Medidas por el coronavirus
La terminal de ómnibus de Rosario luce anormalmente desierta. La cuarentena se siente en una estación que normalmente se caracteriza por su gran movimiento. Jornada atípica de una época atípica.
Hernán Alvarez
halvarez@miradorprovincial.com
Las entradas bloqueadas con sillas y cintas. Guardias de seguridad privada apostados en las puertas para impedir que nadie entre. La terminal de ómnibus Mariano Moreno en Rosario es un postal de estos tiempos. En la mañana del miércoles 22, como en días anteriores, permanece vacía, totalmente vacía de pasajeros. Las ventanillas de venta de pasajes están cerradas.
En la entrada principal sólo se ve un grupo de gente que parece estar por iniciar un viaje. Aunque no hay ningún vehículo de transporte de pasajeros para llevarlos. Sólo un ómnibus permanece en la dársena. Es el que fue secuestrado proveniente de Brasil y que había cambiado el cartel de procedencia. Llegó el 20 de marzo y por contar con una señal distinta a la real, quedó varado en la Mariano Moreno. La policía los interceptó en la ruta después de partir desde Camboriú y pasar por las ciudades de Santa Fe y Paraná.
El contraste es evidente con un día normal cuando miles de personas pasan por la estación de transporte más grande de la provincia. En una época normal, el bullicio es permanente desde horas tempranas hasta bien entrada la noche.
Los ingresos laterales por calle Santa Fe también permanecen completamente cerrados. Con candados y cadenas. Los taxis, elementos típicos de esta zona de Echesortu, tampoco abundan. Sólo un par al lado de la zona donde entran los ómnibus, otros dos sobre Santa Fe, pero estacionados sobre la calle. No sobre la dársena para los autos negros y amarillos. La zona de la entrada por Cafferata tampoco cuenta con este tipo de vehículos. Los pocos que hay se ubican en esa vía, pero antes de llegar a Santa Fe. El trabajo para los taxistas escasea. Unos pocos transeúntes toman el servicio.
Por la calle con el nombre de la capital provincial, en las afueras de la estación, duerme un hombre arriba de un colchón sin signos de estar demasiado preocupado por la cuarentena. ¿Barbijos? Se observan aunque algunos taxistas y público en general incumplen con la norma y no los usan.
El tráfico en la zona es comparable a un domingo por la tarde. Algunos conductores pasan con tapaboca y con los vidrios levantados. Otros, sin esa protección y con los cristales bajos en una señal de falta de consciencia. Se ven patrulleros de la policía provincial andando, aunque no se observan procedimientos para preguntar las razones para circular en coche. Tampoco se interroga a los transeúntes.
Sólo delivery
En una de las esquinas de Cafferata y Santa Fe se ubica un bar. Este local de comidas se mantiene abierto, pero sólo para entregar pedidos. Sus sillas permanecen levantadas.
El Mercado del Patio, pegado a la terminal, está abierto aunque en horario limitado. Todos los negocios trabajan, pero el público es contado. En el banco adentro del mercado, la fila se mantiene respetando las distancias mínimas.
Los pocos negocios con las persianas altas por la zona comercial de Cafferata tampoco dejan entrar gente. Atienden desde la puerta. Como la ferretería entre San Lorenzo y Urquiza o la cafetería de la esquina de San Lorenzo.
Nadie sabe cuánto tiempo pasará hasta que la zona recupere su movimiento habitual. Quizás sea el mes próximo o quizás más adelante. Por ahora, la terminal Mariano Moreno está como congelada, inerte, sin la vida propia que sabe tener.





















