Una experiencia social y educativa en Rosario
Mariana Segurado, presidenta de la Asociación Civil Nidos, da clases por radio para poder llegar a los chicos de la comunidad del barrio "Los Pumas".
Daniel Domínguez
redaccion@miradorprovincial.com
Mariana Segurado es profesora de nivel primario en dos escuelas bilingües interculturales, la 1344 Cacique Taigoye y 1333 Nueva Esperanza, así como también presidente del Proyecto Nidos, una asociación civil que desde hace seis años colabora con el barrio "Los Pumas".
En honor a la verdad, esta presentación no se acerca ni un poco a lo que hace Mariana. La "excusa" por la que fue noticia en estos últimos meses y días en los distintos medios fue por su proyecto de realizar un programa de radio para poder dar clases en épocas de pandemia.
La labor social que realiza esta maestra no entra en estas líneas y apenas se podrán capturar algunas de las tantas virtudes que Segurado pone en juego cada día, a través de un mano a mano con Mirador Provincial tan emotivo como gratificante.
– ¿Cómo surge la posibilidad de dar clases por radio?
– La iniciativa surgió a partir de que se nos estaba haciendo difícil la vinculación con nuestros alumnos. Nosotros habíamos preparado cuadernillos con fotocopias para que los chicos puedan seguir ligados a la escuela y a los contenidos que teníamos que abordar, pero luego ya no podíamos trasladarnos e intentamos trabajar con mensajes de textos, whatsapp o mandando páginas para que los chicos visiten, pero nos dimos cuenta que en nuestro territorio era imposible. Los chicos no cuentan con internet, celulares ni mucho menos datos móviles. Pensamos entre todos y decidimos poner en valor la radio comunitaria del barrio de los pueblos aborígenes, la 94.5, donde todos los chicos de la escuela Taigoye nos podían escuchar.
– ¿Qué evaluación hacen del programa hasta el momento?
– El programa se emite de lunes a viernes de 11 a 12 y se llama "Contenidos". El nombre tiene un doble mensaje porque compartimos los contenidos curriculares que tenemos que dar todos los años en el colegio, pero también la palabra encerraba el contener a los alumnos, sus angustias, sus preocupaciones, sus familias. Estamos contentos y orgullosos de poder pertenecer a esta comunidad y que nos abran las puertas de sus hogares. De a poco se va corriendo la voz, a veces nos mandan audios los chicos para que les mandemos saludos. La idea es llegar a muchos más, esto es como la aurora, recién se está despertando. El sol es inmenso y tiene un poder enorme, así empieza la radio y nuestros contenidos, y creemos que será de mucha ayuda si seguimos un tiempo más, según el tiempo de cuarentena y lo que diga el gobierno.
– ¿Cuál es la parte que más te gusta de la radio y cuál les costó más?
– La parte que más me gusta de la radio es la locución. Imaginar de alguna manera que del otro lado están los chicos que uno conoce, que veía en el recreo. Esa es la parte más linda, la de la comunicación, de las bromas, la de esa complicidad entre el locutor y los oyentes que son personas que queremos y conocemos con nombre y apellido.
– ¿Los chicos se engancharon enseguida o al principio lo miraban (escuchaban) como algo extraño?
– Costó hacerles entender que las clases iban a estar en la radio. Hacerles romper esas estructuras, esos formalismos, de que no era solo un programa de radio, sino que íbamos a dar clases, a repasar la tarea y lo que tuviera que ver con cada grado y cada área. Pegamos papelitos por todo el barrio con cartulinas de colores y después les dimos papelitos a los padres. Se fueron enganchando de a poco.
– ¿Cómo afectó la pandemia a los chicos del barrio y la escuela?
– Justamente el horario del programa tiene que ver con que los chicos con la pandemia comenzaron a vivir de otra manera, con otros horarios. Comenzaron a levantarse más tarde o a quedarse hasta la madrugada viendo televisión o jugando. Había dos grupos bien marcados: los que no tomaban en cuenta el peligro del Covid 19 diciendo que era una simple gripe, y aquellos que se pasaron al otro extremo y no salían ni siquiera a la vereda. Costó mucho trabajar la información y lo hicimos de a uno, de familia a familia, con carteles en la tarea.
La escuela y los chicos quedaron marginados de todo lo que el Ministerio y el Estado propusieron: Zoom, clases virtuales, Campus, páginas educativas o videos por whatsapp. En nuestra comunidad son muy pocos los chicos que podrían recibir esta información y si no pensábamos otra manera de trabajar íbamos a generar una brecha más profunda. Teníamos que garantizar el derecho a la educación.
– ¿Cómo están diseñadas las clases radiales?
– En la radio me acompaña Liliana Meza, quien es docente de la comunidad aborigen y enseña todo lo que es intercultural. La lengua, las creencias, las ciencias, desde la mirada de pueblos originarios y yo realizo el trabajo con los demás contenidos. Entre las dos hacemos un rico programa que garantiza la identidad de la escuela, junto con los demás compañeros que envían audios con los distintos abordajes.
