Softbol
Bruno Motroni realizó la Peregrinación de Los Pueblos, tal como había prometido durante el desarrollo de la Copa del Mundo si lograban consagrarse campeones con el seleccionado argentino. El cátcher, luego de caminar desde Hasenkamp hasta Paraná, le contó a Mirador Entre Ríos que finalizó “muy pero muy cansado, incluso en algún momento pensé en abandonar. Pero la convicción con querer cumplir me llevó a terminar este desafío”.
Víctor Ludi
Hizo una promesa y, como debe ser, la cumplió. Al pensarlo fríamente pudo haberse hecho el desentendido para evitarla o, también, abandonar el barco antes de que llegue al puerto. Pero no. Pese al cansancio, los dolores y el desgaste físico y mental, Bruno Motroni fue uno de los miles de fieles que participó de la 39ª edición de la Peregrinación de los Pueblos, que se desarrolló entre el viernes 18 y sábado 19 de octubre.
El jugador del seleccionado argentino de softbol caminó los 90 kilómetros que separan la localidad de Hasenkamp con Paraná. ¿El motivo? La promesa se originó en junio de este año, cuando el combinado Albiceleste se encontraba disputando la Copa del Mundo en Praga. El equipo avanzaba a paso firme en el certamen ecuménico, por lo que el Cabezón se dijo a sí mismo que si llegaban a consagrarse campeones, él realizaría la extenuante caminata.
La historia ya es conocida: Argentina alzó el trofeo en la capital de la República Checa y, como si fuese poco, también se colgó la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Lima. Por lo que el histórico cátcher realizó el periplo y le contó a Mirador Entre Ríos que finalizó: “muy pero muy cansado, incluso en algún momento pensé en abandonar. Pero la convicción con querer cumplir me llevó a terminar este desafío, que es muy sacrificado”.
Al ser consultado sobre qué fue más complicado, si los 90 kilómetros caminados o la final del Mundial ante Japón -en la que Argentina se impuso ajustadamente por 3 a 2 en tres períodos suplementarios-, entre risas reconoció que “las dos estuvieron durísimas, pero estoy bastante acostumbrado a los partidos y no a caminar tanto. La verdad que no me preparé, pero mucha gente con la que charlaba me decía que tenía que ir a mi ritmo y que si me cansaba podía subirme a las camionetas de apoyo. En algún momento me tenté a subirme pero quería caminarlo completo y lo pude lograr”.
“La promesa surgió a medida que avanzábamos en el Mundial –contó-, porque veíamos que algo bueno podía llegar a pasar. Entonces se lo prometí a un amigo. Era una cuenta pendiente que tenía conmigo mismo, porque veía fotos de la cantidad de gente que realizaba la caminata y me daba curiosidad, más allá de ser católico. Una vez me tocó ir a recibir a unos amigos y la verdad que la emoción que tenía esa gente me impactó. Ya había hecho la promesa cuando gané el mundial de clubes con el equipo de Canadá en 2017 y, después de lo vivido este año, ya era tiempo de cumplirla”.
De todas maneras, pese a haber disfrutado de su agotadora experiencia, no se imagina caminando los 90 kilómetros durante el 2020: “Hoy te diría que no, porque me duelen las rodillas y los pies. Pero viví una experiencia muy linda y tal vez el año que viene me decida. Ya veré”.
Una mezcla de sensaciones
Bruno, en pocas palabras, trató de narrar cómo fue el haber estado caminando durante más de un día: “Cada parada de descanso era lo que más deseábamos todos. El trayecto previo a la primera parada, que estaba antes del empalme con la ruta 12, se me hizo largo porque, como conozco bastante las rutas, llevábamos mucho tiempo caminando y todavía no habíamos salido de Hasenkamp. Después fue el trayecto de noche hasta Cerrito, donde pudimos descansar un poco y se encendieron las velas, lo cual fue muy lindo. Luego caminamos hasta El Palenque y, de ahí, hasta Sauce Montrul, que fue el recorrido más largo, de cinco horas, y sacrificado porque ya era de día y el calor se hacía sentir. El peor momento fue antes de llegar al puente de La Picada. Sentía que no llegábamos más”.
Además, explicó que “durante la caminata pasas por muchos estados de ánimo: hay momentos en los que estás muy tranquilo y otros en los que estás emocionado, cansado, ansioso por llegar. Se te cruzan muchísimas cosas por la cabeza”.
“Cuando la gente aplaudía a los peregrinos que iban llegando, me hizo acordar mucho a cuando nosotros llegamos tras ser campeones mundiales. Mucha gente salía a felicitarnos sin saber quiénes éramos o qué habíamos hecho, y en este caso me pasó lo mismo. Fue una emoción única, un momento muy lindo porque es un sacrificio muy grande que se hace desde lo físico. Había gente muy ampollada y con fuertes dolores en la espalda que, sin embargo, por convicciones, deseos o agradecimientos seguía caminando”, describió el momento en el que llegó al Santuario de La Loma de la capital entrerriana y dio por saldada su promesa.
El último desafío
Hablando de lo estrictamente deportivo, Motroni repasó su palmarés en el mundo del softbol: “Por suerte gané todos los torneos que disputé. Fui campeón local, argentino, sudamericano, panamericano, mundial a nivel clubes y selecciones. Si bien casi no me quedan cuentas pendientes, el desafío es el de mantenerse en el mejor nivel, lo que puede ser más difícil que llegar. El 1 de noviembre volveremos a los entrenamientos, así que nos queda poco tiempo para seguir festejando y tendremos que demostrar que Argentina está en un nivel igual o superior al de las principales potencias del softbol. Para eso tenemos que mantenernos en los primeros planos a nivel mundial”.
“Poder decir ‘yo soy campeón del mundo’ es algo impagable para cualquier deportista -prosiguió-. Es una alegría y un orgullo que no te lo quita nadie. Fue una lucha muy larga porque empecé a jugar a los seis años y tengo 33. En el 2004 me convocaron por primera vez a la selección y después de 15 años pude lograr lo máximo”.
Sobre su futuro en el seleccionado nacional, aclaró que su deseo es el de “jugar un mundial más, que será en Nueva Zelanda, en 2021. Previamente habrá un clasificatorio, que podría ser en Paraná, del que vamos a ser grandes candidatos y el rival a vencer, más si se disputa en nuestra casa”.
“Si el clasificatorio se disputa en Paraná -continuó-, hubiese podido despedirme ante mi gente. Pero como sería en noviembre del 2020 y el mundial en febrero del 2021, solo tendría que hacer el esfuerzo un par de meses más”.
Al ser consciente que serán sus dos últimos años en el equipo nacional, el cátcher decidió desligarse de la responsabilidad de ser el capitán del conjunto. “Una vez que terminaron los Juegos Panamericanos dejé de ser el capitán porque siento que cumplí un ciclo. Llevaba 10 años en esa función y era el momento para que otro chico con más energías se haga cargo de ese rol, que no es fácil. Por ahí se relaciona al capitán solo con hablar y arengar, pero además de eso cumple con muchas otras funciones como ser el interlocutor entre el plantel y cuerpo técnico. Quiero disfrutar estos dos últimos años solo jugando”, concluyó.





















