Literatura universal, en manos entrerrianas
Sabina Melchiori
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El 6 de abril se cumplieron 77 años de la primera edición de El Principito (Le Petit Prince, en su idioma original) tanto en inglés como en francés, por la editorial estadounidense Reynal & Hitchcock. El aniversario resultó ser un interesante disparador para conversar con dos coleccionistas de esta obra en Entre Ríos: José Brunetti y Mario Aramburu.
Mario y José están juntos desde hace 41 años. En 2010, ni bien fue aprobada la ley de Matrimonio Igualitario se casaron legalmente. Vivían en Buenos Aires, pero después de que José se jubiló y dejó de ejercer su profesión de psicólogo, decidieron mudarse a Gualeguaychú, la tierra natal de José. Esa mudanza incluyó también los casi 100 ejemplares de El Principito, una colección que empezaron juntos a principios de los '80, al poco tiempo de haberse conocido. Mario había comprado el libro hacía muchos años y lo deslumbraba la referencia al mundo del niño interior que llevamos dentro. A José le habían regalado la versión en francés y cuando hizo una especialización de posgrado en Análisis Transaccional, lo asoció con la Teoría del Padre-Adulto-Niño de Eric Berne.
"Coleccionar El Principito significa muchas cosas para nosotros, es una actividad conjunta que nos causa placer y nos impulsa a investigar, conectarnos con otros coleccionistas en el mundo con intereses similares, bucear en los idiomas que es para nosotros una tarea fascinante y una forma de conocer la mentalidad de otros pueblos", contó José, y agrega un detalle íntimo que describe los momentos en los cuales se ha ido agrandando la colección: Mario recibe cada ejemplar como si fuera un "hijo adoptivo", le da la bienvenida y lo presenta a sus otros "hermanitos".
Actualmente tienen 92 libros, 5 audios, 16 e-books, en 76 idiomas, incluyendo el vabungula, un idioma artificial. Pero no son los únicos, el mundo está lleno de coleccionistas de esta novela corta, y Mario y José mantienen contacto permanente con algunos de ellos. "Nuestra colección no está cerrada, sino que ahora avanza a menor velocidad ya que no viajamos como en otras épocas, los costos de compra y envío desde el exterior son muy altos (también un par de veces nos han robado ejemplares en el correo) y dependemos de amigos que viajen", señalaron a Mirador Entre Ríos.
Curiosidades
Una de las cosas que más les ha interesado a estos coleccionistas (los dos son aparte de sus profesiones, traductores literarios de inglés y también hablan otros idiomas) son las anécdotas y curiosidades de las distintas traducciones: en la versión en inglés británico, un lector advirtió casualmente que en la parte donde el Principito decía que su planeta era tan pequeño que con sólo ir corriéndose de lugar podían verse todos los atardeceres que quisiera, y que en una oportunidad pudo ver 43 ("Quarante-trois couchers de soleil") en Inglés decía 44 ("forty-four sunsets"). Nadie se había dado cuenta antes, así que preguntaron en la editorial donde se mostraron muy sorprendidos ya que la traductora era una de las mejores, pero había fallecido así que quedaba la duda. Muchos expertos consultados creen que la traductora había advertido que en la frase "Quarante-trois couchers de soleil" había aliteraciones (repetición de sonidos consonantes) y quiso lograr el mismo efecto poniendo "forty-four sunsets ", pero es una teoría que quedó en el misterio. En la versión turca hay un acto de censura en la traducción: donde dice que un "dictador turco" prohibió vestirse a la usanza tradicional, tradujeron un "presidente turco".
Mención especial merece la versión en arameo. Fue una edición muy limitada para lingüistas y coleccionistas. Está dividida en dos partes en caracteres jeroglíficos y en su versión transliterada a caracteres occidentales. Y trae, además, la explicación de cómo se ingeniaron para traducir palabras que no existían esa lengua muerta, como "avión", "tren" "hombre de negocios", para lo cual tuvieron que apelar a la técnica de traducción literaria descriptiva.
Saint Exúpery en Entre Ríos
La familia Fuchs era muy particular. El matrimonio y sus tres hijos (un varón y dos mujeres) vivían en el castillo San Carlos, en Concordia. De gustos exuberantes y refinados, tenían atracción por los animales. En la casa tenían un zorro del monte, mangostas, y una iguana, que convivían con las abejas y las serpientes.
La señora Fuchs, concertista de piano y profesora de francés, aparte de ocuparse de las tareas de su hogar, cultivaba rosas para embellecer los jardines de la casa. Mario, el hijo mayor, se dedicaba a estudiar y acompañar a su padre en los trabajos del campo. Las niñas, Edda Sara y Susana Luisa, disfrutaban de esta vida en contacto con la naturaleza. Un día de 1929, haciendo su recorrido habitual por la zona, vieron una avioneta que aterrizó en un campo lindero. Al acercarse se encuentran con un gigante, de 1,95m de altura, nariz respingada, ojos saltones, mirar semidormido, que caminaba con los brazos pegados al cuerpo lo que le daba un andar parecido a un oso. Allí, observaron que una de las ruedas del avión, un Latè 25, se hundió en una cueva de vizcacha. Las pícaras niñas no entienden la torpeza de aquel piloto y comentaron entre ellas una grosería, pero en francés ¡Qué bestia! ¡Qué tonto! ¡No vio la vizcachera! Gran sorpresa se llevan cuando el piloto, les contestó al entender francés. Este aviador era Antonie de Saint Exúpery, quien había sido contratado y designado a Argentina para delinear nuevas líneas de correo aéreo de la Aeropostal.
En diálogo con este medio, Silvina Molina, quien se ha especializado en investigación histórica sobre el sitio turístico Castillo de San Carlos, y actualmente es la directora de Turismo Social de la Secretaria de Desarrollo Económico de la Municipalidad de Concordia, brindó detalles sobre las coincidencias entre El Principito y la experiencia de su autor en Entre Ríos: "Encuentro fuera de lo común, en lugares encantados o al menos extraños. Por un lado, el principito en el Sahara, por otro, las niñas en el campo de Concordia. Avería del avión. Diálogo con el niño y con las niñas. Ambos tienen una relación muy especial con los animales, las plantas y los elementos. La ternura reflejada por el autor en ambos textos en su relación con los niños. Tanto en Concordia, donde encuentra a Edda y Susana, como en el desierto donde lo encuentra el principito, Saint Exupéry llega por el azar o el destino, son caras de un mismo destino. Aquí, baja (Cancha del Club Polo Donovan) por simple casualidad buscando una posta para su línea aérea. En el desierto, porque su avión sufre un desperfecto. En ambos casos, no es su voluntad, sino la casualidad dirige sus acciones".
Molina observó también que "el Castillo de San Carlos lo fascina a tal punto que lo describe como un lugar donde todo estaba adorablemente ruinoso. El desierto donde vive el principito, esa metáfora de la nada lo atrae con la misma intensidad".





