Trabajamos la escuela primaria dividida en ciclos, pero con una misma temática. Por ejemplo, para Malvinas adecuamos el tema para cada ciclo. Preescolar lo trabajó con una canción, primer ciclo con un cuento, segundo ciclo con una entrevista a un hermano Quom que participó en la guerra y los más grandes vieron la parte histórica e informativa para fomentar el pensamiento crítico.
– ¿Considerás que esta pandemia nos puede acercar en cuanto a la conciencia social o se marcarán aún más las diferencias?
– La pandemia nos mostró cosas que no se veían o se veían de manera borrosa. Nosotros estamos hablando de una realidad social, familiar y comunitaria que no sé si todos alcanzan a discernir. Estamos en una escuela que trabaja con comunidades vulneradas, no solo con el derecho a la educación que parece que por el Estado está garantizado, sino a muchos otros derechos como son la economía, la salud, la vivienda, la luz o el agua. Entre la escuela, el centro de salud, la Asociación Civil Nidos y la radio, pudimos engranar bien y hoy siento placer y satisfacción con lo que pudimos lograr.
– ¿Podés "medir" todo lo que conseguiste en estos años en la comunidad?
– La verdad que no se necesita mucho para ayudar. Yo me he endeudado o dejado de pagar los impuestos para poder llevar masitas o útiles en el comienzo. Empezamos con casi nada. Con ganas y mucha pasión por lo que se hace. Se necesita estar, escuchar y acompañar, ese trabajo único y tan necesario en todos los tiempos. Todo esto hace que la gente confíe en uno, hace que la gente luego escuche los consejos, la dirección en la crianza de los niños, lo que tiene que ver con la educación. Chicos que antes no terminaban el secundario, ahora tengo el placer y la dicha que esta generación (de seis años a esta parte) ya estén en tercer año.
Si habría alguna forma de medirlo, sería por el crecimiento de las chicas del barrio. Veo cómo progresaron. Cuando llegué a sus casas el trabajo principal era el cirujeo. Tiraban la basura en el patio y toda la familia, incluidos los niños, separaban lo que era cartón, lo que era para comer o para vender como chatarra. Repaso esas imágenes con mucho dolor, pero también con alegría, porque veo que sus casas cambiaron, sus trabajos son otros. Judith, por ejemplo, ahora trabaja en una cooperativa de reciclado, con un sueldo, con otras garantías laborales. En su casa, donde antes había basura, ahora hay plantas y una huerta orgánica. Estoy feliz que con tan pocos recursos se hizo tanto.
– ¿Cómo ves a la sociedad en cuanto al compromiso social? ¿Se vincula de manera afectiva, de manera comprometida o creés que falta empatía?
– La sociedad somos todos. Es un crisol de fuerzas y de miradas sobre el otro. Tenemos personas que nos llaman para donarnos ropa y cuando llegamos esa ropa no está siquiera para mostrar. Son cosas que duelen, pero también hay mucha gente que da con amor y con alegría, que no quiere que los nombremos siquiera.
El comedor recibe incluso de personas que juntan de su propio sueldo y cada tres meses ponen la comida en la mesa de todas las familias, en Navidad, en el Día del Niño. También hemos recibido mucha ayuda de AMR Salud con compra de útiles y hasta en la edificación.
Muchos critican, otros dan las sobras y descalifican la labor social con términos despectivos. Las empresas grandes y los políticos piden fotos, pero repito, por suerte todavía hay gente de buen corazón. Yo lo que trato es de no recibir todo en mi casa, los invito a que ellos mismos se puedan acercar al barrio y vean de cerca el dolor, las necesidades, los chicos en la calle, los basurales, los caballos. Que vean cómo viven y tengan una realidad más completa.
"Soy lo que hago"
Como se dijo al principio, difícilmente estás líneas puedan transmitir todo lo que es y todo lo que hace Mariana Segurado, pero quizás, solo quizás, esta definición de puño y letra de ella, pueda acercarnos un poco a comprender que Mariana es una mujer común, pero con un corazón, una convicción y una fuerza interior que supera cualquier letra.
"Soy lo que hago. Soy Nidos, la escuela, la radio. Y sí, a veces me olvido de la Mariana mujer, mamá o tía. Estoy escribiendo todo el día proyectos en mi cabeza para que muchos cambien su forma de vivir, para que otros puedan estar mejor. Proyecto de la huerta orgánica, proyecto de madres preventoras, de niños preventores, proyecto de Maternaje, para crear vínculos sanos entre las mamás y los niños, los talleres de capacitación, la profe de teatro para que puedan hablar y expresar lo que tienen en su corazón. Todo el tiempo estoy planeando cosas para que puedan disfrutar un poco más de la vida, para que tengan casi las mismas oportunidades, siempre con la educación como puente. Soy lo que hago".




















