Anfiteatro Humberto de Nito
El reconocido músico actuará en Rosario este sábado con un repaso por su vasta obra. Además de presentar algunas nuevas canciones nacidas durante el aislamiento preventivo de 2020.
Diego Montejo
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Este sábado 20 de febrero Pedro Aznar se presentará en Rosario junto a su banda, en su primer show en formato presencial desde que comenzó la pandemia, el talentoso músico llega cargado de entusiasmo tras un año sin conciertos presenciales. En ese marco, reconoce que el streaming tiene su propia magia, pero el calor del vivo con público es irremplazable. En la previa respondió mediante correo electrónico una serie de preguntas de Mirador Provincial. El show será en el Anfiteatro Municipal Humberto de Nito a partir de las 21 y las entradas son limitadas para garantizar el distanciamiento social y se suma a la serie de conciertos que se llevan en dicha plaza desde principios de enero.
– ¿Cómo se piensa un show que repasa tantos años de carrera, entendiendo que tu repertorio es sumamente vasto?
– Elijo las canciones como si fueran cuentos de un libro, que tiene que tener coherencia narrativa. El show tiene que ser un viaje disfrutable. También me aseguro que haya un buen equilibrio entre canciones clásicas que la gente quiere escuchar, cosas más recientes y estrenos.
– ¿Habrá temas nuevos en esta presentación?
– Sí, vamos a adelantar tres canciones de mi próximo disco.
– ¿En qué momento te encontrás ahora a nivel compositivo?
– En un momento muy fructífero y espontáneo. Durante este último año escribí más de 30 canciones, muchas de ellas en colaboración con queridos colegas, y lo que salió me dejó muy satisfecho.
– ¿Cuáles son tus búsquedas sonoras y hacia dónde apuntan?
– Para mí, la música “ideal” debe emocionar, ser inteligente y llevarte a reflexionar, como también tener algo primal, físico, eso que se manifiesta en el ritmo, el pulso. Esas cosas se manifiestan en la composición, la interpretación y la presentación sonora, en una grabación o en vivo. El sonido es un elemento indivisible de la experiencia musical, y yo lo cuido con enorme detalle, ya que puede hacer que una gran interpretación brille o se desluzca completamente.
– Fuiste uno de los primeros que se animó al streaming pago. ¿Qué consideraciones tenés al respecto de esos conciertos y de qué manera los viviste? ¿Crees que esa es una nueva forma de hacer arte que llegó para quedarse?
– Sí, son un nuevo lenguaje, y yo pienso seguir usándolo para algunos proyectos especiales, aún después de que vuelvan del todo los conciertos presenciales.
Hice once conciertos por streaming durante el último año. Los primeros seis, completamente gratuitos, todos con repertorios distintos. La idea fue acompañar a la gente durante la cuarentena. Por el mes de mayo leí que éramos 500.000 las personas afectadas directamente por la detención de la actividad de espectáculos en el país. Entonces decidí pasar a cobrar una entrada simbólica, que prácticamente cualquiera podía costear, y pagarle a mis músicos y personal técnico como si los shows los hiciéramos todos, aunque fueran unipersonales. También donamos parte de la recaudación a la Fundación Sí, que hace un trabajo solidario fuera de serie. Fue un trabajo que me mantuvo cuerdo, durante un tiempo potencialmente desesperante, y la gente también lo agradeció mucho.
– ¿Te gusta estar en tu casa o preferís las giras? La cuarentena nos puso en ese dilema…
– Me gustan las dos cosas. Tengo mi estudio en mi casa, lo que me permite componer, grabar y mezclar en cualquier momento y en la comodidad de mi intimidad. Y también disfruto enormemente de las giras. Son un trabajo muy intenso y a veces agotador, pero al mismo tiempo tienen una cualidad de celebración y descubrimiento constante.
– ¿En ese sentido qué te sucede cuando todo se detiene?
– Uso esos momentos para mirar hacia adentro.
