La gran violinista rosarina
El caso de la violinista rosarina Claudina Kejles es atípico: comenzó a estudiar el instrumento recién a las 22 años. Pero la pasión y la dedicación -que van de la mano- la pusieron en el centro de la escena.
Gisela Mesa
redaccion@miradorprovincial.com
Claudina Kejles es un genia de cabellos rubios y violín liberado, una enamorada de la música, docente, amante del ciclismo y excelente madre de dos criaturas. Es una artista capaz de impulsar al más incrédulo con su energía y positividad, con su capacidad para la mezcla y la (justa) espontaneidad. Con su destreza para lograr que lo que hace y lo que siente suenen diferente, ha revolucionado el lenguaje del violín. Su música surge diferente porque su modo de crear tiene poco o nada que ver con los cánones de siempre.
Nacida en Rosario, la artista dialogó con Mirador Provincial de su trayectoria artística y personal.
– ¿Fuiste una niña que escogió el violín desde pequeña?
– No escogí el violín desde pequeña. A los 22 años, y buscando algo que me llenara el alma, inconforme con la carrera de arquitectura en la que estaba cursando quinto año, decidí anotarme en la Escuela Provincial de Música para estudiar piano. Solía ir a las funciones del Mozarteum, y me fascinaba mirar a los violinistas, con sus arcos moviéndose todos en la misma dirección, pero pensaba que nadie comenzaba a tocar el violín a los 22 años. Y en un rapto de intuición, le pregunté al administrativo que me estaba anotando en piano, si en cambio de piano, podría elegir violín. Y me dijo que sí.
– ¿Cómo viviste la crisis del coronavirus?
– No tan mal como otros. Mi trabajo, la enseñanza del violín, me permitió trabajar desde mi casa y en forma asincrónica, lo que significa que no lo hacía en tiempo real ni por videollamada, ni por ninguna plataforma, sino recibiendo videos de los alumnos, cuando ellos pudieran/quisieran mandar, y haciendo devoluciones o explicaciones a su vez, también enviando videos filmados por mí. En un momento descubrí que el mismo video podía servir para varios alumnos que estuviesen aprendiendo lo mismo. Decidí esa metodología de trabajo porque en los dos trabajos que poseo, uno en la Escuela Municipal de Música y el otro en la Escuela Provincial de Música, me dieron la libertad de elegir cómo llevar adelante la enseñanza en pandemia. Además, no me era posible elegir la sincronicidad ya que tengo a cargo a mis hijos, una niña de 8 años y un bebé que al comenzar la cuarentena acababa de cumplir un año, sin posibilidades de recibir niñera en casa, ni de enviarlo a un jardín maternal. La asincronicidad me permitió responder a los trabajos de los alumnos cuando mi bebé descansaba o cuando mi hija no necesitaba los dispositivos de conexión a Internet para sus clases de la escuela primaria.
Realizamos con los alumnos de ambas escuelas dos conciertos, uno antes del receso de julio, y otro antes del de diciembre, como lo solemos hacer cada año, sólo que esta vez, fueron virtuales. En el primer concierto cada alumno preparó su pieza a ejecutar, y lo hizo frente a la cámara, esta vez sí, mediante la plataforma Zoom. En el segundo concierto, y de acuerdo a lo aprendido de los colegas internacionales, los alumnos grabaron sus videos con anticipación, acompañados en la medida en que les fuera posible, por una pista de piano, que obviamente se encuentra en You Tube, y el día del concierto, se conectaron y compartieron pantalla pasando sus filmaciones.
Hicimos también varios videos grupales, en los cuales cada uno filmó su parte en casa, tocando sobre una pista previamente filmada por mí, para que todos los videos se correspondan perfectamente en tiempo, y luego se juntan todas las partes en un video único en el que todo aparecen tocando juntos. Para este trabajo, debí aprender a usar un programa editor de video, y otro, editor de audio.
Fue un trabajo arduo, ya que muchas veces se trató de alentar a los alumnos a estudiar y a enviar videos, como para que la actividad y el ánimo no decaigan, más que de enseñar violín. Y muchas veces el decaído era uno, por lo cual la situación se tornaba compleja.
Y no todos llegaron al final del año, ya que si bien en el Método Suzuki se requiere la ayuda de los padres para la práctica, hay padres armados de más recursos que otros, hablando tanto de recursos pedagógicos como de los tecnológicos. Yo misma debí cambiar el teléfono celular, ya que el anterior, no disponía de memoria suficiente como para almacenar uno solo de los videos de devolución que filmaba, y debía además eliminar inmediatamente los videos recibidos de los alumnos. Yo pude comprar un dispositivo nuevo en junio, algunos directamente no pudieron.
– El artista es el que más ha sufrido esta pandemia. Como docente y artista ¿cómo sorteaste vos este momento?
– En este momento, y debido a mi maternidad, y por haber también cursado los últimos cuatro años, el profesorado de Música, sólo me dedico a la docencia, y si bien hemos sufrido el ser ignorados por el gobierno, sobre todo el provincial, y no hemos tenido paritarias, he cobrado mi sueldo, que por supuesto ha perdido en gran parte su poder adquisitivo. Quiero decir con esto, que como artista, no puedo expresarme.
– ¿Qué hay más allá de la perfección técnica?
