Entre Ríos, patrimonio y paisajes culturales
Un movimiento surgido en Europa como parte de un intento por vincular arte y funcionalidad arquitectónica, hundió sus raíces en Entre Ríos y dejó marcas urbanas que aún hoy se conservan especialmente en Concordia, pero también en muchas otras localidades.
Mariana Melhem
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Para ubicarnos adecuadamente es preciso consignar que el escenario de época estaba atravesado por las consecuencias manifiestas de la revolución industrial, tanto desde el punto de vista del nuevo tipo de producción como desde el nacimiento de la clase proletaria –los obreros, asalariados– cuyo trabajo se concentró en fábricas situadas en entornos citadinos. La arquitectura y el urbanismo, como nueva disciplina, asumirán un rol clave para las transformaciones formales e ideológicas de una y otra. En ese contexto general el Movimiento Moderno fue una corriente artística que nació en la Europa de principios del siglo XX. Por cierto, se presentó como intento ético y estético que planteó una articulación posible entre belleza y función, es decir, sus cultores entendían que las respuestas funcionales definían la belleza, algo así como que el compromiso con la función social de la arquitectura y el arte pasaba justamente por ver cómo aplicar ese nuevo concepto. Basta recordar que el Arq. Austríaco Adolf Loos había escrito un texto desafiante llamado “Ornamento y Delito”, justamente cuestionando los excesos del eclecticismo historicista. O las críticas a la ciudad capitalista realizadas desde el socialismo que dieron como resultado nuevas propuestas de ordenamiento urbano, que articularon transporte, producción y viviendas.
Esta corriente artística que se manifestó en contra del concepto de estilo, alcanzó a todas las artes y además otorgó categoría disciplinar al diseño en todas sus especialidades. En cada región nacieron distintos grupos que propusieron reflexionar acerca del rol del arte y cuya puesta en común se desarrolló mediante revistas que también llegaron a América ampliando sus miradas. Así nacieron lo que hoy conocemos como las Vanguardias Artísticas del siglo XX cuya denominación se encuentra ligada a la articulación de las diferentes artes con la necesidad de transformar la realidad.
Es el caso de Constructivismo Ruso, cuyo desarrollo en el ámbito urbano –en particular utilizando el soporte de los medios de transporte– sirvió para articular la nueva propuesta política con un arte para el pueblo. Por su parte, en Italia los Futuristas cantaban loas a la máquina promoviendo la erradicación de los espacios clásicos y revelándose contra todo lo relacionado a la historia. El suizo Le Corbusier fue un renombrado arquitecto, urbanista y artista plástico que acuñó la frase “máquina de habitar” para referirse a la vivienda planteando los cinco puntos de la arquitectura: la planta libre (este nivel pertenecía al automóvil), la terraza-jardín (para devolver el área verde en la terraza), los pilotis (elevaban la vivienda dejando el suelo libre), la ventana longitudinal (con ello se liberan los muros exteriores y se articula el interior y el exterior) y la fachada libre.
Diseño
Pero fue la escuela de la Bauhaus nacida en Alemania, la que dio carta de ciudadanía al diseño constituyendo en una propuesta académica la integración de Arte, Artesanía e Industria en la “catedral del futuro”; en efecto lo que se planteaba en Bauhaus era recrear, en clave moderna, la organización de los trabajos de la construcción y el arte como ocurría en los talleres medievales. En su espacio se desarrollaron experimentaciones conjugando materiales nobles tradicionales, como la madera o el cuero, junto a los nuevos tubos de acero. Las artes textiles convivían con los estudios tipográficos y las cerámicas con la fotografía y el estudio del color.
El advenimiento de la Segunda Guerra Mundial obligó al exilio de muchos artistas y científicos que se radicaron mayoritariamente en América. Sobre todo en Estados Unidos, tierra fértil para aplicar conceptos teóricos aunque los fines que perseguían hayan entrado en contradicción, ya que, por una parte las propuestas del Movimiento Moderno tenían una concepción más orientada al socialismo respondiendo a las necesidades de las masas y en Estados Unidos sirvieron para el capitalismo y por otra, su concepción anti estilística terminó derivando en lo que se conoció como International Style.
La versión vernácula
Las vanguardias llegaron a la Argentina no solo de la mano de revistas especializadas sino promovidas y organizadas por grupos de intelectuales ávidos de ingresar en la modernidad. La prestigiosa Victoria Ocampo invitó a representantes de estas corrientes a disertar y exponer en Buenos Aires del mismo modo artistas plásticos como Pettorutti o Xul Solar fueron partícipes de las vanguardias en su lugar de gestación y recrearon en clave local aquellos nuevos aires. Mientras las universidades tardaron en adoptar las nuevas formas, hubo comitentes que se arriesgaron a contratar arquitectos imbuidos y deseosos de construir la nueva ciudad.
Entre Ríos moderna
Hablamos en otra oportunidad de Alejo Martínez (h), ese arquitecto que transformó a Concordia en una ciudad Moderna con sus más de 30 obras construidas con este lenguaje, pero también en toda la provincia, entre la década de 1930 y 1960 aproximadamente, se construyeron obras cuyos fines fueron desde viviendas, pasando por clubes, sedes de la administración nacional y organismos provinciales.
Hacia 1938, el Dr. Miranda –quien fuera director del Hospital Provincial– encargó al Ing. Oscar Reula el proyecto de su residencia. La vivienda, se ubicaba –ha sido modificada sustancialmente– exenta de las medianeras para destacarse dando una resultante espacial claramente moderna en todos sus aspectos: articulación, dinamismo, clara zonificación y contundente expresión volumétrica dispuesta en dos niveles.
En Gualeguaychú se distingue la obra ubicada en la intersección de las calles 25 de Mayo y Moreno que fue proyectada para ser residencia de su autor, el Arq. Luis Hipólito Tack, nacido en Bélgica, quien luego de graduarse como arquitecto en 1926 se embarcó hacia América, pasó por Montevideo en 1927 y meses más tarde es invitado a Gualeguaychú para instalarse con su estudio en 1936. Su casa, construida en 1938, se resuelve en forma de “ L” enmarcando un espacio interior continuo despegado de sus medianeras. Se conforma a través de dos volúmenes cúbicos conectados a través de un volumen curvo que se abre con sus visuales hacia la plaza Belgrano. Vincula el espacio libre de la plaza a través de su vegetación, con el jardín que logra al retrasar el volumen central de la línea de edificación. Esta obra no solo resuelve de forma coherente la arquitectura del racionalismo, sino que es complementada con el diseño del mobiliario interior en un intento integrador como el propuesto en los orígenes del Movimiento Moderno, arte para la vida cotidiana, diseño desde una caja de fósforos hasta de una ciudad.





















