Taekwondo
El Dojan Robles Guerrero cumplió una década funcionando en las instalaciones del Club Atlético Oro Verde. Si bien la pandemia impidió que se lleven a cabo los festejos por el aniversario, Paulo Robles Guerrero, su director, le contó a MIRADOR ENTRE RÍOS cómo vivió durante todos estos años.
Víctor Ludi
redacción-er@miradorprovincial.com
Los aniversarios y/o cumpleaños, por lo general, suelen ser recordados siempre. Hay fechas que marcan a fuego a las personas e instituciones, que generan alegrías o tristezas, dependiendo de lo que se recuerde. Por lo general, cuando en la fecha en cuestión se recuerda algo agradable, suele ser motivo de celebración.
El pasado mes de marzo, el Dojan Robles Guerrero que funciona en las instalaciones del Club Atlético Oro Verde, donde se dictan clases de taekwondo, cumplió diez años desde que se estableció en la Ciudad Universitaria. Como es de público conocimiento, las medidas decretadas por el Gobierno Nacional ante el avance arrasador de la pandemia del virus Covid-19 impiden que se realicen eventos sociales donde se congreguen personas, por lo que los festejos, al menos por ahora, quedaron descartados.
MIRADOR ENTRE RÍOS se comunicó con quien está a cargo del Dojan, el profesor Paulo Robles Guerrero, que realizó un repaso de lo vivido durante esta década.
“El 4 de marzo cumplimos los 10 años y teníamos pensado un festejo para el 27. Pero esta situación no nos dejó festejar como queremos, aunque ya tendremos tiempo para eso. Cuando comienza a dar clases en una escuela uno nunca sabe hasta cuándo va a estar, sobre todo en las localidades chicas y conservadoras, más allá que Oro Verde ha crecido mucho en los últimos años”.
–¿Cómo se dio su llegada a Oro Verde?
–Toda mi vida estuve ligado al taekwondo, ya que entreno desde los ocho años, más allá de un pequeño impase que tuve. Cuando empecé el profesorado de educación física me di cuenta que quería dar clases de taekwondo, transmitir mis conocimientos y seguir avanzando por este camino. Me propuse abrir una escuela y hablé con el por entonces Intendente de Oro Verde, José Luis Dumé. Él me delegó al club, donde muy amistosamente el ya fallecido José María “Chichín” Dume me abrió las puertas para que me pudiera instalar a dar clases. Desde ese primer día sigo en el mismo salón, con los mismos días y horarios.
Fue un comienzo muy ameno ya que lo inicié como un hobby, más allá de la lógica responsabilidad que implica el hecho de transmitir conocimientos. Con el paso del tiempo, el compromiso se fue endureciendo. Todo tiene que ver con la madurez y aprendizaje que uno va adquiriendo. Hoy Oro Verde es como una segunda casa.
–¿Hubo una evolución desde el primer día hasta hoy?
–Sí, en todo sentido. En lo deportivo, el rendimiento de los alumnos siempre acompañó y han obtenido destacados resultados. Pero además hubo un crecimiento humano muy importante. Aún tengo alumnos que me acompañan desde el 2010 y los padres siempre formaron parte de los grupos de manera activa. Realizamos muchas actividades para recaudar fondos y así poder comprar diferentes materiales. Hoy, luego de un gran esfuerzo, contamos con un piso muy costoso que permite entrenar de manera óptima. También se agregó un horario especial para los más chicos. El número de alumnos siempre fue de alrededor de 30. La práctica de artes marciales tiene una ventaja y es que se adecúa a las posibilidades de cada persona, sin importar el sexo, el físico o la edad.
–¿Cuál es la línea de trabajo con la que se manejan en su Dojan?
–Nuestro primer punto es formar personas de bien, tratando de inculcarle valores a los chicos. Eso va más allá de la preparación física y técnica. Fue lo que me transmitió mi maestro y es lo que pretendo transmitirles a los chicos. Me baso en los principios del taekwondo y el juramento del estudiante, que es el punto de partida principal. Después no solo se trabaja el aspecto físico y técnico, sino también espiritual y mental.
Objetivos cumplidos
–¿Algunos momentos o hechos, sean buenos o malos, que pueda destacar de estos 10 años?
–Lindos momentos son los de haber cumplido con los objetivos propuestos. Y mucho de estos objetivos son las participaciones más que los resultados, ya que debemos esforzarnos mucho para poder trasladarnos. Eso se disfruta mucho, porque siempre viaja un grupo importante de padres y es como una familia. Y lo negativo quizá puedo remarcar cuando los chicos se preparan a consciencia para una competencia y, por razones económicas, no pueden participar.
–¿Va formando a sus alumnos para que el día de mañana ellos puedan dar clases?
–Hago mucho hincapié en la formación pedagógica en los chicos para que el día de mañana, si tienen el deseo y la vocación, puedan dar clases y sepan cómo transmitir sus conocimientos.
–¿Cómo sobrellevan el aislamiento?
–Estoy en contacto permanente, tanto con los alumnos como con los padres. Trato de incentivarlos para que ellos investiguen, sobre todo lo que tiene que ver con las formas. Ellos me van mandando material de lo que hacen y yo los voy corrigiendo. Son trabajos personalizados.





















