John Gascoigne
Historia de un viajero y escribiente australiano, que el contexto pandémico junto al azar lo llevaron a enamorarse de Rosario, adoptándola como lugar de residencia.
Ariel Gustavo Pennisi
redaccion@miradorprovincial.com
Como todos sabemos, América Latina fue incorporada a las lógicas del capitalismo mundial como proveedora de materias primas. Colonizada por las potencias europeas y me animo a decir siguiendo el pensamiento del filósofo José Pablo Feinmann "descubierta por la gula del capitalismo" (ver Una filosofía para América Latina, su pensamiento y su historia), aunque sería injusto no destacar el desacuerdo de los pueblos originarios con la noción de descubrimiento, ya que tenían una muy rica historia milenaria preexistente a 1492.
Quizás la memoria o arquetipos arqueológicos juntos a la confluencia multiculturalista de dos puntos del globo tan disímiles como Australia y Latinoamérica, pero cercanos por las lógicas coloniales llevaron al joven australiano John Gascoigne, de 39 años, a darle riendas suelta a su curiosidad aventurera y encontrarse enamorado de nuestra ciudad de Rosario, que por azar lo encontró viviendo en pandemia. La cuarentena lo enamoró de la ciudad llevándolo a buscar caminos y posibilidades para adoptarla como sitio de residencia.
Jhon se nos presenta, nació en Sidney hace 39 años, es escritor multifacético y entre sus escritos lleva publicado en inglés el libro infantil "The Wattle Tree", con ilustraciones del artista plástico británico Ben Wood.
Desde hace dos años ha estado viajando por Latinoamérica, el viaje entre otras cosas es la excusa narrativa para la escritura de su próximo libro de crónicas "Colonias", sobre las semejanzas y diferencias entre Australia y los países latinos, a los que suele definir como "primos desconocidos".
Mi encuentro con Jhon me lleva a la pregunta obligada, del porqué de la residencia en la ciudad, amablemente responde: "Sólo tenía pensado pasar una semana en Rosario, pero llegué dos días antes de la cuarentena obligada, y esa semana ya se ha convertido en ¡nueve meses! Me siento muy como en casa acá, y ahora estoy investigando maneras de quedarme como residente".
Este año no fue el primer contacto con nuestra provincia y ciudad, "estuve aquí por primera vez en 2018, pero solo un fin de semana, y quería conocer mejor la ciudad. Me parece una versión más tranquila y amigable que Capital Federal, y me encanta tener el río a solo unas cuadras de mi departamento", aunque su primera visita a nuestro país data de hace una década, "visité Argentina por primera vez en el año 2010 y me sentí inmediatamente como en casa. Yo había anticipado ese sentido de familiaridad, y por eso me decidí a volver para explorar en mi escritura las semejanzas entre estas culturas que no piensan mucho una en la otra", asegura.
Nuestro visitante nacido en Sidney, en su país también vivió en el otro gran centro metropolitano, Melbourne y un par de años en medio del bosque australiano, más precisamente en la aldea Blackheath, en las montañas azules de las afueras de su ciudad natal. Confluencia sensorial entre urbe y naturaleza lo llevan quizás a sentirse familiarizado con Rosario, "me gusta el aire del campo que la ciudad retiene, la afición de los rosarinos por el mate, las tardes por la costanera, y ahora que estamos entrando en verano, ¡las heladerías! Me gusta el río sobre todo, ver a los rosarinos disfrutando del remo en kayak entre sus playas. Buenos Aires como ciudad da la espalda al río, es bastante difícil accederlo. Acá me siento más conectado con el paisaje, con el entorno, y eso da a la ciudad una atmosfera distinta. De ahí siento ese aroma de campo."
Su amor por la urbe lo refleja en su poema ya de habla hispana, La esquina.
La esquina
Como la esquina que no quiere elegir /que se abre paso sin partir / que espera los /regalos del porvenir /me abro al futuro a una media cuadra
La esquina que une dos nombres /que después siguen rectos en rumbos distintos /un sacerdote que levanta la mano /para celebrar un casamiento fugaz
En inglés tienen un solo nombre esquinas y rincones /un corner el despliegue de muros /y lo que encierran /qué descuido! ¡Qué imprecisión!
La esquina me ofrece sus brazos /me da abrigo ante el cruce concurrido /
de los seres con destinos seguros /pararé un rato hasta que me ubique
Pero no todo es alegría para nuestro escritor amigo, es consciente de lo que pasa en su contexto, recorre los rincones de la ciudad y lo hace con espíritu crítico. "Al principio la ciudad me parecía una especie de Oasis, aunque después hemos pasado unos meses fuertes con el tema del virus, se nota mucho el impacto económico, la gente indigente en las calles".
