Entre Ríos, patrimonio y paisajes culturales
En cualquier ciudad, saber dónde está la sucursal del Banco Nación nos puede ayudar a orientarnos. El detalle forma parte de una política de instalación y construcción de las sucursales. Los edificios suelen ser parte del patrimonio arquitectónico de cada ciudad.
Mariana Melhem
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El período que va desde el último cuarto del siglo XIX a 1916 se define por la centralización del poder político y económico en la ciudad de Buenos Aires, luego de la experiencia Confederal. En ese ciclo se instala un modelo caracterizado por el desarrollo agropecuario en respuesta al rol asignado como “granero del mundo”.
Para alcanzar ese objetivo se despliegan varias líneas de trabajo: el tendido ferroviario con centro en el puerto de la Capital, la creación de la ciudad de La Plata como nueva sede del gobierno para la provincia de Buenos Aires, que había cedido la suya; la promoción de la colonización a través de la inmigración como forma de poblar el territorio y la instalación de un modelo educativo estatal como forma de (unificar) “homogenizar” los valores de la patria que definirían “el ser nacional” de un país nuevo y cosmopolita.
En clave entrerriana, a ese período lo denominamos “Articulación definitiva al espacio nacional argentino” y nos interesa analizar su “protagonismo dentro del modelo agroexportador como parte de la región litoral”.
Lugar en el mundo
Entre Ríos como parte de la región Litoral se benefició con las medidas de progreso del Estado Nacional a través de una alianza política entre la oligarquía local y la de Buenos Aires. De hecho, recibió una importante cantidad de colonos extranjeros y desarrolló líneas ferroviarias que vincularon el interior del territorio con sus puertos. En paralelo, registró una fuerte inversión del Estado en materia pública.
La creación del Banco Nación y la instalación simultánea de sedes se produjo en un contexto particular. Debe recordarse que en 1890 una crisis económica alteró la marcha del modelo propuesto lo que demandó el rediseño de ciertos aspectos de la política económica. Una de esas consecuencias fue la creación del Banco de la Nación Argentina, proyectado para servir como instrumento de financiación para el desarrollo del sector agropecuario.
El proceso fue instituido por iniciativa del presidente Carlos Pellegrini: a través de la Ley Nacional 2841 se fundó en 1891 el nuevo Banco. Con él, se puso en funcionamiento el sistema bancario argentino, convirtiéndose en la principal entidad de carácter comercial del país y desde 1904, en agente oficial del Estado.
Así las cosas, la Casa Central comenzó a operar el 1º de diciembre y quince días después se libró al público la primera sucursal en la ciudad de Santa Fe, disponiéndose la radicación en todos los puntos del país. Para la navidad del año siguiente se anunciaba la instalación de 60 sucursales y al promediar la década de 1920 se contaba con 200 en todo el territorio nacional.
En cadena
En Entre Ríos la instalación de las filiales se inició el 1° de febrero de 1892 en Paraná y continuó en Gualeguaychú, Diamante, Victoria, Concordia, Nogoyá, La Paz, Concepción del Uruguay, Villaguay, Rosario del Tala y Colón. Como se ve, en poco tiempo, completó su presencia en casi todas las cabeceras departamentales de ese momento.
Desde un principio, el Banco tuvo dos características fundantes respecto de sus sucursales. Por un lado, se produjo una expansión en todo el territorio nacional; y, dentro de las posibilidades, la instalación de las sucursales se produjo a lomo de la construcción de edificios propios.
Estas políticas no siempre fueron bien vistas incluso por los directivos del banco, cuestión que se ve reflejada en los dichos de su presidente Mariano Unzué en 1901 que atribuía a las sucursales ser una barrera para el crecimiento de las ganancias: “Si las utilidades del balance del ejercicio no son de importancia, ello es debido en gran parte a que este establecimiento mantiene sucursales en puntos cuyo desarrollo es embrionario aún y que si bien cooperan de un modo eficiente al progreso de esas localidades producen a la institución fuertes gastos”, decía.
Con esta ocupación del territorio, el Estado Nacional garantizaba su presencia en cada punto del país por más alejado que se encontrara y puede comprenderse que se trataba de una política clara. Por esta razón fue muy importante el criterio de localización de estas sedes que, si bien presentan diferencias en sus dimensiones y lenguaje arquitectónico, manifiestan invariantes que podemos relacionar con la forma en que elige estar presente la Nación en cada ciudad de las provincias.
Puntos comunes
Analizando las distintas filiales de Entre Ríos podemos inferir que los espacios arquitectónicos representativos del Banco forman parte de un sistema que se distingue por cuestiones específicas.
Una de ellas es que la selección del lugar de implantación opera en el área central de cada ciudad y preferentemente en torno a la Plaza Principal (aunque esto no es una constante).
La segunda invariante se relaciona con la elección de un terreno ubicado en una esquina. La tercera es la utilización de un repertorio clásico (no uniforme) que le imprimió un carácter monumental a cada obra, proyectada por diversos profesionales sin que se conozca el criterio para asignar a cada cual los distintos proyectos. Así podemos ver la misma tipología para Bragado (provincia de Buenos Aires) que para la entrerriana localidad de Gualeguaychú, o reconocer las similitudes entre Diamante y Nogoyá cuyos salones ovales las distinguen.
Efectivamente, además, en todos los casos el acceso se desarrolla en la esquina. Los hay de un solo nivel como los casos de Villaguay, Nogoyá, Rosario del Tala, Concepción del Uruguay y Diamante o de dos plantas, como los de Paraná, Concordia, Gualeguaychú y Colón. Tanto en Paraná (en el edificio original, luego reemplazado por el actual) como en Concordia se presenta, coronando el acceso, una alegoría de la Nación. Columnas monumentales, frontis, puertas de broce y en algunos casos también relojes, forman parte de los elementos de identificación junto a placas de bronce con la leyenda Banco de la Nación Argentina.
En algunos proyectos, existen jardines con rejas perimetrales que se presentan como transición entre las instalaciones públicas y la casa del director que se adosa sobre una de las dos calles.
Esta sintética caracterización pretende reflexionar acerca de cómo funciona la arquitectura como referente o elemento identitario, lo que en la actualidad se conoce a través del concepto de identidad corporativa o marca, pero está claro que hace mucho se utiliza como caracterización de un sistema o como presencia institucional.





















