viernes, mayo 1 2026

Lucrecia Mirad

Este miércoles 17 de febrero, a las 19, Lucrecia Mirad presenta su séptima novela, "Belga chocolate Belga" en la sede de la editorial rosarina Homo Sapiens. Mirador Provincial acerca al lector a la obra de esta gran escritora santafesina que desde su pluma aboga siempre por la identidad de sus personajes, un arquetipo sociológico que tanta huella dejó en nuestro colectivo social.

Ariel Gustavo Pennisi
redaccion@miradorprovincial.com

El evento contará con la participación de la poeta y actriz Patricia Cuaranta. La presentación de la "novela tejida con cuatro agujas", como dice su autora, podrá seguirse por Facebook live.

Belga chocolate Belga, en primera persona.

– En distintas oportunidades, afirmás que el hecho de ser arquitecta te posiciona ante una futura novela, en una planificación mental de la historia antes de empezar a escribirla. ¿Cómo surge la planificación de Belga chocolate Belga?

– La idea empieza desde mi lado arquitecta, quizás de poder construir un libro que fuera un espacio tridimensional y entonces se me ocurrió un espacio y una ruta. Dos personas que se buscan, que empiezan en dos puntos distintos del libro, siendo el centro geográfico de la historia el lugar de encuentro. La idea la tenía en la cabeza y demoré más o menos un año en poder encontrar qué argumento ponerle. Hasta que me surge el tema de las dos hermanas, que empiezan una búsqueda diferente, porque hay una hermana que lo hace para atrás y otra que escapa para adelante. Ese es el resultado de Belga chocolate Belga.

– ¿Qué se puede decir de Lucrecia escritora y de Lucrecia arquitecta?

– Cuando yo soy escritora, soy Dios. Porque decido sobre la vida y muerte de cada personaje. Decido cómo es, lo que hace y deja de hacer. Cuando soy arquitecta, no puedo, porque tengo distintos compromisos. Compromisos con la historia, la cultura, la física, la química, el cliente y el dinero. Son dos polos absolutamente opuestos: uno es un estado de libertad absoluta y el otro es uno de una pequeñísima libertad en el momento de proyectar. Después aparecen todos los condicionantes que son la vida misma.

Al momento de escribir, estoy en un momento de introspección y el grado más absoluto de libertad que yo conozco.

– En esta novela, se puede ubicar, al igual que en tus anteriores obras, la identidad y desidentidad como temas comunes. Esta vez se agrega el condimento del deseo como construcción…

– El tema del deseo y de la identidad o desidentidad tiene que ver con una cuestión de género, sobre todo para las mujeres de mi edad, donde abundaba el latiguillo del deber antes que el placer, el latiguillo era muy fuerte. Primero porque el deber era nuestro y nunca llegábamos a construir el placer. El placer para las mujeres era casi una mala palabra, entonces teníamos que ser la madre de los años 30, pero también amantes de nuestros maridos de los años 20, cocineras como Petronas, empresarias del año 2000, tener la casa impecable y si te quedaba tiempo también tenías que construirte el deseo. De ahí viene, te diría de una mirada retrospectiva a muchas personas y mujeres, sobre todo de mi edad.

– ¿Podemos calificarla entonces como una novela política?

– No es una historia que se presenta como política, aunque mi mirada de la vida es política y no es que me quiera contradecir. En este caso, la mirada política si vos querés, tiene que ver con una mirada ciertamente crítica sobre la clase media. Sobre esas familias caníbales que son aceptadas por la sociedad, que no son miradas con recelo y sin embargo a veces ocultan hacia adentro terribles horrores.

A veces, como en el caso de la novela, dos personas o todas, están absolutamente rotas, rotas al punto de no poder armarse nunca más. En ese sentido, es una mirada no sé si política, filosófica o sociológica. La mirada mía con respecto a la identidad en algún punto es política porque lo abordo desde todos los puntos, individual, familiar, social y de país. En todas las novelas y está según quien sea el lector, lo político se lo recupera o no. Pero en sí, no está puesto en primera línea. Como yo escribo en muchas capas hay quienes lo recuperan.

– Hablame de tu pasión por las letras, la escritura, ¿nace en la familia?

– Mi tía María Esther Mirad fue una poeta exquisita. Una poeta no reconocida porque su esfuerzo estuvo siempre puesto en la excelencia de su trabajo y no en el marketing. Ella lo que hizo fue sentar precedentes, en una familia de personas concretas y muy racionales. Ella sentó precedentes de una mujer que defendió su arte a toda costa. Era una mujer soltera, vivía de la docencia. Fue siempre una gran compinche mía si se quiere, porque entre las dos sabíamos lo que quería decir eso de pelear por escribir y sostener un arte que a uno lo apasiona en un mundo donde el mercado y la razón te arrinconan permanentemente.

Se mantuvo fuera de esa dinámica, aunque tuvo muchos logros. Fue maestra en Casilda y puertas adentro, una gran poeta. Enorme procesadora de climas y delicada seleccionadora de palabras. La palabra justa podría esperar años hasta ser hallada.

Mi viejo es una influencia en mí muy fuerte, porque me dio la capacidad de trabajar, el profesionalismo. Tengo en la sangre muchas cosas de ellos, soy una mezcla de árabes y catalanes. Mi padre, Raúl Mirad, fue médico, cuando se jubiló escribió el "Manual del asador argentino" que lleva ya muchas ediciones. Un gran y voraz lector. Mi recuerdo más potente es el de su figura flaca y alta, en el sillón berger familiar, leyendo fuera de las horas de consultorio.

