Merendero Manos Unidas
En la ciudad de La Paz hay un grupo de personas de distintas ideologías políticas que se unieron para ayudar a la familia de un empleado municipal que le da de comer a muchos chicos y chicas del barrio Los Toldos, de esa localidad. Cómo se gesta la solidaridad en estos tiempos.
Conrado Berón
redaccion-er@miradorprovincial.com
Ariel Ruiz Díaz trabaja en la Municipalidad de La Paz y desde el 2013 ayuda a los chicos de su barrio y alrededores. Con su ex mujer, armaron un merendero, al que denominaron Manos Unidas, para dar la copa de leche y luego sumaron el almuerzo dominical, ya que en la escuela reciben una comida de lunes a sábado. Los pormenores, las tristezas, las alegrías, la pandemia, el rol de las redes sociales y el egoísmo partidario de los funcionarios que no ayudan. Todo en esta charla de MIRADOR ENTRE RÍOS con dos protagonistas de este staff, como ellos mismos definen al grupo de trabajo: Ariel Ruiz Díaz y Paula Geminiani.
–¿Cuándo comenzaron con el merendero?
–En el 2013, primero dábamos leche y luego en la casa de mi hijo que vive en barrio Los Toldos empezamos a dar la comida de los domingos. Arrancamos con 35 gurises y ahora tenemos 121. Primero solo de este barrio pero luego se fueron sumando de Los Piletones, La Milagrosa Sur y Puerto Márquez.
–¿Por qué ahora se mudaron a tu casa?
–Antes les dábamos de comer en la casa de mi hijo pero nos tuvimos que mudar porque no teníamos cloacas, no había al menos un baño digno. Y ahora por la pandemia solo vienen a buscar la vianda por lo que por ahora no nos afecta tanto el tener un lugar más grande.
–¿Qué tipo de ayuda oficial reciben?
–No recibimos nada de ayuda. De ningún partido político ni funcionario. Hemos pedido por nota colaboración a muchos, los de antes y los de ahora y nada. La verdad ya no quiero pedir más ayuda. Me cansé de hacerlo y que nunca nos den algo. Todo lo que se consigue es por intermedio de Paula, una colaboradora, y un grupo de personas que son los que consiguen todas las semanas las cosas para cocinarles a los chicos. Tenemos un grupo de whatsapp y ahí nos vamos organizando. Ellos nos traen todo y nosotros cocinamos.
El día a día
–¿Qué es lo que más se necesita hoy en día?
–Pedimos por favor aunque sea las cloacas para poder volver al barrio de mi hijo y así atenderlos mejor a los chicos, porque mi casa por ahí no tenemos tanto lugar. En estos días me llamaron recién para ir a ver, porque hace cuatro o cinco años que vengo pidiendo que les pongan cloacas. Nosotros no mezclamos la política ni lo partidario en esto.
–¿Cómo han pasado esta etapa de pandemia?
–Hace poco entregamos barbijos a todos los chicos, conseguimos en una donación y eso estuvo bueno. Solo un fin de semana no cocinamos que fue porque tuve que ir al velorio de mi mamá. Después siempre hemos estado y con la pandemia decidimos entregarles para que coman en sus casas. Cuando estábamos encerrados hacíamos bolsitas y los repartíamos nosotros casa por casa, durante tres meses fue un sacrificio muy grande.
–¿Qué es lo rescatás de este trabajo solidario?
–Lo más lindo es la enseñanza de las criaturas, verlos irse contentos con un plato de comida, cuando llega el día del niño se les regala un juguete y verles las caritas es lo mejor que hay. Los chicos que reciben esta comida, van desde los 3 meses hasta los 14 años. Muchas veces los sábados pasan por nuestra casa y gritan: “Petiso…. ¿Qué comemos mañana?”.
Grupo solidario
Paula Geminiani es docente, madre de tres hijos y un día fue al merendero. Nunca más se apartó. Es una de las caras visibles del grupo de trabajo que desinteresadamente consigue todo para todos los domingos. Joselo Di Bernardo, Leo Popelka, Víctor Nocera, Gastón Silva, Johana Altamirano son los que todas las semanas se organizan para dar una mano.
