viernes, mayo 15 2026

Historia que arde en los humedales

La investigadora de historia Natalia García, indignada como casi todos en esta región litoraleña por el ecocidio que se produce desde hace casi nueve meses sin respiro, evocó hace unos días en su muro de Facebook una historia poco conocida, con un proyecto hermoso de autosustento económico y de investigación, porque la Biblioteca "Constancio Vigil" poseyó 50 años atrás una parcela considerable de las islas entrerrianas.

Hagar Blau Makaroff
redaccion@miradorprovincial.com

"Hoy, que nuestros humedales arden y por momentos nos asfixian, pienso en esta historia. No siempre la contamos en los recorridos guiados. Muchas cosas no contamos. 'Sí, es verdad', suelo decir cuando me preguntan si 'en serio' tenían una isla. Tenía 2600 hectáreas destinadas a actividades agrícolas y forestales. Se plantaron 100.000 especies. Fue zona de experimentación y estudios en conservación de recursos renovables. También contaba con una granja y criadero de nutrias que entonces tuvo por proveedor a la voz de La marcha peronista. Sí, la Vigil tuvo una isla y un proyecto innovador. Sepamos que hay historias que arden en los humedales", recordó Natalia en su posteo.

También evocó el lado más oscuro de este suceso, que luego de haber sido vendida la parcela, el Servicio de Informaciones "torturaba suponiendo que en esas hectáreas había campos de entrenamiento de la guerrilla subversiva financiada por la entidad".

Pero el final de este terreno "vigilense" fue en 1973, cuando tres cuartas partes de la isla quedó bajo agua en una gran creciente del Paraná. "Y luego el Rodrigazo del 75 asestó el golpe final, obligando a La Vigil a vender las últimas hectáreas para pagar deudas inflacionarias", recordó la historiadora.

Natalia siempre sorprende con tesoros del pasado. Ella es una docente e investigadora de la Facultad de Humanidades y Artes, que en tiempos pre pandémicos dirigía los tours por la biblioteca cuyos rincones trae tantos episodios de la historia nacional. Ahora dirige el Instituto de Investigaciones "Adolfo Prieto" de la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR, que se encarga de divulgar cada investigación de grado y posgrado de la Casa de Altos Estudios.

La brava, el dorado y el alemán
En diálogo con Mirador precisó que en 1970 La Biblioteca Vigil le anunciaba a sus más de 20.000 socios la compra de una isla de 2600 hectáreas, y todo el predio tuvo tres nombres con los que era nombrado: La brava, El dorado, y La isla del Alemán.

"El límite norte comenzaba desde una línea perpendicular al río Paraná frente al Bulevar 27 de Febrero, llegando hasta Punta Alvear, y la inversión demandó por entonces 24.000.000 de pesos", aseguró García.

Para principios de los años '70, también se habían comprado casi 40 hectáreas frente al Paraná en la aledaña ciudad de Villa Gobernador Gálvez (VGG), en parte destinadas al Centro social y deportivo llamado "La Colonia" en cuyas playas veraneaban los socios y socias. Y otra parte era para la construcción de un barrio de viviendas que proyectaba 411 casas en la primera etapa.

Si bien esta historia hoy resultaría algo inverosímil, García puso en contexto: "Hay que recordar que La Vigil ya contaba entonces con su patrimonio extraordinario del edificio de ocho mil metros cuadrados que toma casi toda la manzana de la esquina de Alem y Gaboto, coronado con la cúpula del Observatorio Astronómico que aloja una inédita lente traída desde Alemania."

Pero ¿por qué comprar una isla?

Natalia tras investigar esta gran historia, precisó que la decisión de la dirección de La Vigil tenía un objetivo hacía tiempo, y que aun persigue actualmente: encontrar fuentes de ingreso alternativas a la venta de la popular rifa que, hasta hoy continúa y posibilita todos sus proyectos educativos, socioculturales, artísticos y científicos. "Las cifras de circulación y venta de las rifas arrojaban buenas ganancias, pero estaban sometidas a la inestabilidad económica del país, y por eso se buscaba una red de financiamiento más autónomo y estable en el mediano y largo plazo", precisó.

En aquella isla vieron una oportunidad para la explotación agrícola, ganadera y forestal. Pero "en una masiva asamblea se reconocía que el proyecto de raíz cooperativa tenía poco de antecedentes y mucho de utopía. Sin embargo, la jornada se cerró con la aprobación de la compra y un voto de aplauso por unanimidad", evocó.

Los proyectos científico-productivos que se llevaron adelante en la isla, se apoyaron en toda la estructura técnica y profesional del Departamento de Ciencias Naturales creado a mediados de 1960. Con ello, se ampliaron sus funciones y se reorganizó en tres áreas centrales: isla, vivero y museo.

El museo ya contaba con más de 3000 piezas tratadas por especialistas y utilizadas como herramientas pedagógicas. El vivero comenzó su actividad en paralelo a la isla. Para ello, también se adquirieron importantes predios en Villa Gobernador Gálvez volviéndose un "terreno eminentemente experimental y con ensayos y estudios referidos a la conservación de los recursos renovables y cuidado de los suelos", detallados en los informes anuales publicados por la entidad.

Especialmente, se enfocaron en los herbarios, cría y reproducción de peces autóctonos, así como cría de animales de granja. El vivero fue punta de lanza para el proyecto isleño, provisto de las instalaciones (invernáculo, bombas de agua, red de riego, red eléctrica) y personal idóneo necesario, según lo demandaba cada ciclo vital y adaptación de las especies, con el asesoramiento del INTA.

