HOMENAJE
Un homenaje a la memoria de un gran futbolista y persona; Leopoldo Jacinto Luque. Gracias por la Copa del Mundo, y los buenos recuerdos, consejos y anécdotas.
EZEQUIEL RE
Los pueblos de San Antonio-Castellanos, en la provincia de Santa Fe, apenas están divididos por una calle, modo avenida. Yo vivía en Castellanos, pero iba a la escuela a San Antonio.
Llegamos a ese lugar de la pampa linda en el 76, año difícil para los argentinos. Mi viejo camionero. Mi vieja costurera.
Flora vivía en la casa de al lado. Rápidamente fue mi Tía Flora. Inolvidable señora presta a dar una mano a los recién llegados. Cómo será de su cariño guardado que está ahí en mi mente. Y eso que se sumaron décadas suficientes como para encerrarla en los recuerdos. Pero como son lindos, se escapan y se cuelgan en la memoria para siempre.
Y así llegamos a 1978, el jardín de infantes daba paso a primer grado y el Mundial de 1978 nos sorprendió en mi casa desprovistos de tele. Entonces todos de la Tía Flora porque jugaba la Selección.
Principio de un gran amor. La pelota de fútbol ya era tema de interés para mis incipientes sueños. La cancha de la escuelita primaria era el lugar donde los goles viajaban por surcos de potrero y pelota de trapo, mientras los eucaliptus del costado del campo de juego movían sus ramas y hojas al compás de una imaginaria hinchada.
Corría a la tele por motivos claros y concretos. Ver a la Selección del 78. Ver a Mario Kempes, Ubaldo Fillol y el ídolo santafesino, Leopoldo Jacinto Luque. Se lo conté luego a Luque. Fue una vez que vino al Teatro 3 de Febrero en un homenaje de fútbol. Le dije todo lo que lo admiraba. Le regalé un diario de los 90 donde lo entrevisté y le di las gracias.
Alguna vez, por un amigo, escuchaba audios suyos prometiendo "que este año iba a venir a Paraná después que se recupere". Recordé ese audio. Se adelantó Luque. Hoy vino. No de la forma que querríamos. Pero vino para instalarse en su grito de gol. Nos regaló una Copa del Mundo, nos dio consejos, contó anécdotas.
Esta vez no lo recibimos con aplausos y sonrisas. Lo recibimos con lágrimas. El resto es igual: anécdotas, consejos. Las buscamos y las compartimos como si fueran de su realidad física. Y puede que si. Brindo por su memoria. Y comparto mi alma futbolera de la que él, como Diego, tiene mucho que ver. ¿Qué se fue? No. Luque vino hoy.




