– ¿Sos amante del silencio, como decía Yupanqui, qué cosas encontrás es esa tranquilidad del silencio en este mundo cargado de contaminaciónn sonora?
– Amo el silencio y la posibilidad que abre. Es en ese lugar donde uno puede encontrarse con uno mismo, hondamente, más allá de todas las máscaras de la vida mundana y la persona pública que cada unx es. Soy muy sociable y me encanta reunirme con amigos a comer, beber, reírnos y conversar hasta altas horas, pero también necesito mi espacio de quietud.
– En sintonía con lo anterior, ¿ves algún cambio en la industria de la música para los próximos años? Hablo de nuevas normalidades que deban reconfigurar lo que vivimos antes de la pandemia.
– Los nuevos modos de distribución de la música, digitales sin soporte físico, ya están firmemente establecidos. Lo que considero necesario es repensar el modelo económico, ya que lxs artistas, que somos lxs que generamos los contenidos, somos lxs peores remuneradxs.
– Me interesa que me cuentes sobre la remasterización de La grasa de las capitales, se los ve en el video en tu estudio disfrutando muchísimo ese rencuentro.
– Ese video muestra el momento en que Charly y David escuchan por primera vez el trabajo que estuvimos haciendo con el ingeniero Ariel Lavigna durante semanas en mi estudio. Fue una labor ardua, pero quedamos todos muy satisfechos con el resultado.
El disco cumplió 40 años, pero con el nuevo sonido se lo disfruta como recién hecho. Aunque muy deliberadamente conservamos lo mejor del color de la grabación original, el nuevo master tiene una dimensión distinta.
– ¿Hay chances que vuelva Serú Girán? ¿Pensás que hay una deuda con el público y que ese sueño musical tan generoso quedó trunco?
– Yo no diría que quedó trunco. Las cosas terminan, las personas y el mundo cambian. Somos amigos entrañables y, desde ese lugar, nada impediría que volviéramos a tocar juntos en algún momento.
– Hay algo que te destaca y es tu versatilidad, se te puede ver en escenarios muy diferentes ¿Cómo es ir del rock y el jazz al folclore?
– Para mí la música es una sola. Emociona o no, entusiasma o no. Esos tres géneros, y yo sumaría un cuarto, ya que hace un año lancé un disco de tango junto a Ramiro Gallo, me apasionan en igual medida, y hay matices de todos ellos mezclándose en todo mi trabajo.
– En esa tónica, hay dos grandes artistas mujeres que compartieron cosas con vos. Una es Ángela Irene que me contó que muy tímidamente le pediste cantar con ella la Zamba del Carnaval y otra, Leda Valladares.
– He tenido el honor de compartir la música con ellas y con tantas otras enormes artistas mujeres, de Mercedes Sosa a Gal Costa, de Eva Ayllón a Lila Downs, de Sandra Mihanovich a Shakira. En toda esa diversidad de estilos y propuestas, la sensibilidad y talento de ellas fue una luz de la que aprendí muchísimas cosas.
– ¿Cuán importantes son para vos estas mujeres y qué aprendiste de cada una de ellas?
– Diría que la cosa en común que aprendí de todas ellas es la transparencia en la comunicación del arte. Son voces y conceptos que vuelan a lo más alto, con una honestidad arrasadora y una ternura que conmueve.
– De todos los instrumentos que tocás, ¿con cuál te sentís máss representado?
– El bajo es mi casa, claro. Pero hay un instrumento que puede llegar más lejos que cualquier otro, y ese es la voz.
– En continuidad te consulto si te gusta conocer nuevos instrumentos y aprenderlos, sacar nuevos sonidos.
– Sí, de hecho, hace dos años empecé a tocar la mandolina, un instrumento que siempre había tenido ganas de incorporar, y que estará presente en una de las canciones que vamos a estrenar en el concierto.




















