Buenas acciones en Concordia
Se acerca la Navidad y quienes piensan en los demás comienzan las campañas para hacer pasar un buen rato al que menos tiene. Grupos autoconvocados, asociaciones y clubes invitan a los concordienses a dar y recibir.
Belén Fedullo
redaccion-er@miradorprovincial.com
Concordia suele formar parte de las noticias a nivel nacional por sus altos índices de pobreza. También se escucha el nombre de la ciudad cuando las crecientes del río Uruguay castigan a quienes viven cerca del curso de agua o suelen nombrarla los deportistas profesionales que llegan al primer nivel. Pero en la ciudad hay algo más. Es que después de tantos embates, los ciudadanos aprendieron a ser solidarios.
En los barrios populares o postergados, en los que la pobreza parece estar instalada y tener raíces casi inquebrantables, la valoración entre unos y otros se acrecienta. A esas zonas llegan, de manera desinteresada, también aquellos que desean dar una vuelta de tuerca y cambiar la realidad. Y lo hacen convencidos de que es posible mostrar una cara mejor de la vida, enseñar a través de la convivencia y las experiencias compartidas.
Diciembre llega con mucho calor, con cierre de actividades, pero también con las Fiestas. Navidad y Año Nuevo son fechas en las que las familias se encuentran para vivir momentos gratos y compartir, en la mayoría de los casos, una mesa en la que el menú ocupa una parte importante. Además, el intercambio encierra presentes y deseos.
En los sectores en que hay dificultades económicas y sociales las posibilidades son otras. En su inocencia, los niños también esperan poder compartir algo rico, o un regalo que cambie su rutina y, por suerte, hay quienes piensan en ellos.
Asociaciones, grupos autoconvocados y clubes invitan año a año a participar de colectas o reuniones en las que el objetivo principal es vivir un momento de intercambio en el que se da y se recibe. Se dan alimentos, se da tiempo, regalos y entretenimientos, se recibe agradecimiento y amistad. Con todo esto, quienes están preocupados por los demás, logran que estos días sean un poco más livianos y haya espacio para soñar.
El almuerzo de cada año
Lidia Martínez es una reconocida colaboradora voluntaria de distintos eventos y lugares de Concordia. Hace 8 años, decidió salir de la comodidad de su hogar para buscar la manera de celebrar los días finales del año en el barrio Nebel. Luego de pensarlo, decidió hacer un almuerzo en el que participaran los niños que asisten al merendero de la Capilla Stella Maris, ubicado en la zona. Fue difícil, pero no imposible, y así empezó a gestionar.
Casi sin darse cuenta, Lidia generó lazos que se volvieron permanentes. Por eso, en cada edición hay quienes colaboran de manera desinteresada para que los pequeños puedan disfrutar de un momento grato y volver a casa con la panza llena y el corazón contento. En este 2019 la fecha elegida fue el 21 de diciembre.
En diálogo con Mirador Entre Ríos, Martínez contó: “Es el octavo almuerzo navideño que hacemos en la capilla. Hace 8 años se nos dio por organizar una comida para los chicos que van a tomar la leche todos los días y parece mentira que haya pasado tanto tiempo, porque año a año va sumándose cada vez más gente y eso es realmente importante”.
“Siempre nos encontramos en el merendero y almorzamos pollo a la parrilla con ensalada. Además, juntamos colaboración de la gente y preparamos bolsas navideñas para que los chicos se lleven a casa después de almorzar. Para eso pedimos pan dulce, budín, turrones, garrapiñadas y todo lo que se consume en una mesa familiar durante las fiestas”, explicó.
A la comida asisten entre 200 y 250 chicos, que son quienes todos los días van al merendero de la capilla para tomar la merienda. Además, en ese día especial también se hacen presentes los padres y otros familiares que deciden ir a compartir la mesa y celebrar la llegada del final del año.
A pulmón
“Lo principal de todo esto es que lo hacemos a pulmón. Yo soy ama de casa y no pertenezco a ningún organismo, no pido nada a ningún gobernante ni nada por el estilo, sino que simplemente a mí se me ocurrió un día y la gente decidió ir sumándose. Este almuerzo nace por la voluntad de la gente que es solidaria, de las personas comunes, laburantes, y eso es lo más destacable, porque entre todos vamos juntando”, mencionó y ejemplificó: “Se vuelve importante porque cada uno pone lo que puede o tiene. Hay personas que pueden donar un pollo y hay otras que donan un cajón. Para las bolsitas hay quienes traen cajas con pan dulce y quienes traen uno solo, otros golosinas o algún regalo, pero todo suma, todo siempre es bienvenido. También se suma gente que asiste como colaboradora, va a servir, hace alguna actividad con los chicos. Lo bueno es que en estas acciones se nota el espíritu navideño”.
