Homenaje
Diego Armando Maradona dejó su sello en la tierra. Su manto imborrable. Me quedo con el carasucia aleccionador que de una villa salió. Y fue campeón del Mundo. No me importa el mero resultado, sino su lucha.
Ezequiel Re
Estaba sentado en un bar, mirando los minutos pasar y apurando un café. Esperaba por una reunión para hablar de proyectos, de intenciones para 2021. No sé. Algo común y corriente. No más que eso. De repente un escalofrío empieza a recorrer mi casi cincuentenario cuerpo. "Conmoción: Murió Diego Maradona", decía la tele.
Apenas habían pasado unos minutos de ese miércoles 26 de noviembre que quedará marcado a fuego. No atiné a nada. No lo creía. No podía ser. Tuve esa reunión, mirando las noticias periodísticas de reojo, y viendo que lo irreal se transformaba en real. Y salí del lugar caminando por la peatonal paranaense semivacía, con el sol pegando fuerte y avisando de una jornada calurosa. Y ahí sí. En la soledad con mi mente Diego Maradona empezó a jugar con mis recuerdos.
A lo lejos se escuchaba la canción del Potro Rodrigo. "En una villa nació", empieza a decir la letra. Y empezó su historia, la que se nos pegó en la piel y el corazón. Los futboleros, los maradonianos, no nos circunscribimos solamente en el exitoso jugador que levantó la Copa del Mundo en 1986. Amamos a Maradona por una cuestión generacional, porque sabemos de sus sacrificios, de sus enfrentamientos con el poder de la FIFA, del sueño quebrado en el Mundial de Estados Unidos de 1994 y de la unidad de los argentinos en el 90 cuando un equipo con poco vuelo se ató a la actitud de pelearla siempre y llegó a una final. Con Maradona lesionado, con el tobillo roto de tanto golpe.
En estos días después de su muerte, leí, escuché y lloré. Pocas veces en mi vida tuve esta sensación. El adiós de mis viejos la marcamos como el cierre natural de una etapa, aunque duela es así. ¿Pero porque tanto sentimiento hacia Diego? Porque justamente despertó sentimientos. El tipo se les plantó a los ingleses y los dejó mareados en una cancha. Pero también le dijo verdades a los popes de la FIFA y nos hizo fuerte mostrándonos su lucha con una pelota de fútbol.
Me apenó su vida privada, su séquito ambicioso y su soledad aún rodeado de gente. En soledad murió. Y no sólo murió el jugador, el humano plagado de virtudes y errores como todos nosotros. Murieron nuestras infancias. Salieron por última vez nuestros recuerdos de potrero. De exaltación al pie izquierdo y a la pelota de trapo de piques en las veredas. Se fueron con él a un templo al que volveremos de vez en cuando para recordar lo felices que éramos con poco. Y lo feliz que nos hizo aquel pibe que en una villa nació. Tal vez lapidario, pero cada uno vela sus recuerdos de la manera que puede. Por eso, para mí, el 25 de noviembre quedará instituido como el día que murieron nuestras infancias.
Beso inmortal
El periodista Darío Albertini recordó en rede sociales lo vivido en 2008 cuando tuvo oportunidad de saludar a Diego Maradona en Paraná: “Hasta siempre Ídolo. Con ese beso desde el alma te despido con enorme tristeza y dolor. Pero me quedo con los mejores recuerdos tuyos, y esta foto es uno de ellos. Julio del 2008, cuando llegaste a Paraná para jugar el Showbol y con mis compañeros del Programa "Delirio Xeneize" tuvimos el privilegio de saludarte y darte un humilde obsequio. Me quedo con lo que nos brindaste como jugador, con los títulos de Boca en el 81 y el Mundial 86. Y en tu despedida decirte gracias por defender con alma y vida la camiseta de la Selección Argentina, como ningún otro lo ha hecho. Gracias por todo Diego”. Y duele en el alma decirte Ad10s. Q.E.P.D Genio”.
Oscar Regenhardt
“¿Hasta acá me seguís?”
El ex futbolista de Unión de Santa Fe y el Málaga de España, Oscar Regenhardt (ex coordinador de inferiores de Boca y Patronato), recordó hace un tiempo cómo fue marcar a Diego Maradona. Anécdotas que cobran valor ante el adiós del astro del fútbol.
-¿Cuántas veces enfrentaste a Maradona en Argentina?
-Tres veces. Dos cuando estaba en Argentinos Juniors. Después vino a Santa Fe en 1981 con Boca Juniors. Le ganamos 2 a 0 por el Torneo Metropolitano que luego ganarían.
-¿Cómo fueron esos duelos?
-Cuando recibimos a Boca, yo jugando para Unión una hora y media antes del partido me entero que iba a ser la marca personal de Diego. En el vestuario dan la formación y no decían quien iba de 8. ´El 8 va a jugar un partido aparte´, dijo el técnico (Carmelo Faraone). El 8 era yo y tenía que seguirlo a Maradona por toda la cancha. Yo no sabía para dónde agarrar, si disparar o no, porque el Diego era como (Leonel) Messi en su mejor momento. Y entré a pensar de qué manera marcarlo, en no dejarlo dar vuelta. Pensé encimarlo. También pensé en una táctica que fue psicológica y dio resultado. Yo ya lo conocía y me había regalado la camiseta cuando jugaba en Argentinos Juniors. Cuando entra a la cancha (estadio 15 de Abril) le digo: ´Mirá Diego me mandaron hacerte la personal, te voy a cargosear, no te voy a romper ni mucho menos, pero olvídate te voy a seguir hasta debajo de la cama. Al talentoso que le digan eso lo fastidia y ya lo fastidié. No le dejé tocar la pelota, lo anticipaba, lo agarraba, no lo dejé girar, no agarró una. Si él giraba olvídate, no lo agarras más.
-Y sin tocarlo prácticamente
-Le ponía la mano, lo empujaba, pero pegarle no. Y después nos encontramos, en el 82/83 en Málaga cuando Diego jugaba para el Barcelona. Recordaba ese partido con Unión y bromeó. Me dijo: `¿Hasta acá me vas a seguir?’.
-¿Y ese partido lo hiciste personal también?
-No, ese no.
-¿Lo viste distinto a Maradona cuando jugaba en relación a lo que mostró en el Barcelona y lo que vivió en Argentina?
-El fútbol de Argentina era distinto al de España, tenía otra dinámica, y Diego se fue adaptando. Vos fíjate que después en Nápoles fue imparable, pero en el Barcelona tuvo la lesión, le pegaban mucho… en ese momento en España se pegaba muchísimo, era muy fuerte. Es como el futbol argentino de hoy, y la verdad que le costó la adaptación al principio porque te encimaban mucho.





















