Se agrava la crisis
Así lo advierten desde la cámara que los nuclea y temen que no sea el único que no logre sobrevivir a la restricción por el coronavirus, habida cuenta de que se aproxima la temporada de invierno y es la etapa más baja para este rubro.
Ignacio Pellizzón
redaccion@miradorprovincial.com
Nadie sale y nadie entra. Así se configuró el mundo desde que se desató la pandemia por el coronavirus. Sin dudas que el turismo, principal actividad que invita a la interacción entre personas -forma en que el virus se propaga-, es el sector que primero apagó los motores de su actividad.
La economía del mundo se ve resentida como nunca desde la Gran Depresión de 1930. El impacto de la pandemia está alcanzando niveles extraordinarios y los gobiernos, que nunca tuvieron que lidiar con una crisis viral semejante, están improvisando medidas que permitan sostener un sistema que se forjó en base al contacto humano a partir de la hiperconectividad, pero que hoy no es posible.
Museos, teatros, centros comerciales, cines, bares, restaurantes, clubes, son todos espacios que se mantienen cerrados hace más de un mes como medida preventiva frente al contagio del Covid-19. El sistema hotelero, al igual que las aerolíneas, están soportando el parate más grande de su historia. Nadie entra y nadie sale, es la única forma de frenar a cero una economía mundial. Y está pasando.
La primera víctima
En los últimos diez años lo que más intentó desarrollar Rosario como marca es el turismo. Millones de pesos invertidos en mejorar su conectividad aérea como terrestre. Publicidades marketineras en diferentes regiones para atraer turistas de todos los puntos cardinales de la Argentina. El desarrollo en este rubro es lento y progresivo.
Desde que se pensó a Rosario como ciudad turística, jamás se imaginó que una pandemia iba a apagar el motor del consumo y del movimiento mundial. Sin embargo, está pasando. Hace un mes que la ciudad está paralizada, abarrotada, aislada. Esto golpeó de frente al sector turístico que venía intentando salir a flote en el medio de una crisis económica nacional y un combate desleal con aplicaciones nacientes.
A modo de prueba del impacto profundo que genera el aislamiento preventivo y obligatorio, en Rosario cerró sus puertas el primer hostel por no poder sostenerse en este contexto. "El virus terminó de empeorar la situación que ya venía en baja por la economía", admitió a Mirador Provincial el presidente de la cámara de hostels de Rosario, Omar Ortiguela. "Impactó de manera contundente", ya "provocó el cierre del primer hostel" y hay algunos otros que "lo están analizando", agregó.
Desde la entidad advierten que "para colmo ahora viene lo peor". Es que el invierno que se avecina es lo que implica la temporada baja para el sector en Rosario. Confiesan que atravesarlo será "muy duro" y no se arriesgan a definir que "no cerrará otro hostel más", porque hay muchos dueños que "lo están analizando", aseguró Ortiguela.
"En el rubro somos todos micro emprendedores de toda la vida y no hay ninguna cadena internacional que pueda sustentarse muchos meses sin trabajar, es decir, aguantamos como podemos este contexto", añadió.
Junto con el Ente de Turismo local prepararon una carta, que enviaron a la Provincia y a Nación en busca de soluciones. "La intención es unificar los sectores golpeados y elaborar estrategias que nos permitan paliar esta compleja situación", explicó Ortiguela.
Actualmente todos los hostels de Rosario están cerrados con gente fija que quedó varada por la cuarentena y algunos turistas que están, también, aguardando que esto "pase" para poder volver. "No hicimos relevamiento sobre cuántos turistas varados hay hasta el momento", porque muchos lograron irse, pero "hay tantos otros varados" que son nacionales digamos, cerró el referente de la cámara.





