Los rasgos litoraleños se rescataban en su quehacer científico, alentando la divulgación y cuidado de los ecosistemas locales -y en sintonía con los libros que impulsaba la Editorial de La Vigil-, en colecciones enciclopédicas como "Paraná. El pariente del mar" o "Santa Fe. El paisaje y los hombres".

Plantas y animales para crear un paraíso
En el año 1971 tras una ardua preparación del terreno, montaje de la infraestructura de cascos, caminos, equipamiento de obradores, maquinarias y viviendas para el personal trasladado, los trabajos en la isla avanzaron con paso firme. Sólo en ese año se plantaron 110.470 especies forestales bajo cultivo y en vivero.

"Álamos, sauces, eucaliptus, casuarinas, cipreses de pantano y pinos, sólo tenían que esperar las bondades del suelo y el aire por entonces más despejado que los tiempos que corren. También la hacienda llegó en más de 285 novillitos, novillos, vacas, vaquillonas y terneros, aves, conejos y cerdos de raza", enumeró Natalia García.

La cría de nutrias coipo con 420 reproductores fue otra de sus producciones, en un trato comercial realizado con el cantante Hugo del Carril, cuya filiación partidaria al peronismo estrechaba los lazos con la popular institución.

El '72 mostraba las primeras evoluciones en rindes, tratamientos y adaptaciones favorables. La isla estaba en plena expansión. Pero muy diferente fue el año 1973 cuando tuvo lugar una histórica crecida de las aguas.

La investigadora describió que "muchos recuerdan que media isla quedó bajo agua, aunque los escritos matizan sus efectos dramáticos señalando que, si bien la inundación dejó un saldo poco alentador dado las importantes pérdidas de cultivo y animales, se apostaba con entusiasmo a la continuidad del proyecto productivo".

Un punto de inflexión en la historia de "La Vigil" se anuda a la escalada inflacionaria de 1974 a 1976, especialmente, el llamado "Rodrigazo" durante el segundo semestre de 1975. El aumento exponencial de precios para la adquisición de productos destinados a la rifa y la devaluación de la moneda, golpeó duramente el circuito virtuoso de su venta. Un nuevo quiebre financiero aceleraba la caída de la economía nacional, y ya no esperaría la maduración de los ciclos vitales cuidadosamente sembrados. Y la venta de específicos bienes patrimoniales, fue una de las tantas estrategias ensayadas para sostener toda la estructura institucional.

"Fue así que la venta de la isla se comunicó y efectivizó durante la asamblea extraordinaria del 20 de septiembre de 1975, y entre sus párrafos, es posible advertir el dolor que ello les produjo, apenas apaciguado por la mediana tranquilidad que brindaba para aliviar las finanzas", analizó la docente de historia, quien además puntualizó que "ningún sacrificio afectaría a los proyectos educativos y culturales, no se desprenderían de ningún servicio ligado a la Universidad Popular o a las escuelas de todos los niveles que, efectivamente, continuaron abiertas, gratuitas y sosteniendo su notable calidad pedagógica".

Los proyectos científico-productivos que se llevaron adelante en la isla, se apoyaron en toda la estructura técnica y profesional del Departamento de Ciencias Naturales creado a mediados de 1960. Con ello, se ampliaron sus funciones y se reorganizó en tres áreas centrales: isla, vivero y museo.

La intervención y la herida abierta de directivos desaparecidos

La Vigil padeció la cruenta intervención cívico-militar de 1977, y en mayo de ese fatídico año, ocho miembros de la Comisión Directiva fueron ilegalmente detenidos y llevados al Servicio de Informaciones, el mayor Centro de Detención y Tortura de la región.

Durante meses de desaparición forzada, los directivos fueron sometidos a crudos interrogatorios, y los perpetradores tenían muchas preguntas sobre "La Vigil", incluida su isla y las "sospechosas actividades" allí realizadas.

García retomó la memoria del ex Bibliotecario Raúl Frutos: "Preguntaban '¿Qué hacen ustedes en la isla esa que tienen?'. Y Raúl insistía en su respuesta: 'teníamos animales, animales de granja, cultivábamos maíz y…'. La descripción se interrumpía con gritos: '¡sí! ¡Guerrilleros cultivaban ustedes!'. Muchos años antes, los servicios de inteligencia ya habían desplegado su radar clandestino sobre la organización fichada como un 'centro de actividad marxista'. La isla, tan remota y solitaria, disparaba toda la imaginería epocal, no muy distinta a lo que se montara sobre la cúpula del observatorio astronómico y sus "conexiones con la Rusia comunista".

Conocedora como muy pocos de toda la historia que albergan las paredes de Alem y Gaboto, Natalia finalizó reflexionando: "Las 2600 hectáreas sobre las que se montó un proyecto agroecológico y cooperativo, tuvieron muchos nombres. Por algunos años fue "La isla de la Vigil" que nació de una multitudinaria asamblea popular. Los ecos de aquellos aplausos aún resuenan entre las llamas que hoy consumen a los humedales sobre el río Paraná. Ya no celebran, aplauden exigiendo inmediatas acciones que detengan el ecocidio; aplauden entre las llamas que arden, como las memorias de nuestra historia reciente".


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