Entre Ríos, patrimonio y paisajes culturales
Si bien han surgido de procesos provinciales de organización política, las sedes de gobiernos locales -generalmente llamadas ‘municipalidades’- han adquirido el carácter que cada comunidad y sus dirigencias le imprimieron. Sólo algunas incorporaron la singularidad del reloj en el frente y, aún en esos casos, se trata de experiencias únicas, no replicadas.
Mariana Melhem
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Muchas veces, la monumentalidad de determinados edificios y la convicción de que nos precedieron, como sucede con las sedes de gobierno, nos puede ocultar lo evidente: que también son productos de determinadas circunstancias y que en algún momento fueron un lote disponible y un diseño, traducido en términos planimétricos.
Efectivamente, en el caso de Entre Ríos, la expansión poblacional obligó a territorializar la organización político-institucional. Esa premisa devino en la formación de gobiernos locales, de ciudad, con sus espacios específicos para la gestión (Departamento Ejecutivo) y la legislación (Concejos Deliberantes), y la necesidad de asignarles una sede específica y cierta.
Los procesos se aceleran en las últimas dos décadas del siglo XIX: se contratan agrimensores para que tomen forma el tendido de calles y el amanzanamiento del área urbana, distinguiéndola del área de chacras y del área de quintas.
En los casos de Paraná, Concordia, Nogoyá, Victoria, Villaguay, La Paz, Gualeguaychú, Rosario del Tala y Diamante, se ordena construir palacios municipales. Mientras que en Gualeguay y San José de Feliciano se adquieren casonas señoriales en entornos de plazas principales para el mismo fin.
Entre los edificios proyectados para tal fin podemos reconocer —con algunas excepciones— tres variantes tipológicas: los de reminiscencia italiana que se destacan por la torre reloj (Paraná, Nogoyá, Diamante y Villaguay, a la que se suma más tarde Rosario del Tala), los de adscripción dominantemente francesa donde destacan primordialmente los techos de mansardas (Victoria y Gualeguaychú) y las propuestas modernas planteadas a partir de la década de 1940 con marcado énfasis en la funcionalidad y el lenguaje racional, tal el caso de Concordia; o incorporados a un programa de Centro Cívico, como sucede en Concepción del Uruguay y Federación.
El Palacio con torre y reloj
Probablemente inspirados en los Palacios Comunales italianos de la Edad media, materialización de la ciudad-estado, se destacan entre nosotros los Palacios Municipales identificados como hito urbano a través de la característica torre del reloj.
Destacamos que, más allá de este elemento en común, la participación de profesionales locales para proyectar y para ejecutar, generó una arquitectura con características simbólicas y de representación en cada espacio urbano. No obstante, el repertorio lingüístico es el eclecticismo. Sirva de ejemplo el caso de Paraná que articula componentes clásicos, medievales de raigambre gótica y techos de mansarda de procedencia francesa.
En Villaguay
Ubicado frente a la plaza, el Palacio municipal de Villaguay se erige en un terreno que fue donado por la legislatura provincial en 1886. Los trabajos se iniciaron diez años más tarde: al proyecto lo realizó el Constructor Julio Cacciolatti; lo ejecutaron los señores Ferro, J.; Ferro, B; y Pagnamento. Aunque la obra estuvo lista en 1898 recién tuvo su reloj en la torre en 1904, merced a una recaudación de fondos efectuada por los vecinos.
Un eje de simetría domina la organización del espacio en cuyo cenit la torre reloj busca altura, lo que la constituye tanto en un señalador del edificio y en un mojón a escala urbana como en un indicador liso y llano del portal de acceso.
Desde el frente se advierte que las dos plantas se despliegan conforme fajas horizontales constituidas por zócalo o basamento, desarrollo almohadillado (primera y segunda planta) y coronamiento a partir de una línea de cornisas que a su vez oficia como soporte de la torre. En sentido vertical se reconoce un paño central de 3 vanos constituidos por la puerta de acceso y dos ventanas en planta baja, 3 ventanas en planta alta unidas por un balcón corrido; y dos paños laterales que contienen una ventana en planta baja y otra en planta alta respectivamente. La torre es un prisma de base cuadrada, una para cada cara del reloj; de ella pende un tambor de base octogonal para las campanas, coronado por un cupulín y una veleta.
En Nogoyá
El caso del edificio de Nogoyá es singular: hacia 1886 una comisión de vecinos se organizó para donar un reloj, que finalmente fue traído de Suiza en 1897. Entonces, el municipio adquirió el terreno frente a la plaza para levantar en él la torre que lo hiciera lucir. El proyecto fue realizado por el Sr. Ghiggino y lo ejecutó el Sr. Luis Galli. Pocos años más tarde el padre Scarella proyectó levantar a ambos lados de la torre una construcción que permitiera las actividades de la municipalidad. Así surgió el Palacio de organización simétrica y repertorio clásico que caracteriza la plaza principal de la ciudad.
En Diamante
El Palacio Municipal de Diamante está localizado frente a la Plaza San Martín, en la intersección de las calles Eva Perón y Echagüe. Fue proyectada por el destacado arquitecto de Paraná José Serrano y el constructor Angel Balbi de Victoria, a principios del siglo XX. En este caso la torre construye la esquina desde la planta baja y las dos tiras que configuran la obra, con detalles singulares en la articulación del plano de fachada como entrantes y salientes, ménsulas, óculos, y herrería distinguida. En el interior se destaca la escalinata de acceso, las galerías que balconean al río, el mobiliario y los artefactos de iluminación. Está dotado de elementos que merecen consideración y justifican un recorrido especial al igual que el mecanismo del reloj que en sí. Es una obra de arte que promueve miradas diferenciadas y complementarias entre interior y exterior.
En Paraná
El Palacio Municipal de Paraná, ocupa y “completa” el vértice noreste de la plaza 1º de Mayo, integrando el conjunto Monumental de mayor significación histórica de la ciudad junto al Ex Senado de la Confederación, la Catedral Metropolitana y el Palacio Episcopal y la Escuela Normal.
La obra se realizó en un terreno propiedad del Estado provincial, a través de la autorización de la Legislatura, en agosto de 1889.
Al proyecto lo desarrolló el por el entonces concejal Arq. Santos Dominguez y Benguria y fue elegido por unanimidad entre sus pares, en lugar del elaborado por la Oficina de Obras Públicas. El programa reúne oficinas del Departamento Ejecutivo y Sala del Concejo Deliberante. Llamativa, la tipología de patio central logra, pese a una exigua superficie, erigirse en patio de honor, con una fuente central.
En la fachada la composición arquitectónica se destaca al utilizar la posición en esquina rematada por la torre. Las galerías hacia las dos calles (corrientes y Urquiza) permiten que el espacio público ingrese visualmente al edificio.
El lenguaje ecléctico de diverso repertorio formal incorpora tanto la idea del Campanile italiano como las mansardas francesas. Esta combinación destaca tanto el reloj y la cúpula campanario, terminada en pararrayos, como el escudo municipal, alusión directa a actividades productivas.
En conjunto es una obra que sintetiza el conocimiento de los artesanos de la construcción de aquel momento, en la figura de sus constructores los señores Borgobello y Forlese.





















