Ejemplo de superación
Sebastián Aab tiene 32 años, y entendió que la discapacidad no es un impedimento para lograr los sueños y que con dedicación todo se puede concretar. El joven de General Ramírez se recibió de maestro en el 2011 y desde hace ocho años que brinda apoyo de inglés en su casa.
José Prinsich
redaccion-er@miradorprovincial.com
Después de haber escuchado un golpe de palmas sobre el frente de su casa, Sebastián Aab no tardó ni un segundo en atender el llamado. “Ahí voy”, se escuchó desde el interior. El joven ramirense interrumpió por unos momentos la lectura, agarró sus muletas y se dirigió hacia la puerta de entrada. Antes de abrir, como toda persona precavida, había asomado levemente su cabeza por la ventana para corroborar la identidad del visitante, aunque sabía que lo esperaba un mano a mano con MIRADOR ENTRE RÍOS. Una hoja blanca A4, pegada sobre aquella ventana, anticipaba el temario principal de la entrevista: clases de apoyo en inglés.
“Sería algo muy lindo poder ayudar a muchas personas que quizás están en una situación similar a la mía”, arrancó diciendo el maestro de 32 años mientras la luz roja del grabador registraba cada palabra del emotivo encuentro. La historia de Seba es motivadora por donde se la mire.
Al momento de nacer, el hombre de la Capital Provincial de la Juventud tuvo un paro respiratorio, lo que derivó en una parálisis cerebral y en severos problemas motrices. A partir de ese momento comenzó un largo camino, con obstáculos e incertidumbres todo el tiempo. Pero más allá de las adversidades, el pequeño nunca dio el brazo a torcer y siguió adelante con el constante acompañamiento de sus padres, Estela y Horacio. Con el paso de los años, Sebastián logró entender a la perfección que la discapacidad no era un impedimento para lograr los sueños y que si se lo proponía podía cumplir con cada uno de ellos.
Desde hace ocho años que el amante de la música y las computadoras destina su tiempo para brindar apoyo en inglés. El living de calle Anacleto Medina se convirtió en el aula de muchos adultos, niños y jóvenes, quienes recurren a Sebastián para aprender el idioma. Producto de la pandemia, el docente de barrio San Carlos tuvo poca actividad el año pasado y espera volver al ruedo –con las energías renovadas– durante este 2021.
“No distingo entre edades, sino que depende de lo que necesite cada persona. A muchos adultos los he ayudado con el tema de los viajes al extranjero. He tenido que conversar con ellos para que puedan defenderse en otros países”, dejó en claro a este medio. “Es algo que me gusta, especialmente el tema de la gramática. Los chicos tienen la dificultad de distinguir el presente simple del continuo o el pasado. Está bueno poder ayudar y desatar ese nudo que les cuesta a los chicos para que el inglés –que ellos piensan que es difícil– sea fácil”, agregó.
Sobre el origen de estas clases, Aab recalcó que le entusiasmó el idioma aunque no siempre fue así. “De un día para el otro me empezó a gustar. Antes no era bueno para el inglés. Siempre me sacaba notas bajas. Entonces hice un curso en la Academia de Inglés Success. Fueron seis años con la ayuda de mis padres y abuelos, que me pagaron el curso. No pude terminar como los demás chicos porque el examen final es con tiempo y por mi discapacidad no llegaba con el tiempo. Igualmente tengo el certificado”.
En las clases de apoyo no solamente se habla de inglés, sino que también surgen otras conversaciones paralelas desde dibujos animados y programas de la televisión hasta los juegos de Play Station y una variedad de temas que van apareciendo entre risas y aprendizajes. “Hay que estar convencido de lo que uno quiere hacer y si el contexto lo permite, hay que meterle para adelante. La vida te pone obstáculos pero los límites los ponemos nosotros”, sostuvo el maestro del departamento Diamante.
Adaptación
Luego de haber cursado los estudios secundarios, en el 2008 ingresó en el Instituto Superior de Formación Docente “Paulo Freire” y por recomendación de su mamá se inscribió en la carrera de Magisterio.