Detrás de la iniciativa hay una historia. Lo que comenzó pareciendo una utopía se convirtió en realidad y se extendió en el tiempo. Sobre los comienzos, Lidia indicó: “Hace 16 años que colaboro en diferentes lugares, no solo en ese, sino que durante el año siempre se me ve pidiendo ropa o juguetes. Un día empecé a asistir al merendero y en un año se me ocurrió pensar en hacer un almuerzo o algo para compartir para Navidad. Al principio parecía una locura hacer una comida para más de 200 chicos y pensé en pedir a una empresa o algún político, pero empezamos compartir el pedido en las redes sociales, que siempre digo que hay que saber usarlas, y no podía creer cómo se sumaba la gente. Cuando quise acordar tenía casi todo lo que era necesario. Me di cuenta que las personas de Concordia son enormemente solidarias, que colaboran y están interesadas en la realidad del otro, incluso en tiempos de crisis como el de ahora se suman aunque sea a llevar alguna cosa”.
La solidaridad sin límites en un barrio en el que los niños necesitan el rayo de luz que significa una celebración entre todos parece haber llegado para quedarse. La organizadora asegura que aún tiene energía, pero también confía en quienes la acompañan para que las ganas de compartir sigan estando. “Tengo 59 años, pero obviamente siento que tengo energías para seguir. Mientras el cuerpo y la mente me respondan seguiré haciéndolo y cuando no sienta que tengo tantas energías seguro alguna de las personas que colaboran lo seguirá haciendo”, concluyó.
A la iniciativa de Lidia se suman cenas y meriendas solidarias en las que colaboran los representantes de comedores de la ciudad. Además, algunas asociaciones de otras provincias envían alimentos y juguetes para que los niños puedan vivir la Navidad y el año nuevo y seguir soñando.
El deporte y la pasión también unen
El Club Atlético Ferrocarril y la filial de River Plate en Concordia también quisieron sumarse a la solidaridad. Con el mismo amor que ponen para defender a un equipo o jugarse por sus colores, en ambos casos decidieron pensar en cambiar la realidad de los demás en fechas tan importantes y llenas de significado como las de fines de diciembre.
El equipo profesional de básquet de Ferro decidió llevar adelante una campaña que llamaron “Un juguete por una sonrisa”. Al respecto, Luis Leiva, integrante de la subcomisión de padres indicó: “Los jugadores de la Primera de básquet tuvieron la idea y luego se fueron sumando otras disciplinas, que también querían colaborar. Juntamos juguetes nuevos o usados en buen estado para donarlos. Es necesaria la solidaridad en estos tiempos”.
Según contó Leiva “lo que juntamos será llevado al comedor comunitario del barrio Llamarada y pensamos también en la parte de pediatría del hospital Masvernat, en donde lamentablemente algunos niños deben pasar las fiestas internados. Queremos darles una alegría”.
La filial de River apadrina, desde hace 9 meses, al comedor del barrio Ex Aeroclub, ubicado en la zona sur de Concordia. Este año proyectaron la película de la final que los “millonarios” le ganaron a Boca y en la entrada pidieron alimentos que fueron llevados a ese lugar. Ahora pidieron a los concordienses ayuda con alimentos no perecederos y juguetes.
“Recibimos las donaciones y se las llevamos a Mabel Suárez, que es la encargada del merendero. Intentamos que la Navidad sea más linda, sobre todo en el contexto de crisis por el que estamos atravesando, que hace que todo sea más difícil. Queremos que los chicos puedan comer rico y divertirse, vivir como corresponde estos días, como lo hace cualquier niño con posibilidades”, contaron.
Concordia, que en la semana se convirtió en la primera ciudad en recibir las tarjetas del plan de lucha contra el hambre, es una ciudad en la que reinan las desigualdades y en la que las oportunidades no llegan a todos. Pero a la vez, se convierte en un lugar lleno de personas de a pie que desean generar condiciones para que las diferencias sean cada vez menos.





