Su presentación como escritor para la sociedad argentina, se realiza en la notable crónica publicada para el diario Página 12, titulada "Vivir con fuego" y fechada el día 13 de agosto del corriente año, que funciona como adelanto de su próximo libro.
La escritura la siente como una vocación, asegura: "siempre he escrito y siempre escribiré". Últimamente y producto de su contacto con la cultura latinoamericana a la cual ya siente familia, se ha "inspirado mucho en cronistas latinos como Pedro Lemebel y Carlos Monsiváis". Seguidor de los diarios de Witold Gombrowicz, descubridor de poetas como Julián López y las entrerrianas Virginia Negri y Selva Almada.
Su paso al andar Latinoamericano lo ha llevado por Chile, Uruguay, Bolivia, Perú, Colombia, México y Argentina: "Me interesa mucho el proceso de colonización, Australia y los países latinoamericanos tienen metrópolis pero a mi parecer, hay muchas semejanzas en nuestras maneras de encontrar una identidad propia y vivir con los legados de la época colonial".
Vivir con fuego
Amante de la naturaleza pero también de las grandes urbes, amante de la arqueología colonial y de la escritura, ciudadano del mundo, escribiente multifacético. Nos avispa que gozar la belleza de un lugar por impactante que sea, "significa vivir con la realidad de sus incendios", ya sea en los bosques australianos que bordean la aldea de Blackheath, como los campos mexicanos desde Campeche hasta Chiapas para ampliar la rentabilidad agrícola. Son modos o modismos de la colonización, lejos de la milenaria cultura originaria, son los resultados de la gula del capital. Gozar la belleza también tiene su costo en las Amazonas de Brasil y Bolivia, "para destrozar nuevas tierras para la agricultura que pronto llega a Sucre", dice la testimonial pluma que seguramente apreciaremos en el próximo libro de John Gascoigne y cuyo adelanto podemos leer en la gran crónica mencionada.
Gozar la belleza natural tiene su precio, y vaya si lo tiene tanto aquí como allá. Gozamos del río acá y respiramos el humo sodomizador con más miedo a los sicarios del pecado capital de la gula que respuestas eficientes de aquellos garantes de los contratos sociales firmados electoralmente.
Las imágenes se repiten también en Rosario y el delta del Paraná, "esa belleza tiene su precio, significa vivir con la posibilidad de perder tu casa en manos de las llamas" allá en las aldeas australianas pero acá en las chozas de los isleños que muchas veces afrontan dantescamente con baldes el acoso del ¿anónimo?, pero imponente fuego. Las noticias de los fuegos australianos le llegan a Jhon desde otro continente, y le seguirán llegando desde este, porque serán las mismas noticias en estos lugares, porque estamos emparentados, somos primos cercanos, somos colonizados, compartimos la genética de ser descubiertos por la gula del capital que a todo le pone precio, y hasta el aprecio de lo natural lo tiene y vaya si no hay regalías.
Afirma: "Los barbijos de los rosarinos adquieren otro propósito, como protección contra el aire asfixiante, anteriormente se pudo ver focos individuales de fuego en el horizonte, pero ahora el humo se ha vuelto una cortina general. Otra nueva normalidad, el cielo azul es solo una memoria. "Se pregunta si el futuro nos encontrará uniendo al clima con nuestros hábitos destructores, quemando por ejemplo 55 mil hectáreas para que pasten el ganado del Litoral. Se pregunta por la supervivencia y si el vivir con barbijos no es un entrenamiento para lo que vendrá..
Vamos John, no te detengas, pregunte, viaje, escriba…
Su denuncia lo refleja en el siguiente poema huérfano de nombre, quizás porque así lo estemos ante la gula del capital que nos emana en el descubrimiento cultural:
Hoy tiene sabor a lo ya vencido / Vertí la leche en el fregadero /Una onda blanca se retuerce por el río /Hacia el mar /Mi cabello no ha suelto el humo /La piel lo lleva impregnado /Las cenizas de seres alguna vez vivos /Ahora aire /Deambulo por las calles vacías /Todos los días son de ferias /Una envoltura gira en la canaleta /Bailarina sola
Tantas superficies al salir del bloque /Ahora te arrepientes de todo que te toque / Los ruidos vecinales atraviesan los muros /Me siento a participar en sus / desayunos /Invisible y a la vez parte del elenco /Fantasma vivo.
"Sólo tenía pensado pasar una semana en Rosario, pero llegué dos días antes de la cuarentena obligada, y esa semana ya se ha convertido en ¡nueve meses! Me siento muy como en casa acá, y ahora estoy investigando maneras de quedarme como residente".
Ley de Humedales
En la actualidad, existen en Argentina 13 proyectos de ley de humedales con estado parlamentario entre las dos cámaras que componen el Poder Legislativo Nacional. La protección de los humedales tomó interés político luego del ecocidio sufrido de forma sistemática en el presente año.




















