Gastronómicos rosarinos en pandemia
Los operadores del rubro aseguran que la actividad es casi inviable con el límite de funcionamiento impuesto hasta las 23. Mientras, el Municipio no descarta restringir otra vez la actividad si los casos continúan subiendo y se reduce el número de camas críticas.
Patricio Dobal
redaccion@miradorprovincial.com
Si bien la curva de contagios de coronavirus sigue escalando en Rosario, situación que inquieta a las autoridades sanitarias y a muchos les hace pensar que podrían instrumentarse restricciones, a poco más de dos meses de ser bendecidos por la posibilidad de reabrir sus comercios, los gastronómicos quieren más e insisten en solicitarle al Municipio la posibilidad de ampliar el margen de funcionamiento más allá de las 23, hora límite para recibir clientes.
Tal es el interés de algunos operadores del sector, que los ha llevado a "cortarse solos" y prescindir de la Asociación Empresaria Hotelera Gastronómica (Aehgar), institución aliada de la Municipalidad de Rosario a la hora de ayudar al intendente Pablo Javkin en garantizar el cumplimiento de los protocolos sanitarios en los bares y restaurantes de la ciudad.
"El planteo es claro. Queremos trabajar de noche y ser la contención de los jóvenes para evitar que se reúnan en forma clandestina en los domicilios particulares", define Rodolfo Solari, titular de un bar con pool en la esquina de Salta y Suipacha, límite oeste del barrio de Pichincha. El comercio de Solari siempre funcionó con público hasta entrada la madrugada y los parámetros establecidos por la intendencia lo perjudican.
"No sé hasta cuándo los comercios van a seguir manteniendo esta situación", asegura el empresario que logró convencer a una veintena de encargados y propietarios de cervecerías, bares de tragos y restaurantes de Pichincha para acompañar con sus firmas una carta que pretende enviar al Palacio de los Leones. En la solicitud, lo acompañan marcas de la talla de Beatmemo, Negroni, Anajuana o Peñón del Águila, entre otras sobre todo de Pichincha, área dedicada a la gastronomía que más ascenso tuvo en los últimos años, pero que también sintió de cerca el cimbronazo que representó el cierre prolongado luego de instaurada la cuarentena.
Vale recordar que desde el lunes 8 de junio los bares y restaurantes volvieron a funcionar en Rosario de 7 a 23, pudiendo quedar algunos minutos más un comensal en el comercio, aunque ya sin chances de seguir consumiendo. La normativa que hacen cumplir los inspectores de la Secretaría de Control y Convivencia municipal determina que a la 0.30 el establecimiento debe quedar completamente cerrado sin siquiera empleados en su interior.
La postura de los operadores del sector que buscan convencer a Javkin en realidad se posiciona sobre un planteo en el que han sido enfáticas las autoridades sanitarias locales: el grueso de los contagios de coronavirus se dan en las reuniones familiares y afectivas en casas particulares, donde los protocolos no existen, algo que de hecho producto de la circulación comunitaria de la enfermedad en la Cuna de la Bandera quedó prohibido.
Pedido ya realizado
Ahora bien, desde la Aehgar dicen desconocer las intenciones de Rodoldo Solari y los comerciantes que lo respaldan. "Al día siguiente de la reapertura de los bares fuimos con el pedido a Javkin de extender los horarios. Es algo en lo que la entidad trabaja permanentemente, pero siembre bajo los canales institucionales", argumentó David Feiguin, integrante de la comisión de empresarios gastronómicos dentro de la asociación, que eligió diferenciarse de los autoconvocados.
"Cualquiera puede acercar un planteo al intendente. Nos parece muy atinado; nosotros ya hicimos ese planteo", añadió el referente que elige la acción gremial. "Compartimos el diagnóstico: nuestro sector atraviesa uno de los presentes más difíciles en años", sostuvo.
A principios de julio y apenas dos semanas después de la reapertura en el marco de flexibilización de la cuarentena, la Aehgar presentó un relevamiento remarcando que en Rosario habían cerrado unos 300 establecimientos producto de la crisis de la pandemia. "Algo así como una restricción de la oferta en un 20%", graficó Feiguin, intentando ponerle números a la problemática.
Basta una recorrida por las calles de Pichincha o caminar las anchas veredas de la avenida Pellegrini para detectar vidrieras tapizadas con diarios y carteles de alquiler. "El límite horario de las 23 es muy arbitrario. La gente se termina aglomerando en los horarios centrales. Hay una costumbre muy arraigada de salir tarde por lo que el cierre de las 23 termina siendo poco saludable", expresó Alejandro Pastore, al frente de Paseo Pellegrini, organización que concentra a los principales establecimientos del tradicional corredor.
A duras penas
"Con mucho esfuerzo reabrimos y vamos a ver si podemos mantenernos en pie", es lo que aseguran en "Chori", una franquicia de origen porteña que inauguró en 2019, resistió hasta las primeras semanas de abril y paralizó actividades hasta el miércoles pasado cuando la reapertura la vivieron como un renacer. El local está en la esquina de Alvear y Güemes, en la ochava de enfrente un amplio salón -donde supo funcionar la cervecería Blest- está desocupado.
El paisaje en Pichincha se alterna entre los locales que lograron resistir y los que no, abrumados por el alquiler y el pago de los servicios que no se costeaban con el sistema de delivery. "Las aplicaciones de cadetes se quedan con una comisión importante y no dejan rédito, por eso muchos no aguantaron durante la cuarentena", añade Pastore.
La estrategia que comparten por lo bajo los empresarios es la de extremar el esfuerzo para mantenerse abiertos y "conseguirle un novio" al emprendimiento para vender un fondo de comercio e intentar "salir hecho". "La inversión de todas maneras hoy no se recupera. Hay algunos que están desprendiéndose de los negocios que levantaron y reciben un 10 o un 20 por ciento del desembolso inicial. Hoy nadie quiere meterse a lidiar con la gastronomía", argumentó Feiguin, sobre lo que antes de la pandemia era "la gallina de los huevos de oro".
La postura de los operadores del sector que buscan convencer a Javkin en realidad se posiciona sobre un planteo en el que han sido enfáticas las autoridades sanitarias locales: el grueso de los contagios de coronavirus se dan en las reuniones familiares y afectivas en casas particulares, donde los protocolos no existen.
Posible retroceso de fase
Mientras algunos insisten en la extensión horaria, otros miran con recelo la suba progresiva de los contagios de coronavirus que puede hacer peligrar el terreno ganado. Con la suspensión de las reuniones familiares y afectivas en casas particulares son los bares y restaurantes los espacios de encuentros, que también podrían clausurarse si la disponibilidad de camas críticas comienza a reducirse.
Según un informe pormenorizado que el intendente Pablo Javkin, junto al secretario de Salud, Leonardo Caruana, presentaron el pasado viernes en Rosario están ocupadas el 42% de las camas críticas de los sanatorios privados y el 53% de las camas críticas de los efectores públicos. Bastante similar el índice de ocupación de camas generales (54% en la salud privada, 66% en la salud pública). Dichas cifras representan un 4,50% de las camas Covid totales en los establecimientos privados y un 5% de las camas de hospitales públicos.
Mientras el sistema sanitario no quede al límite, desde la administración municipal aseguran que no habría retroceso en las actividades habilitadas. Allí está puesta la mirada diaria.





