Además, hay otro grupo que contribuye continuamente para que todo sea posible, gente que deposita dinero todos los meses, o que siempre desde el anonimato los ayuda a ayudar.
–¿Desde cuándo colaborás con el merendero?
–Desde junio del 2018 aproximadamente, recuerdo que estaba recorriendo el lugar con un grupo de personas y conocimos la realidad del lugar (barrio Los Toldos), ellos tenían un donante de verduras y otro de carne. Cuando se les complicaba para lo seco y el tomate pasaban por casa y les compraba o conseguía si no me alcanzaba. Lo hago porque me gusta. Me siento muy bien en ese lugar. Tengo el lema de la Madre Teresa que dice “el que no vive para servir no sirve para vivir” y otro de Perón, que decía que “mejor que decir es hacer”.
–¿Cuántas personas componen el grupo que ayuda a Ariel y su familia?
–El grupo está compuesto por seis personas (nombrados más arriba) pero también tenemos mucha ayuda constante por parte de otras personas a las que etiquetamos en cada posteo de Facebook. Colaboran permanentemente pero no forman parte de las decisiones que tomamos.
–¿Qué es lo que más cuesta?
–Por ahí cuesta acompañar más a Ariel, cuesta porque por ejemplo en mi caso yo estaba trabajando los domingos inclusive. Cuesta a veces ponernos de acuerdo en algunas cosas.
–¿Cómo se portan los comercios?
–La verdad es increíble la respuesta de la gente, hay personas que me dan su número y me dicen que cuando no llegue con algo los llame que ellos responden. La solidaridad mantiene al merendero, a veces no se llega y tenemos que salir corriendo a comprar de nuestros bolsillos pero en general la respuesta es buena. Se sube la publicación pidiendo lo que necesitamos y etiquetamos a muchas personas para que se difunda. Cuesta, pero no mucho. Siempre llegamos.
Cruda realidad
–¿Cómo ves la realidad de los gurises hoy en día?
–Yo siento que hoy los gurises entrerrianos comen gracias a que las escuelas sostienen el alimento de lunes a sábado. Entre Ríos es una provincia con muchas cosas para criticar, pero les ofrece el almuerzo a todos los estudiantes y las estudiantes en esos días. No alcanza, por eso les cocinamos los domingos. Hay familias en la indigencia absoluta, los chicos no tienen DNI, no saben cómo tramitar la ayuda social.
Por la pandemia tuvimos que empezar a entregarles todo en bolsas, en recipientes y eso es mucho más caro que preparar comida y nos costaba que contenga carne, poníamos lentejas, huevos, pero siempre faltaba la proteína de la carne.
–¿Cuál sería la prioridad para que el merendero pueda seguir creciendo?
–El tema es que no sé si vamos a dar abasto si el merendero sigue creciendo, pero creo que la prioridad sería la comodidad. Un espacio físico, un galpón, lo que sea pero que se pueda cocinar a gas, porque nosotros cocinamos a leña. Un techo porque mas allá que la casa de Ariel tiene un espacio en su frente pero cuando llueve se complica y mucho.
–¿Por qué crees que no reciben ninguna ayuda oficial?
–El tema de que el merendero no tenga una identidad política hace que no recibamos una ayuda oficial. Yo soy una militante peronista, pero cuando llegué al merendero había un cartel en la puerta que hablaba de un candidato del otro partido y yo no me fui de ahí por eso. Nosotros no vamos a permitir que un político done un caramelo y se saque una foto, doná el caramelo te nombramos y listo, pero no vamos a exponer a los chicos a eso. No vamos a dejar que esa política se meta en nuestro grupo de trabajo, donde tenemos personas de distintas ideologías.
Cubrimos un montón de necesidades en ese lugar. No es solo comida. Es enriquecedor, esto nos sana, nos hace bien. El clima de trabajo es muy bueno. Tenemos nuestras diferencias, con nuestros egos, pero no nos dejamos amedrentar por eso ni por las críticas externas. El hambre no espera.





