“Ella pensó que yo podía ayudar o que era bueno para enseñar porque tenía paciencia. Al principio, como todos cuando arrancan una carrera, tenía miedo y más en mi caso por la discapacidad. A medida que pasaba el tiempo, me adapté al grupo y el grupo se adaptó a mí, igual que los profesores. Hice un vínculo muy lindo, que hasta el día de hoy sigue vigente”, comentó Sebastián, quien se graduó en 2011. Como anécdota, el ramirense relató que en el curso eran solamente dos varones y su trabajo final estuvo vinculado a las consecuencias de las redes sociales.
–¿Cómo fue la adaptación a los estudios?
–Al principio tuve esos temores de que si los profesores me iban a aceptar o si yo iba a poder hacer la carrera porque no es lo mismo la secundaria que los estudios terciarios. Pero lo pude llevar bien.
–¿Qué fue lo que más te gustó de esa etapa?
–Lo que más me gustó fue el compañerismo, que me aceptaran. Por mi discapacidad nunca dijeron ‘vos no podés hacerlo’. Al contrario yo me decía que no podía hacerlo y ellos insistían con que sí lo podía hacer.
¿Inclusión?
–¿Qué se puede decir con respecto al mercado laboral?
–En cuanto al mercado laboral se intentó pero no se logró nada (desde el ISFD se envió un trámite al CGE, pero hasta el momento no hubo novedades). Ojalá que se dé este año. El Estado debería incluir un poco más a las personas con discapacidad. Desde que empezamos la escuela hasta que la terminamos siempre se habla de la inclusión y te lo meten mucho en la cabeza. Pero al momento de querer conseguir un trabajo te excluyen y no te sentís parte.
–¿Cómo fue tu escolarización?
–Mi primera escolarización fue en la Escuela N°5 “Alborada”. Ingresé cuando tenía 2 años y estuve hasta los 4. Allí trabajamos mucho la motricidad fina y otros aspectos. De ahí pasé a la Escuela Adventista, que estuvo abierta unos años, pero por falta de apoyo tuvo que cerrar. Estuve dos años en jardín de 5 años. Quería entrar a primer grado pero no podía escribir ni siquiera una línea. Ahora puedo escribir como cualquier persona, lo único que un poco más lento, al igual que caminar.
Después pasé a la Escuela N°153 “Madre de Jesús”, donde estuve hasta noveno grado. Fui escolta izquierdo de la bandera provincial y nacional. Más tarde a la Escuela “Francisco Ramírez”. Allí hice el Bachillerato en Humanidades y Ciencias Sociales, que culminé en 2006. Me quedaron un montón de recuerdos, siempre me aceptaron y me trataron como uno más. Terminados los estudios secundarios, seguí haciendo el curso de inglés, que había iniciado en el 2004 y terminé en el 2009. Paralelamente había arrancado el Magisterio. Fue difícil, pero lo logré terminar. A parte tengo un curso de reparación y mantenimiento de PC y otro de operador básico de PC, que siempre me llamó la atención hacerlo. No era por el hecho de querer trabajar de esto sino por intereses propios.
Hobbies
“El piano es algo que me gusta”, responde Sebastián cuando se lo consulta por lo que le gusta hacer. Y agrega: “Aprendí a tocar de oído. Fui con distintos profesores, todos me enseñaron a tocar de oído. Si escucho alguna canción que me gusta trato de sacarla. Tengo muchas raíces alemanas y me gusta esa música. Igualmente, hago de todo. Me gusta pasar el tiempo en la computadora o leyendo. Hace un rato estaba leyendo un libro de historia antigua. Además de hacer equinoterapia voy a kinesiología e hidroterapia, que me ayuda a no estar tan rígido de las piernas. En este sentido, hace cuatro años me colocaron una bomba intratecal de baclofeno que es la que me administra la medicación”.




