– Más allá de la perfección técnica está la emoción.
– ¿Qué mejoras en la música desearías para el futuro?
– La música es formadora de subjetividades, y por lo tanto, importantísima en la formación de los niños. Sería bueno el registro de esto por parte de la sociedad, y de la escuela misma, que muchas veces la relega como disciplina.
Presente
– Estamos disfrutando de una generación de grandes mujeres violinistas, ¿a qué creés que se debe?
– Sin duda, en las últimas décadas, y gracias a los movimientos en defensa de la mujer, y de los grandes esfuerzos por visualizar el patriarcado, han surgido mujeres destacadas en todos los ámbitos. La mujer posterga objetivos tradicionales como la maternidad y el matrimonio, para dedicarse a su desarrollo personal y profesional. Los adelantos tecnológicos en cuanto a todo lo que tiene que ver con fertilidad, permite a la mujer gestar de forma segura hasta bastante después de los cuarenta años. También el contexto actual permite a la mujer registrar que muchas veces la maternidad y el matrimonio son mandatos sociales y se permite dudar de si es eso lo que desea para su vida, o no.
– ¿Qué opinión tenés sobre las nuevas corrientes musicales urbanas? Como podría ser el caso de Rosalía, el reguetón o el trap…
– No son esas músicas las que prefiero, pero puedo registrar que he sido educada en el modelo occidental y eurocentrista, en donde vale más lo que suele llamarse música culta. Esas músicas son la expresión de una gran parte de la población actual y además, muchas son insertadas por los medios con algunos intereses económicos. El tema es extenso y complejo.
– ¿Tenes interés en fusionar tu violín con otros estilos?
– Supongo, así como expresaba anteriormente, que la pregunta entiende violín como inescindible de lo que se llama música clásica, que no es más que el modelo europeo que heredamos, ignorando que eso es una mínima parte de lo que existe. He tenido la oportunidad de tocar rock, música celta, tango y folclore, y hemos agregado el violín al candombe ejecutado para el streaming grabado en la Sala Lavardén hace un par de semanas.
– Hablame del streaming en el Lavardén…
– El straming de la Lavardén tenía como objetivo mostrar la actividad ocurrida durante este año, de los egresados de las escuelas dependientes de Artística de la provincia. Me tocó una doble participación. Una, acompañando a un alumno egresado de la Escuela Provincial de Música, y la otra, como flamante egresada del Instituto Superior del Profesorado de Música Carlos Guastavino. Fue muy emotivo, ya que fue la única vez en el año que se ensayó y tocó en presencia. La tocada del profesorado, fue con un hermoso grupo de mujeres que nos ofrecimos a participar, y tocamos un tema de una de ellas.
Sobre el método Suzuki
Claudina Kejles nos explicó en detalle cómo funciona el famoso método Suzuki que, en Rosario, se utiliza para aprender a tocar distintos instrumentos y en forma gratuita, en la Escuela Municipal de Música.
El método Suzuki consiste en aprender a tocar un instrumento en paralelo y de la misma manera en que se aprende la lengua materna. Cualquier niño aprende naturalmente y sin esfuerzo el idioma que lo rodea cotidianamente, acompañado constantemente por la guía amorosa de sus padres quienes crean un entorno favorecedor para que el aprendizaje ocurra.
En la práctica, se aprende mediante un repertorio de piezas, que es universal, las cuales son una la base de la siguiente. Los padres asisten a clase con los pequeños, y, según el criterio de cada docente, deben tomar ellos clases a su vez. El docente comienza trabajando mucho con el padre y poco con el niño. A medida que el niño crece y avanza, esa proporción se va invirtiendo.
Los niños tocan, en principio, de memoria, por lo que deben escuchar lo que van a aprender desde mucho antes de abordar una pieza. Las piezas están grabadas y a disposición del alumno desde mucho antes de comenzar. La lectura y la teoría aparecen tiempo después. Sería imposible comenzar por ese lado, ya que los niños pueden comenzar a aprender un instrumento desde antes de los cuatro años, y por lo tanto, antes de su escolarización formal y de haber aprendido a leer la palabra escrita.
Los alumnos toman dos clases semanales, una individual, acompañado por su padre, y otra grupal, donde se aprende la ejecución en conjunto.
Se busca, si bien siempre a través de lo lúdico, la excelencia en el aprendizaje del instrumento, pero sobre todo, Suzuki sostenía que la música ayudaba a formar mejores personas. Él lo explica extensamente, en su libro "Hacia la música con amor".
Es importante entender que un maestro Suzuki no puede ser un buen instrumentista que consiguió el libro con el repertorio y las grabaciones de las piezas, que obviamente están a disposición de cualquiera en la red. Un buen maestro Suzuki debe formarse especialmente, realizando los cursos que se dictan en diferentes lugares de mundo, de los cuales hay un curso por nivel. El violín tiene diez niveles, y siempre se aconseja repetir niveles, a medida que uno gana experiencia como docente, y si es posible, con profesores diferentes.
Para terminar, es destacable que es Argentina y sobre todo Rosario, casi el único lugar del mundo en el que se ofrece la enseñanza de instrumentos a través del Método Suzuki a nivel público y gratuito, en la Escuela Municipal de Música Juan Bautista Massa.



















