Revisitando la historia
Siempre que se recorren las calles de una ciudad, la historia y la tradición están presentes en ellas. Las nomenclaturas destinadas a clasificar el tejido urbano no son meras decisiones administrativas, sino que perpetúan en la memoria social grandes hitos, nombres o relatos.
Ignacio Etchart
redaccion-er@miradorprovincial.com
En la ciudad de Victoria las calles principales conllevan tradicionales nomenclaturas que salvaguardan la memoria identitaria del pueblo. Sin embargo, no todos los caminos refieren a destacadas personalidades o hitos trascendentales. A veces simplemente recuerdan a un vecino que supo dar mucho en pos de mejorar la vida en su localidad.
Cabe mencionar que toda la información presentada fue extraída y sistematizada del portal Archivo Histórico Victoriense, página de Facebook local destinada a la recuperación y divulgación de material histórico de la ciudad y de la región.
Crónica centenaria
Este relato se caracteriza por su rigurosidad y excentricidad histórica. El mismo es una cita de la revista victoriense “Literatura, ciencias, artes, variedades”, con fecha del 25 de septiembre de 1907.
En la publicación original, los administradores del portal señalaron que el escrito se exhibe “inalterable, no haciendo modificación alguna de la opinión pública que se difundía sobre algunos actores sociales en la Victoria del siglo XX”.
Luego de dicha presentación, la crónica de más de 100 años comienza relatando que Ángel R. Piaggio, cuyo nombre clasifica una de las calles principales del centro de la ciudad, “es el actual jefe de policía de Victoria. Nacido el 28 de septiembre de 1868, cumple, en pocos días, sus 39 años, aun cuando demuestra tener algunos menos. Su nombramiento ha sido bien recibido por toda clase de ciudadanos”.
“Bueno, afable, bien intencionado. Si no es el modelo perfecto de un Jefe Político, posee cualidades y fuerzas para hacer algo para Victoria”. Al parecer don Ángel “tiene enemigos, aunque pocos, que se desvelan en denigrarle y hacerle pasar por una vulgaridad. El hecho de tener enemigos prueba que algo vale, que camina derecho por su vía, la mirada al frente, contraído al cumplimiento de su deber. Si con eso lesionara derechos ajenos, creemos que todavía habría Jueces en Berlín. Por otra parte es su lema: ¡Faire le bien et laisserdire!”.
Un breve intermezzo
Aquí se mencionan dos expresiones. En primer lugar, “todavía hay Jueces en Berlín” es una tradicional expresión que posee dos orígenes posibles.
Cuenta la leyenda que el rey Federico el Grande de Prusia (también conocido como el Déspota o el Ilustrado, producto de amistades con filósofos de la época, como lo fue Immanuel Kant) en 1747 estaba disgustado por un molino de viento ubicado frente a su palacio. Según el monarca, la estructura afeaba el paisaje, por lo que múltiples veces sus emisarios insistieron en comprar las tierras, pero el campesino se negaba. Tiempo después, la disputa finalizó con una orden judicial firmada por un juez de Berlín que desautorizaba las intenciones del rey.
Aquí es donde la historia se bifurca. Por un lado, la frase se la adjudica al campesino mientras le entregaba la orden a Federico. Otra versión coloca al monarca como el pronunciador de estas palabras, aliviado porque “todavía hay Jueces en Berlín”.
Y en segundo lugar, la expresión en francés “¡Faire le bien et laisserdire!” resume, y al mismo tiempo predica, una forma de vida y de interpretar el mundo. En una simple y rústica traducción, la frase reza “haz bien y habla menos”.
Sobre su legado
Continúa la crónica en la cual destacan que “conocemos a Ángel Piaggio desde su niñez, como le conocen y le han conocido todos los vecinos. Cuando la sangre juvenil hervía en sus venas, pudo creérsele un espíritu rebelde. Un día, insalutato hóspite (el acto de introducirse en una casa o conversación, o apartarse de ellas, sin usar los términos cortesanos de salutación o despedida), se alejó del lado de su padre y de su familia. Podía tener dieciocho años”.
“Al poco tiempo se supo que, en calidad de secretario del comandante Puccio, formaba parte de una expedición militar que acompañaba al Chaco Santafesino a unos Ingenieros ingleses, encargados de estudiar la traza de uno de los ferrocarriles. Regresó, flaco, tostado por las intemperies, el cuero curtido, la sangre entibiada”.
La razón principal por la cual don Ángel Piaggio fue inmortalizado en la memoria victoriense es simple. Fue el realizador del primer canal de comunicación entre Rosario y Victoria, inspirado por el siguiente suceso: “En 1897 fue nombrado Sub-Prefecto del Puerto de Victoria, empleo que desempeñó hasta 1903, época en que aceptó el puesto de Delegado General de Islas en este Departamento”.
“Incansable como siempre en el desempeño de su cometido, un día en que allá por el año 1898, siendo Sub-Prefecto recorría en una canoa con dos marineros las aguas de su jurisdicción, encontró en el Timbó Blanco una lancha a vapor en la que varios jóvenes, que pocas horas antes habían salido de Rosario, se dirigían a Victoria”.
“No le era posible concebir por cual boquete hubiesen penetrado en tan corto tiempo al Timbó, evitando un rodeo que imponía una navegación mucho más larga y fatigante. Pronto le fue aclarado el misterio. Desde el Timbó Blanco, frente al Madrejón de los Toros, hasta el Campana que corre paralelo al Timbó, había un corto trecho, por el que los isleños arrastraban, de uno en otro arroyo, sus embarcaciones. Lo habían denominado El Arrastradero del Campana”.
Por ahí “había penetrado la Fly-Fly, que así se llamaba la lancha, desde el Campana al Timbó. Desde ese momento, Ángel Piaggio concibió el pensamiento de abrir en tal punto un foso para dar paso a su canoa, única unidad naval con que contaba entonces la Sub- Prefectura de Victoria”.
“Sucedió lo de siempre: parva scintilla, magnum excitávit incendium” (“la pequeña chispa provoca un gran incendio”, frase acuñada a Quinto Curcio, historiador romano del siglo I d. C., autor de la vida de Alejandro Magno). “El foso diventó un canal; el pequeño núcleo de amigos que primero ampararon la obra, diventó una legión. Se formó una Comisión Popular y finalmente el Superior Gobierno de la Provincia, eficazmente ayudado por el de la Nación, acometió la empresa de ejecutarla y concluirla”.
Esta es la historia del antiguo Canal Piaggio. Hoy, los 60 kilómetros del enlace vial Rosario-Victoria que le pertenecen a la ciudad entrerriana se llama Prefecto Ángel Piaggio.





