Por parte de los catalanes recibo el rigor y paradójicamente de los árabes la necesidad de disfrutar e irme, porque yo soy una nómade y en algún punto me estoy yendo siempre, aunque soy absolutamente fiel a mis afectos, siempre me estoy yendo, construyendo una salida y generalmente la salida es intelectual. Es una mezcla genética y de actitudes.

– ¿Referentes de autores consagrados, por llamarlos de alguna manera?
– Mi mayor referente, quizá haya sido Cortázar, porque me empeño en construir conflictos "de vereda". Esos que sucedan a esas personas con las que compartimos el cotidiano. Dramas reconocibles, personajes cotidianos, leguaje coloquial. Sin embargo, tal cual Cortázar, debajo de cada palabra hay un mundo en profundidad por descubrir, según sea el deseo del lector.

Proyectos literarios
Afirma Mirad: "Escribo sobre todo novelas, aunque me inicié escribiendo cuentos. Aún lo hago y en breve los compilaré en un libro." Su libro de cuentos se llamará "PH ácido".

También hay dos novelas en marcha, "Un día, la casa Azul sobre Manhattan" y el tercer caso policial de E. Triputti, "Hinter".

"La idea la tenía en la cabeza y demoré más o menos un año en poder encontrar qué argumento ponerle. Hasta que me surge el tema de las dos hermanas, que empiezan una búsqueda diferente".


Biografía

Lucrecia Mirad (1954) nació en Casilda, Departamento Caseros, y actualmente reside en la ciudad de Rosario. Es arquitecta y escritora. Tiene un extenso camino literario recorrido que se resume al día de la fecha en siete novelas publicadas. Belga Chocolate Belga (Homo Sapiens Ed, 2020) es su último libro, en ella aborda la inacabada problemática de la construcción del deseo desde la Des-identidad. Coordina y dirige el espacio de producción literaria "El laboratorio de Autor". Además colabora en la sección Contratapa de Rosario/12 y proyecta publicar su primer libro de cuentos.

Contacto: Homo Sapiens Ediciones (Sarmiento 825, Rosario) – Correo: editorial@homosapiens.com.ar.

La obra de Lucrecia Mirad

El 2012 encuentra a Lucrecia con la publicación de dos novelas, "Batón y Poder" (Editorial UNR), la cual es definida como folletín de barrio por la autora. En la misma una puntera política conocida como Juana Domínguez se encuentra en matrimonio con Álvaro Rojas y tiene el sueño de dedicar una plana a construir en memoria de la madre de los descamisados, Eva Perón.

Su segunda novela del año titula "Fragmentos" (Ciudad Gótica, ed), la trama gira en torno de Dardo, quien es un heredero de una familia de clase media alta y se debate entre el desamor de sus padres y su desidentidad total, dentro de ellas la identidad de género, problemáticas recurrentes en la narrativa de Mirad.

El 2013 presenta una nueva historia narrada con el sello literario de Ciudad Gótica, en este caso un policial al que llamó "Crimen en el Pasaje". En el evidencia a E. Triputti, un investigador privado sobreviviente de los colapsos país. El protagonista recala en el Pasaje Francés dónde conoce a la "Banda de desclasados y perdedores" que conforman los comerciantes del lugar. Sucede un hecho que despierta la pulsión de saber del detective que buscará por todos sus medios resolver los acontecimientos.

"Crónica de una Resurrección" (Ciudad Gótica, 2014), es una novela con altos componentes psicológicos donde su protagonista Adela sufre un episodio que la confina a la internación en estado catatónico. Su hermana y dos primas irán a visitarla y descargarán sus pecados de familia, creyendo que se están confesando ante una Adela casi muerta, que no las escucha. Interpela al lector sobre muchos interrogantes, sobre todo el rol otorgado socialmente al padeciente. Novela profunda, humana.

El entramado psicológico policíaco de E.Triputti continúa en "La ley Muia" (Baltasara Editora; 2018), el protagonista va a Venado tuerto, ciudad natal de la autora, sumergido en un fin de semana de amor y pasión. El amor se desvanece al encontrarse con un secuestro silenciado en la ciudad. La Ley Muia, la expone como una artista que sabe cómo crear intriga y estimular la curiosidad del lector.

Como se mencionó anteriormente, la construcción de identidades es un tema que atraviesa la producción de Mirad, sin dejar de lado el entramado sociopolítico que entretejen y alimentan la famosa tríada bio-psico-social que sintetizan las identidades.

La memoria ocupa un lugar importante en la autora, "Azafrán" (Editorial Planeta, 2019) es una historia dedicada a nuestras abuelas. La trama gira en torno a la emigración desde Alicante a Argentina de Antonia Casas, teniendo en cuenta su migración interna hasta su último destino. Novela atípica, exquisita, donde la protagonista se ve acompañada en toda su vida por recetas de distintos menús. Colabora en la producción de la narrativa Viviana Lepes quien aporta su conocimiento en el arte culinario.

Su reciente libro, "Belga Chocolate Belga" es el primero con el sello de la editorial rosarina Homo Sapiens. Aquí se suma el tema enorme e inacabado del deseo, la construcción del mismo desde la des-identidad.

La historia se desarrolla en torno a dos hermanas conmocionadas por un hecho que las golpea. El dilema entre el recuerdo y la búsqueda de las causalidades o el olvido de lo traumático para seguir adelante las posiciona en lugares existenciales disímiles ante una misma situación vivencial.


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