la que les hago mandados. Me han ponderado cómo manejo, gente que viaja tranquila conmigo en la ruta porque respeto las normas y no corro. Es mi trabajo y mi fuente de subsistencia y me da muy bien", detalló Lucrecia.
Sin embargo, también vivió situaciones incómodas: "Hay gente que averigua por un viaje largo y te pregunta con asombro si lo hacés vos, pero es la sociedad machista que no acepta que podemos hacer el mismo trabajo que los hombres. Me pasó una vez que vino un pasajero a la remisería, pidió un auto y cuando vio que me iba a subir, dijo: ´yo con mujeres no viajo`. Fue la única vez que tuve un choque brusco, también tuve gastadas y alguno que otro que se ha puesto pesado. En esos casos, freno y le pido que se baje".
Romina Analía "La Negra" Martínez
Tiene 31 años, trabaja como empelada pública en la administración del Hospital Centenario, es jugadora del Club Atlético Independiente de Gualeguaychú y de la selección de esta ciudad. También es directora técnica de categorías infantiles, pero aún no ha desempeñado esa tarea. Desde 2013 tiene a cargo un equipo femenino del Club Independiente.
Empezó a jugar desde chiquita con sus primos y amigos del barrio, sin embargo nunca se animó a ir a un club, ni siquiera cuando fueron a buscarla. Le dio vergüenza "por el estereotipo". Más tarde, de alguna manera llegó la revancha: luego de presentar el proyecto de creación de un equipo de fútbol femenino en Independiente, el fútbol pasó a convertirse en una responsabilidad. Allí tiene a cargo un equipo, además de ser jugadora.
"No gano dinero, creo que pierdo, porque al haber poco apoyo hacia el fútbol femenino muchas cosas se solventan con lo que aportan las jugadoras de su bolsillo o sponsors y ventas para recaudar para los torneos, alquiler de canchas o árbitros", manifestó a Mirador Entre Ríos, y agregó: "Creo que si fuéramos hombres todo sería más fácil. En los equipos de primera masculinos se solventan materiales, seguros y muchas cosas que nosotras no tenemos".
Más allá de su experiencia, Analía observa que las mujeres todavía no viven del fútbol, "han llegado a firmar contratos, pero son bajos en comparación con los de los hombres".
Ingrid Alurralde, una mujer al rescate
Desde 2009 forma parte del cuartel de Bomberos Voluntarios de Gualeguaychú. Ingresó porque un tiempo antes, mientras trabajaba en un kiosco ubicado sobre calle 25 de Mayo le pasó de encontrarse con una vecina que pedía ayuda desesperada porque su marido se había descompensado y ella no supo que hacer más que llamar a la emergencia médica.
"Ahí decidí que quería hacer algo, pero no pago, algo voluntario, y fui a averiguar al cuartel", contó a este semanario. Hoy, cuenta con orgullo que es brigadista forestal, que integra la brigada BREC, de búsqueda y rescate en estructuras colapsadas y que "en su momento formé parte de la brigada de altura". Además, está integrada al equipo de instructores de la institución.
Nació en San Andrés, partido de San Martín. Es empleada de comercio, tiene 42 años y está en pareja. Le gusta ser bombera porque es su manera de "aportar un granito de arena y ayudar a la sociedad, a mis compañeros".
Al ser consultada sobre si alguna vez sintió que no la respetaban como a sus compañeros, respondió: "Por suerte en Gualeguaychú a la mujer se la trata como un igual, por ahí la gente aún se asombra cuando ve a una mujer uniformada de bombero, pero dentro del cuartel somos todos iguales, inclusive los masculinos nos bancan y nos cuidan que no es tarea fácil", y agregó: "Nunca se nos faltó el respeto dentro de la institución, al contrario, aún los bomberos más antiguos aceptaron nuestro ingreso, y hoy por hoy somos todos iguales, hasta ha pasado que llevan dotaciones íntegramente de femeninas, con el chofer cómo único varón".
Ingrid no quiso concluir la charla sin antes mencionar a cada una de sus compañeras, por antigüedad en el cuartel: Marianela Arias, Cintia Susco, Elizabeth Coria, Lilian Núñez Peralta, Daniela Barrios, Belén Taborda, Fernanda Carmona, Lucia Romero, Johana Cedrés, Nerina Melchiori, Mercedes Piaggio, Ayelén Suárez y Valeria Retamosa.




















