Propuestas de verano
Un grupo de personas que frecuenta la punta del islote municipal Curupí comenzó a realizar trabajos de desmalezamiento, puesta en condiciones y los fines de semana ofrecen servicio de cantina para que los visitantes tengan las comodidades necesarias. Juan Marcelo “Chelo” Meyer es uno de los que trabaja para poner en condiciones el espacio y brindó su testimonio a MIRADOR ENTRE RÍOS.
Aldana Badano
redaccion-er@miradorprovincial.com
Con las altas temperaturas y ante la imposibilidad de muchas personas de vacacionar en otras ciudades, por cuestiones económicas y en el contexto de pandemia, el río Paraná es cada vez más transitado y aprovechado por los paranaenses. El islote municipal Curupí es uno de los destinos más elegidos por tratarse de un espacio natural con playa y una vista relajante. Ubicado a la altura del Puerto Nuevo de la capital provincial, el islote Curupí, tiene una superficie de cinco hectáreas y la normativa provincial le atribuye la categoría de Monumento Natural.
Juan Marcelo “Chelo” Meyer, vecino de Puerto Sánchez, barrio de pescadores y baqueanos, comentó su experiencia trabajando junto a otros vecinos para ofrecer un servicio de cantina a los visitantes de la isla.
“Chelo” Meyer es un paranaense de 46 años que tiene su propia empresa de mantenimiento de consorcios realizando trabajos en altura, albañilería y electricidad. Junto a un grupo de vecinos de Puerto Sánchez y otras personas que frecuentan la Curupí está realizando trabajos de desmalezamiento y puesta en condiciones de la isla.
“La iniciativa comenzó hace tiempo atrás, un año aproximadamente, cuando veía los residuos que larga el arroyo Las Viejas, situado al costado del Thompson, que lamentablemente quedan frenados en la Curupí”, comenzó explicando. Además, contó -con una sonrisa de satisfacción y un brillo especial en sus ojos- que hace muy poco compró un terreno en Puerto Sánchez y se construyó un humilde rancho. En ese momento es cuando empezó a frecuentar mucho más la isla y cayó enamorado de la costa paranaense. Fue así como decidió que quería hacer algo para embellecer la isla y ofrecer servicios a los visitantes y ayudar a los vecinos del barrio que muchas veces no tienen trabajo o en épocas en las que se pesca poco, pasan malas temporadas.
En cuanto a los objetivos de este proyecto, Meyer anticipó que “queremos que la cantina crezca para poder ofrecer a la gente y a los turistas lo mejor de la naturaleza haciendo senderos y lugares de campamento señalizados sin dañar las zonas vírgenes de la isla”. Explicó que este trabajo no lo está realizando solo, sino que cuenta con la ayuda y el acompañamiento de una agrupación que se está conformando en Puerto Sánchez que reúne a pescadores y vecinos: “Los Costeros” está conformada por unas 25 personas. Está organizada jerárquicamente y como presidente de la agrupación está Don Guillermo Ojeda, de 78 años, y Meyer como organizador y administrador. “También quiero resaltar a los primeros comprometidos Damián, Licha, los Bichitos, Gastón, Maxi, Daniel Macaccha, otro viejo pescador y muchos más. Lo hermoso es ver que mucha gente se ha sumado a la limpieza de la isla”, destacó Meyer.
Explica que como no cuentan con ninguna ayuda, piden la colaboración ciudadana: en principio no ensuciar el río o las islas. Si se generan residuos, llevarlos a la costa y tirarlos en un tacho de basura. Además, piden donaciones para comprar un generador y poder así tener energía, elementos para conformar un botiquín y dinero para la compra de maquinarias que faciliten la limpieza”.
Monumento natural
El islote Curupí está ubicado frente a la ciudad de Paraná, pudiendo observarlo desde la propia costanera de la capital entrerriana. Su superficie es de cinco hectáreas. La normativa provincial le atribuye la categoría de Monumento Natural. El 21 de julio de 1995 entró en vigencia la Resolución N° 1.561 por la cual se declara área natural protegida al islote municipal. Luego, la Resolución N° 195 de la Dirección Provincial de Recursos Naturales –fechada el 9 de agosto de 1995– la incorpora al Sistema Provincial de Áreas Naturales Protegidas. El 15 de octubre de 1997 se promulga la Ordenanza N° 7.961 por la que se adhiere a la Ley Provincial Sobre las Áreas Naturales Protegidas y se le asigna la categoría de manejo como “Monumento Natural”.
El Área Natural Protegida Islote Municipal constituye una de las tantas islas que forma el río Paraná y que tuvo surgimiento a partir de aproximadamente 1943, cuando un gran período de aguas bajas le permitió desarrollar su flora y emerger definitivamente, dado que hasta el momento sólo lo hacía en los períodos de bajante de las aguas del Paraná. No obstante en términos generales la provincia de Entre Ríos es una llanura ondulada surcada por cientos de cursos de agua cuya unidad se interrumpe en dos sectores: al sur donde las pequeñas elevaciones finalizan repentinamente cambiando el ambiente semielevado por una zona deprimida y anegadiza que no alcanza a drenar lo suficiente por la gran cantidad de arroyos que vierten sus aguas hacia los ríos Paraná y Uruguay. Al noroeste ocurre algo similar al bajar el nivel del suelo hacia lo que se conoce como el Bajo del Yacaré. Se puede referir una tercera alteración geomorfológica, menos insinuada que las anteriores, que son las terrazas fluviales del sector norte del río Uruguay, hoy poco visibles por efecto de la represa de Salto Grande. El plegamiento andino tuvo influencia en el territorio de Entre Ríos creando líneas de falla y reactivó otras por donde corren los ríos de disposición longitudinal como el Gualeguaychú, el Gualeguay y el arroyo Nogoyá. Así la zona quedó fracturada en bloques marcados por las lomadas Grande y de Montiel que se extienden de norte a sur la primera y de noreste a sureste la segunda, ocupando los espacios entre los mencionados ríos de curso longitudinal.
Preservación
El Islote Municipal Curupí está altamente influenciado por el río Paraná que baña todo su contorno y posee en la parte central una pequeña laguna. El área sufre predación por parte de cazadores furtivos y también extracción de leña. La gran cercanía con la ciudad de Paraná la hace potencialmente vulnerable. Se acumulan en sus costas desperdicios provenientes de la ciudad y de embarcaciones que desaprensivamente arrojan deshechos al agua y la corriente los deposita en las márgenes del islote. Desde 1995, la organización no gubernamental Añangarecó Nderejhe se ocupó de valorizar y preservar el área llegando a firmar un acuerdo con la Municipalidad de Paraná para lograr en forma conjunta esos objetivos. Distintos investigadores y alumnos de un postgrado en Ecología visitan la reserva y hacen inventarios de su patrimonio natural.
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